El gobernador Axel Kicillof aventaja levemente al presidente Javier Milei en probabilidad de voto para las elecciones de 2027. Ambos mejoraron su imagen durante el último mes, un movimiento que refleja las oscilaciones de las encuestas dentro de un escenario que se mantiene relativamente estable. El oficialismo cayó desde comienzos de año hasta alcanzar un piso que todavía lo mantiene competitivo. La oposición creció, pero no consigue capitalizar plenamente los apoyos que pierde el Gobierno. Aunque las principales preocupaciones siguen vinculadas con la economía, la corrupción ya se convirtió en una marca de identidad de una gestión que prometía terminar con las malas prácticas de la casta política.
Los datos surgen de un estudio realizado durante la última semana de agosto por las consultoras Alaska y Trespuntozero, que dirigen Juan Courel y Shila Vilker, respectivamente. Al sumar el voto seguro y el probable, Kicillof alcanza el 40% y aventaja por un punto a Milei, que obtiene el 39%. Muy cerca aparece la diputada del FIT Myriam Bregman, con el 38,8%. Si se considera únicamente el voto seguro, las posiciones se invierten: Milei lidera con el 27,5%, seguido por Kicillof, con el 18,9%, y Bregman, con el 13,9%. El Presidente, sin embargo, también encabeza el ranking de rechazo, con el 59,6%, por delante del gobernador bonaerense, con el 53%, y de la referente de izquierda, con el 52,5%.
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En cuanto a la evaluación del Gobierno, Milei registra un 37,5% de aprobación y un elevado 61,4% de rechazo. Pese al saldo ampliamente negativo, muestra una leve recuperación respecto de las dos mediciones anteriores. “Nos cuesta identificar la razón. Son oscilaciones que se mueven dentro de los márgenes de error”, explicó Vilker. La analista señaló un fenómeno que suele producirse cuando se consolida un clima de críticas muy fuerte contra el oficialismo: una parte de la sociedad reacciona y vuelve a respaldarlo. “Parte de la ciudadanía quiere cuidar su voto. Por ahí está disconforme, pero reacciona ante las críticas”, agregó. También identificó como un problema para la oposición el temor al regreso del descontrol que caracterizó el tramo final del gobierno del Frente de Todos, aunque advirtió que ese recuerdo se diluye y tiene cada vez menos influencia.
La persistencia de un índice de desaprobación superior al 60% lleva a los estrategas de la Casa Rosada a insistir con la eliminación de las PASO, con el objetivo de dividir a la oposición e intentar ganar en primera vuelta. La lectura es que, con semejante nivel de rechazo, Milei tendría muy pocas posibilidades de imponerse en un balotaje, cualquiera fuera su adversario. Vilker señaló que entre los principales problemas del país aparecen las cuestiones económicas como la pobreza (26,8%), la desocupación (13,5%) y la inflación (12,9%). Sin embargo, el primer lugar continúa ocupado por la corrupción (30,6%), que volvió a instalarse como preocupación a partir de casos como el de $LIBRA o el que involucró al exjefe de Gabinete Manuel Adorni. En esa línea, un 58,9% calificó a Milei como un político corrupto, mientras que un 34,6% sostuvo que no lo era. Los porcentajes prácticamente replican los niveles de rechazo y aprobación de su gestión.
En cuanto a la oposición, Kicillof subió casi un punto respecto de la medición anterior y alcanzó una imagen positiva del 40,6%, todavía por debajo de la que registraba en junio. “Existe una oscilación, pero dentro de rangos determinados”, explicó Juan Courel. En la consultora detallaron que una diferencia de alrededor de dos puntos entre una medición y otra puede atribuirse al margen de error. Distinto fue lo que ocurrió con Milei durante los primeros meses del año: la sucesión de caídas modificó su rango de apoyo, que pasó de ubicarse entre el 40% y el 50% a moverse entre el 30% y el 40%. Un dato importante, de todos modos, es que Kicillof, pese a ser el opositor mejor posicionado, no consigue capitalizar el elevado rechazo al Presidente. Courel lo vincula con el fenómeno del “ningunismo”: los desencantados con Milei abandonan el oficialismo, pero pasan a engrosar las filas de quienes no apoyan a ningún candidato. Tal vez el año que viene engrosen las filas del ausentismo en alza.
También se advierte la dificultad de Kicillof -cuando falta más de un año para las elecciones- para captar votos por fuera del universo peronista y kirchnerista. Cristina Kirchner, aun detenida y proscripta, conserva niveles de apoyo similares y se ubica apenas dos puntos por debajo. “Axel no es Massa o Scioli, que podían ser percibidos como candidatos con un pensamiento diferente al de Cristina. Puede sumar algunos apoyos de votantes progresistas o de origen radical, pero son marginales dentro del conjunto”, señaló Courel. Según explicó, en un escenario de fuerte polarización, los respaldos de Kicillof y de CFK provienen prácticamente del mismo electorado que acompañó a Massa en la primera vuelta de 2023. El gobernador apenas logra captar algún punto entre quienes entonces votaron a Milei o a Patricia Bullrich.
Un consultor que desde hace años realiza mediciones para dirigentes del peronismo analizaba las razones por las que el apoyo al principal candidato opositor permanece estable. “Kicillof está bien en el AMBA y en las grandes ciudades del interior, donde registra entre un 39% y un 42% de apoyo. En cambio, en el interior del interior todavía está bajo. El votante peronista visualiza más a Cristina y a Massa que a Axel. Debería agarrar el Clío y empezar a recorrer las provincias”, sostenía. El problema para Kicillof, admitía, es que gobierna la provincia de Buenos Aires y no puede desatender la gestión de un distrito tan complejo, con necesidades agravadas por la situación económica y social. Ese es el desafío para quien aspira a encarnar el rechazo a Milei: convertir su fortaleza bonaerense en una candidatura nacional capaz de capitalizar un descontento que crece, pero todavía no encuentra quién lo represente.
