Caputo en su propia encrucijada. La política monetaria permanece subordinada al proceso de remonetización y a la necesidad de recomponer reservas, lo que limita la capacidad de este instrumento para operar como “ancla nominal”. Con un mercado de capitales todavía cerrado –el año pasado, el ministro fue salvado por los organismos multilaterales-, a los mandamases del quinto piso del Palacio de Hacienda y secuaces de Reconquista 266 (BCRA) no les quedará otra que la política fiscal como “ancla operativa”. ¿De dónde saldrá el ajuste? La discusión que se dio en el Congreso durante el debate por el Presupuesto 2026 fue, apenas, un anticipo de las tensiones sociales por venir.
“El proceso de ajuste acumulado a lo largo de 2024 y 2025 comenzó a mostrar con mayor nitidez sus costos sociales y económicos. La persistencia de una inflación todavía elevada, junto con la compresión del gasto público y la debilidad del mercado laboral, derivó en un deterioro del ingreso real de amplios segmentos de la población”, puede leerse en el último informe de la Consultora Vectorial bajo la dirección de Eduardo Hecker y Haroldo Montagú como economista en Jefe.
Las tensiones sociales no serán el único problema para Caputo - Milei. También deberán responder ante las presiones del FMI por el pago de la deuda y una acumulación de reservas que no sucede. De hecho, durante 2025 se consolidó una fuga de divisas – formación de activos en el exterior- por 30.000 millones de dólares.
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El juego perverso de las anclas
“El principal desafío macroeconómico de 2026 es la reconstrucción de un ancla creíble para el programa económico”, afirman desde Vectorial. Con un dólar que registró un aumento superior al 40% durante el 2025 y la inflación que acumuló 10 puntos menos, “el tipo de cambio dejó de apreciarse”.
“El flamante esquema de bandas móviles indexadas al IPC opera más como un mecanismo defensivo de administración de tensiones que como una verdadera ancla de expectativas. Por otro lado, la economía ya dejó atrás la fase más profunda de la recesión, por lo que el ancla real asociada a la contracción de la demanda interna está perdiendo eficacia como instrumento desinflacionario”, analizan
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Con este diagnóstico, desde Vectorial anticipan un escenario de mayores tensiones vinculadas al “ancla fiscal” aunque con márgenes cada vez más estrechos. ¿De dónde saldrán los recursos para la remonetización de la economía (compra de dólares para el pago de la deuda)? ¿Quiénes serán los sujetos colectivos atacados por el ajuste de Caputo y La Libertad Avanza?
El frente fiscal exhibe una tensión estructural creciente. El superávit conseguido no respondió a un incremento de los ingresos reales – que continúan en retroceso- sino a un ajuste del gasto en determinados rubros claves como la inversión pública, los subsidios económicos y transferencias a las provincias o programas sociales. En términos presupuestarias, estas constituyen partidas de alta elasticidad política, mientras que la mayoría del gasto sigue un patrón de inelasticidad como las jubilaciones y pensiones.
¿De dónde saldrá el ajuste 2026?
“El recorte del gasto de capital ya alcanzó niveles difícilmente profundizables sin comprometer capacidades básicas; el avance sobre partidas social y políticamente sensibles enfrenta límites evidentes; y la recaudación depende de una actividad económica que aún no logra consolidar una expansión robusta”, plantean desde Vectorial.
El tratamiento del Presupuesto 2026 anticipó este conflicto estructural cuando el Gobierno intentó (posteriormente sin éxito) derogar los ajustes por inflación en las pensiones por discapacidad, AUH, asignaciones familiares y subsidios a zonas frías.
“La combinación de menores transferencias, desindexación de partidas y caída de la actividad limita la capacidad de absorción del ajuste por parte de estos sectores, elevando el riesgo de conflictividad social y desgaste político”, advierten desde el informe citado.
¿Conflictividad social o un plan de lucha contra las políticas de miseria planificada de la administración Milei?
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La acumulación de reservas
La acumulación de reservas internacionales seguirá siendo el talón de Aquiles para Caputo – Milei por más que digan que su objetivo es otro. El que manda es el FMI (y el Tesoro estadounidense). Con un tipo de cambio real que dejó de apreciarse pero aún se mantiene barato, la cuenta corriente presenta un sesgo estructuralmente deficitario sin capacidad de sumar divisas vía el comercio exterior.
De acuerdo al informe de Vectorial, el proceso de recomposición de reservas dependerá casi exclusivamente de la cuenta financiera, en un escenario en el que el sector privado externo aún no termina de comprar el programa económico. ¿De dónde van a salir los dólares? ¿A través de la inversión extranjera directa, el acceso a financiamiento voluntario o una reducción de la formación de activos externos?
Lo que sucedió el año pasado da cuenta de una señal inequívoca sobre el funcionamiento del programa económico. La suerte de Caputo – Bausilli descansó en el respaldo de actores institucionales extranjeros y no en una validación plena por parte de “los mercados”.
El financiamiento provisto por el FMI y el Tesoro de los Estados Unidos sustituyó, en los hechos, al financiamiento privado internacional, que se mantuvo mayormente al margen. Es más, la primera incursión del Gobierno en los mercados voluntarios resultó magra de toda magritud. A todo esto, los agentes del mercado arrancaron el año con cierto desconcierto frente a las palabras de Caputo sobre abandonar la “dependencia a Wall Street”.
Caputo y Milei utilizan a sus voceros mediáticos y de redes sociales para jugar con la idea de que “todo marcha acorde al plan”. Pero a Caputo se le van los dólares por la canaleta de la fuga de capitales y la retirada de la inversión extranjera directa. Durante noviembre, la formación de activos externos (FAE), la fuga de capitales, fue de 1000 millones de dólares. En el acumulado del año, la fuga llegó a los 30.000 millones.
“El desafío central es lograr que el sector privado deje de ocupar un rol pasivo y asuma un papel protagónico en la financiación y en la provisión de divisas. Sin esa validación, la estabilidad macroeconómica continuará dependiendo de apoyos excepcionales, parches transitorios y sucesivas modificaciones del esquema económico, con un costo creciente en términos de credibilidad y previsibilidad del programa”, concluyó el informe de Vectorial.
