Kayla Rollins, la crack que no habla español y que busca un lugar en la Selección Argentina

Tras un paso por el fútbol universitario, que cuenta con un sistema que permite a los deportistas integrar sus respectivas disciplinas con el estudio, Rollins tomó la decisión de dar su primer paso en el profesionalismo. Ahora quiere jugar en la Selecciones. 

14 de abril, 2026 | 07.35

La Selección Argentina femenina de fútbol comenzó el viernes pasado una nueva seguidilla de partidos por la Liga de Naciones con el objetivo de lograr la clasificación al Mundial que se disputará en Brasil. En esta ocasión, la lista de jugadoras convocadas por Germán Portanova para los compromisos ante Chile, Venezuela y Colombia tendrá una llamativa ausencia respecto de la última goleada ante Bolivia por 8 a 0: Kayla Rollins, uno de los proyectos de scouting más interesantes con los que cuenta la 'Albiceleste'.

Rollins, estadounidense al igual que su padre (quien nació en Barbados) y de madre argentina, fue una de las sorpresas en la última nómina presentada por el entrenador del combinado nacional. A cinco meses de su debut absoluto con Argentina, la delantera del Thróttur Reykjavík de Islandia mantuvo una entrevista con El Destape en la que habló sobre sus inicios en el deporte, su llegada al profesionalismo y el sueño cumplido de representar al país de su familia.

Si bien entiende muchas cosas, Kayla no habla español. "Entiendo bastante pero a veces cuando la gente habla rápido me resulta difícil, definitivamente hay mucho más que necesito aprender. Mi mamá intentó enseñarme cuando era más chica pero me comportaba mal y me peleaba con ella, lo que ahora es un poco mi culpa porque me gustaría haber aprendido más", expresa, en un inglés americano impecable. "Entiendo y hablo bien. Incluso recibí elogios por mi pronunciación, pero a veces me cuesta encontrar las palabras o saber de qué manera utilizarlas".

"Comencé a jugar cuando era muy pequeña", relata, "mis padres me dejaron practicar todos los deportes que quería". Su casa carga con una fuerte tradición atlética: su hermana Maya representa a Barbados en carrera de vallas, al igual que su padre lo hizo más de dos décadas atrás: Fabian Rollins, ("un factor muy importante para ayudarme a prepararme mental y físicamente para mis objetivos a futuro", ), compitió para el país centroamericano en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 en los 400 metros y en la prueba de 4x100 con relevos. Durante su paso por la universidad conoció a la argentina María Moreno, con quien se casó y se estableció en Michigan, donde nacieron sus dos hijas.

"Empecé en el fútbol porque mis amigos lo hacían, y cuando empecé a jugar, creo que tenía unos tres o cuatro años. Pateábamos la pelota por todas partes, no era algo muy estructurado... Luego mis padres vieron cuánto me gustaba, así que continuaron llevándome", recuerda Kayla. Con el correr de los años, ese deseo creció y la joven supo que había encontrado su profesión: "En la secundaria me di cuenta de que mi sueño era ser profesional y que quería dar lo mejor de mí para llegar a serlo".

A pesar de nacer en Estados Unidos, siempre estuvo muy conectada con su familia argentina: de niña experimentó la emoción de poder visitar a sus abuelos y a sus primos, y una vez aquí siempre le llamó la atención ver a los chicos jugando al fútbol o simplemente pateando una pelota en todos lados. "Mi mamá nunca nos dejó olvidar de dónde venía, nunca olvidamos la cultura y eso es algo muy lindo", expresa.

Tras un paso por el fútbol universitario, que cuenta con un sistema que permite a los deportistas integrar sus respectivas disciplinas con el estudio, Rollins tomó la decisión de dar su primer paso en el profesionalismo. Unos contactos de su agente le abrieron la posibilidad de llegar a Islandia, un destino exótico pero cuya liga se caracteriza por ser "física y competitiva". "No dimensioné lo difícil que era la decisión que estaba tomando hasta que me despedí de mi familia y pasé por la seguridad del aeropuerto. En ese momento pensé: 'No sé cuándo voy a verlos nuevamente'. Aún así, siempre estuve entusiasmada de unirme al equipo. Mis padres confiaron en mí y el entrenador fue muy claro respecto de los objetivos y la forma en la que quería jugar", cuenta.

Si bien la decisión de dejar a su familia y probar suerte en el extranjero fue difícil, Kayla logró adaptarse rápidamente a la competencia y al ritmo de vida de sus nuevas compañeras: en ocho titularidades con el cuadro de la capital islandesa convirtió cinco goles. Su presente y versatilidad para ocupar distintas posiciones dentro del terreno de juego llamaron la atención del equipo de scouting de la Selección Argentina, que ya la seguía desde su paso por el fútbol universitario y que en noviembre del año pasado se comunicó con ella para integrarla a la convocatoria de cara a una nueva doble fecha por la Liga de Naciones.

"Estuve en contacto con Nicolás Valado, me aconsejó sobre ciertos aspectos del juego sobre los que debería trabajar cuando todavía estaba en la universidad. En noviembre de 2025 me mandó otro mensaje diciendo que querían verme en un entrenamiento y, tal vez, sumar minutos en algún partido", relata. "Mi otro sueño era jugar con la Selección, y estoy muy feliz de que en el último año pude lograr ambas cosas. Jugar profesionalmente y jugar con Argentina eran sueños que no pensaba que se harían realidad, así que estoy muy agradecida de que me hayan llamado".

En sus palabras, su debut contra Bolivia "fue una experiencia maravillosa. Jugar en la Selección Argentina no sólo por mi familia argentina, sino por mis padres en Estados Unidos que siempre me apoyaron para perseguir mi sueño". Además, destaca que el resto de las futbolistas del plantel la integraron desde el primer minuto que se sumó a la concentración: "Mis compañeras y el cuerpo técnico fueron muy amables desde el inicio, me ayudaron a comprender un montón de cosas durante las prácticas". 

Kayla tuvo un debut soñado con la camiseta celeste y blanca: ingresó a los 70 minutos de partido por Maricel Pereyra y, apenas tres minutos después, asistió a Francisca Altgelt dentro del área para que la futbolista de River marque el 6 a 0 parcial. También participó de la jugada del séptimo gol y mostró destellos de su juego ante el público presente en el Estadio Florencio Solá. Después de la goleada, tanto sus compañeras como los entrenadores la elogiaron y la envalentonaron a que siga trabajando de cara al futuro.

"Todas son muy habilidosas y aprendí un poco de todas ellas, tanto en los entrenamientos como en el partido. Ciertos movimientos sin pelota, la manera de posicionarse en las pelotas paradas... Durante ese tiempo también formé una gran amistad con Sophia Braun: fue muy amable conmigo, me ayudó y me aconsejó en todo el proceso. Estoy muy agradecida de haber tenido a alguien como ella a mi lado", dice la delantera de 23 años.

Aunque no logró meterse en la más reciente convocatoria, Rollins tiene claro que su camino con la selección recién comienza: "Quiero mantenerme en contacto con el equipo y seguir trabajando en mí misma para poder estar al nivel en el que ellos me necesitan cuando me convoquen". Además, se ilusiona con algún día llegar al fútbol argentino: "Recién comencé a jugar profesionalmente, pero me encantaría en un futuro poder competir en Argentina. Eso sí, debería mejorar mis habilidades con el español", advierte entre risas.

Kayla Rollins es uno de los proyectos más interesantes con los que cuenta la Selección Argentina, que actualmente atraviesa un proceso de consolidación con la búsqueda de la clasificación al Mundial de Brasil 2027 como principal objetivo. Sus primeros minutos con la 'Albiceleste' son un síntoma positivo del buen trabajo de seguimiento de jugadoras en el plano internacional, que permite profesionalizar la estructura ya existente y darle a futbolistas como ella la posibilidad de mostrarse en el más alto nivel de competencia.