La muerte de Lucas Rebolini Manso, el hijo de los actores Antonio Grimau y Leonor Manso, fue una de las tragedias más dolorosas de la vida del artista. El músico murió el 10 de febrero de 2010, a los 36 años de edad, después de permanecer internado en el Hospital Fernández de la Ciudad de Buenos Aires. Su fallecimiento dio lugar a una investigación judicial que buscó esclarecer las circunstancias de su atención médica.
Cómo murió el hijo de Antonio Grimau y Leonor Manso
La historia comenzó durante la madrugada del 6 de febrero de 2010. Lucas llegó a la guardia del Hospital Fernández con un cuadro de excitación psicomotriz asociado al consumo de cocaína, según la reconstrucción judicial. Sin embargo, después de permanecer alrededor de 15 minutos en el centro asistencial, logró salir del establecimiento desnudo. Poco después, efectivos policiales lo encontraron en la intersección de Salguero y Castex, en el barrio porteño de Palermo, y participaron de su traslado nuevamente al hospital.
Lucas permaneció internado en terapia intensiva, sin recuperar el conocimiento, hasta que murió el 10 de febrero. La causa judicial determinó que el fallecimiento se produjo por una bronconeumonía, en el contexto de una intoxicación aguda. La autopsia y su revisión no encontraron lesiones internas que permitieran atribuir su muerte a golpes o a la intervención de terceros. En marzo de 2011, el juez a cargo dispuso archivar la causa al considerar que no existía responsabilidad penal del personal médico, policial ni de enfermería que había intervenido.
Pero el drama tuvo otro capítulo: mientras sus padres lo buscaban, el cuerpo de Lucas permanecía en la morgue como NN. La identificación llegó recién el 16 de marzo, mediante un cotejo de huellas dactilares. La familia había denunciado su desaparición el 3 de marzo, sin saber que el joven llevaba más de tres semanas muerto. La noticia provocó conmoción y abrió interrogantes sobre las fallas en el procedimiento de identificación.
El recuerdo de Antonio Grimau sobre su hijo
Dieciséis años después, Antonio Grimau volvió a hablar públicamente sobre la pérdida en una entrevista con Infobae, publicada en febrero de 2026. El actor recordó el sufrimiento de aquellos días y la impotencia que sintió frente a una situación que, según expresó, parecía imposible de detener. "No tuve esperanzas. Desgraciadamente. No tengo respuesta frente a algo tan potente, tan indetenible, donde la gente que se debería o que se está ocupando de eso tampoco tiene respuestas”, manifestó.
En ese diálogo, Grimau también contó que mantiene una forma íntima de comunicación con su hijo, a quien recuerda en distintos momentos de su vida cotidiana. Cuando le preguntaron si le hablaba, respondió que esa necesidad aparecía con frecuencia y que hacerlo le brindaba tranquilidad. Sin embargo, reconoció que la ausencia continúa presente: “El dolor nunca se va”.
El actor también reflexionó sobre la culpa que suele acompañar a quienes pierden a un ser querido en circunstancias traumáticas. “Tal vez me enojé conmigo mismo por creer que haber estado más cerca de él hubiera sido de ayuda”, confesó. Según contó, profesionales que lo acompañaron le señalaron que no debía responsabilizarse por lo ocurrido.
“Hay tranquilidad, si se le puede llamar así, en cuanto a que tanto la madre como yo hicimos todo lo que pudimos por rescatarlo de algo de lo que él no pudo rescatarse”, expresó. Y agregó una frase que resume la impotencia que atravesó la familia: “Y cuando la persona no quiere, nadie más puede...”.
