Modelo Milei: la industria no se recupera y 2026 se perfila como otro año crítico

La caída de la actividad fabril, el avance de las importaciones y la crisis de las PyMEs anticipan un año complejo para el empleo y la producción nacional.

05 de enero, 2026 | 00.05

La industria nacional llega a 2026 sin señales de recuperación y con un horizonte que, lejos de despejarse, profundiza las preocupaciones del sector productivo. Tras un 2025 marcado por la caída de la actividad, el aumento de costos y la contracción del mercado interno, las proyecciones para este nuevo año están atravesadas por un combo de factores que amenaza con acelerar el proceso de desindustrialización en marcha: 7 de cada 10 pymes identificó a la crisis del mercado doméstico como el principal problema, la mitad registró retrasos en los pagos de sus clientes (el mayor nivel desde 2020) y un tercio no puede afrontar los compromisos con proveedores, entidades bancarias y tributarias.

El acuerdo y la creciente dependencia del gobierno de Javier Milei con el Fondo Monetario Internacional (FMI), junto con la alineación con la administración de Donald Trump y la profundización de la apertura comercial, configuran un escenario adverso para la producción local. La suba de los insumos importados, el encarecimiento de una energía dolarizada y la persistente debilidad del consumo doméstico se combinan con la ausencia de políticas activas para el sector, impactando de lleno en el empleo y en la capacidad productiva instalada.

De hecho, las cifras más recientes confirman que el deterioro continúa. En la antesala del nuevo dato oficial de actividad industrial, mediciones privadas anticiparon que la producción volvió a caer en el penúltimo mes del año: el Índice de Producción Industrial de OJF registró una baja interanual del 3,7%, mientras que estimaciones preliminares del informe de la Unión Industrial Argentina (UIA) señalaron una contracción del 6%. Con estos números, la industria cerró el año con más de la mitad de su capacidad ociosa, en tanto que sin consumo y sin políticas industriales, el 2026 amenaza con más cierres y despidos.

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Nuevo año, mismos problemas

2026 se abre sin señales de alivio para la industria nacional. Lejos de consolidar una recuperación, el sector productivo enfrenta un escenario que combina apertura comercial, aumento de costos, caída del consumo y ausencia de políticas industriales, un cóctel que amenaza con profundizar el proceso de desindustrialización iniciado tras la asunción del gobierno de Javier Milei. La dependencia del acuerdo con el FMI, el alineamiento con la administración de Donald Trump y la liberalización del comercio exterior configuran un horizonte poco alentador.

El contraste con el escenario internacional vuelve aún más evidente la fragilidad del rumbo económico local. Desde diciembre de 2023, la industria mundial creció cerca del 5%, impulsada por políticas activas, medidas de protección comercial e inversiones públicas estratégicas. En ese mismo período, la industria argentina retrocedió alrededor del 8%, de acuerdo con registros de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI). Mientras el mundo refuerza su entramado productivo, Argentina avanza en sentido contrario.

Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) ilustró esta divergencia. Durante el último año entraron en vigencia 3.351 medidas de carácter proteccionista a nivel global, frente a apenas 1.280 iniciativas de liberalización comercial. Sin embargo, el gobierno argentino insiste en profundizar una apertura indiscriminada que ya tuvo impacto directo sobre la producción local y el empleo industrial.

La inversión en infraestructura es otro punto de comparación. A nivel global, los principales países continúan ampliando sus planes de obra pública y desarrollo estratégico: México avanza con el Corredor Interoceánico del Istmo (USD 4.500 millones), Brasil ejecuta su Plan de Infraestructura y Saneamiento 2025 (USD 67.000 millones), Europa invierte USD 110.000 millones en transporte ferroviario, China destina USD 167.500 millones a logística y transporte, y Estados Unidos implementa el Infrastructure Investment and Jobs Act por USD 1,2 billones. En contraste, la inversión en gastos de capital en Argentina cayó un 84% en los últimos dos años.

El rol del Estado en sectores estratégicos también marca una diferencia sustancial. Según el IAG, cuatro de las diez empresas más grandes del mundo son estatales, un dato que refuerza la centralidad de la intervención pública en áreas clave. En Argentina, en cambio, el gobierno impulsa privatizaciones como la de Nucleoeléctrica Argentina, empresa que opera las tres centrales nucleares del país y que en 2024 cubrió el 7,35% de la demanda eléctrica nacional. Pese a registrar superávit sostenido desde hace más de siete años, La Libertad Avanza promueve su privatización parcial (44%) bajo la Ley 27.742, con una valuación estimada entre USD 246 y 440 millones.

En esta coyuntura, la ausencia de una estrategia productiva integral tiene consecuencias directas. La industria explica el 19% del PBI argentino -muy por encima del agro (7%) y del petróleo y la minería (5%)-, genera 2,6 millones de empleos, concentra el 54% de la inversión en investigación y desarrollo, explica el 57% de las exportaciones y presenta niveles de productividad y formalidad laboral superiores al promedio de la economía. A contramano del discurso que sostiene una supuesta pérdida de relevancia industrial a nivel global, datos del informe "La política industrial en el siglo XXI" de Fundar, evidenciaron que el 66% de la innovación mundial sigue siendo manufacturera.

El modelo económico vigente, basado en la valorización financiera, la apertura y el ajuste del consumo, encontró límites claros para sostener la recuperación parcial registrada entre abril de 2024 y febrero de 2025. Según un documento del centro CIFRA-CTA, los sectores más dinámicos -agro, minería e intermediación financiera- crecieron 31,7% entre los primeros nueve meses de 2023 y el mismo período de 2025, pero prácticamente no generaron empleo. En paralelo, los sectores intensivos en mano de obra -industria, construcción y comercio- cayeron 8,5% y destruyeron 108.881 puestos de trabajo registrados.

La contracción del entramado productivo también se refleja en el cierre de empresas ya que entre noviembre de 2023 y agosto de 2025 desaparecieron 19.164 unidades productivas con trabajadores registrados. El impacto fue especialmente severo en las microempresas, con el cierre de 18.494 firmas, mientras que también se contabilizaron 600 PyMEs menos y 70 grandes empresas que dejaron de operar.

Pequeñas y medianas, sin salida a la vista

Las PyMEs industriales enfrentan un escenario particularmente crítico. Un informe de coyuntura de la Fundación Observatorio PyME reveló una caída acumulada de la producción del 4,1% y del empleo del 4,6%, con un desempeño peor entre las firmas más pequeñas. El principal problema identificado es el desplome de la demanda interna, que afecta al 73% de las empresas, junto con el aumento de los costos de producción, señalado por el 81%. En un contexto de aceleración cambiaria, solo el 47% logró trasladar esos incrementos a precios.

Asimismo, las tensiones en la cadena de pagos se intensificaron al punto de que el 52% de las empresas reportó retrasos en los pagos de sus clientes -el nivel más alto desde 2020- y el 35% reconoció dificultades para cumplir con compromisos financieros, tributarios y con proveedores. A esto se suma el avance de las importaciones, especialmente de origen chino. El 37% de las PyMEs industriales declaró haber perdido participación en el mercado local frente a la competencia extranjera, el valor más alto desde que se inició la serie en 2007.

Por último, en este panorama la industria argentina encara el 2026 sin motores claros de recuperación. Lejos de ser un problema sectorial, la crisis industrial expone los límites de un modelo económico que prescinde de la producción como eje del desarrollo y afecta tanto el empleo, como la innovación y la soberanía económica.