“Están pasando demasiadas cosas raras
para que todo pueda seguir tan normal.
Desconfío de tu cara de informado
y de tu instinto de supervivencia.
Hace tiempo que no leo ni veo nada
porque me ofende que todo esté tan mal
y hasta las personas lindas me dan rabia
y los chicos y las chicas no hacen nada por cambiar.”
Charly García.
1.
Hay un beneficio inmediato y un riesgo peligrosísimo en este nuevo imperialismo al estilo de Donald Trump que llama a las cosas (no todas) por su nombre (no siempre) y se despoja de los antiguos ropajes de la hegemonía cultural moralizante. “Es el petróleo”, sentencia el presidente de Estados Unidos no una vez, ni dos, sino todas las que pudo, en la tierra y en el aire, casi como si no quisiera que miremos más allá de esa afirmación. Porque no es solamente el petróleo. Pero ya vamos a llegar a eso.
El presidente de Estados Unidos puso en ridículo a todo su séquito, desde los entusiastas (como Javier Milei o María Corina Machado) hasta los que hacen que no pero sí (Emmanuel Macron, aunque sería injusto con casi todo el resto de las autoridades nacionales y continentales de Europa), que habían salido a celebrar, con más o menos entusiasmo, la liberación de Venezuela y el cambio de régimen. La ventaja de la grosera frontalidad de Trump es que nos ahorra mucho tiempo en discusiones subalternas.
No es por la libertad de Venezuela o un cambio de régimen ni por las violaciones de los derechos humanos. Delcy Rodríguez, figura central del régimen de Nicolás Maduro, sigue en el poder, tanto como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, los otros dos hombres fuertes, y seguirá mientras le sirva al nuevo jefe. Tampoco es por el combate al narcotráfico: una vez cumplido el objetivo político, este martes el Departamento de Justicia reconoció lo que todos sabían pero pocos decíamos: el Cártel de los Soles, como los Reyes Magos, no existe.
A esta altura queda claro que, además de una tremenda bronca contra Machado por el Nobel de la Paz, Trump contaba con información de inteligencia adecuada que advertía que era imposible garantizar un escenario de estabilidad con un gobierno en manos de la oposición. Sólo el madurismo puede garantizar al menos una chance de transición ordenada. Venezuela tiene las reservas de crudo más grandes del mundo pero requiere una inmensa inversión, varias veces Vaca Muerta, por al menos una década, para alcanzar su pico. Se requieren garantías políticas.
Pero no es sólo el control logístico de un insumo estratégico. El nuevo discurso de Trump expresa un indisimulable sentido de dominio imperial. Es el petróleo, el gas, el litio, el cobre, la plata y las tierras raras, los alimentos y el agua potable, las vías navegables, los pasos transoceánicos: todos los recursos de un hemisferio puestos al servicio de su metrópoli. Un imperio que se pertrecha para tiempos tormentosos y se endurece contra su propia población, como está pasando en Estados Unidos es una pésima noticia para su periferia. Eso somos.
Las amenazas a México, a Cuba, a Colombia, a Groenlandia, buscan forzar esa subordinación a un costo más bajo que el del uso directo de la violencia. Estados Unidos no necesita atacar, le alcanza con que la amenaza del ataque sea creíble y que los demás (políticos, círculos rojos, electores) ajusten sus expectativas a partir de eso y cedan al chantaje, aceptando, en las urnas o en acuerdos espurios, la tutela de Washington. Los Black Hawk sobre Caracas le dieron verosimilitud a esas amenazas, al comienzo de un año electoral en Brasil y Colombia.
Es un método que hace efecto. Hay dirigentes dizque opositores que proponen alinearse completamente con Estados Unidos (es decir lo mismo que hace Milei) para evitar ser los próximos en la lista de blancos. Es exactamente el efecto que busca Trump con sus bravuconadas. Y ojo, no es que no haya argumentos válidos para sostener que ese puede ser el mal menor. Yo no creo en ellos pero es una discusión válida. Lo que no se puede es darla en nombre del peronismo, ni del nacionalismo, porque es literalmente el libreto del agresor. “No hay alternativa”.
El riesgo peligrosísimo de que este nuevo imperialismo a lo Trump abandone incluso cierta vaga pretensión de legalidad y adhesión a valores para adoptar un lenguaje completamente volcado al poder desnudo y la amenaza de la violencia es que si esos valores desaparecen de nuestros ideales se alejan al mismo tiempo de nuestros futuros posibles. El principio de soberanía nacional quizás no sea suficiente para garantizar el ejercicio de esa soberanía, pero la reivindicación de ese valor construye acciones, ideas y consensos que no existirían sin él.
La democracia, esta pobre democracia que nos queda, no garantiza la justicia social y es una tarea urgente construir los cimientos para una democracia mejor, más justa, más soberana y más democrática. Pero si dejara de existir la idea de que tenemos el derecho de gobernarnos a nosotros mismos y el deber de que ese gobierno garantice condiciones de vida digna para todos, si se pierde el valor de la igualdad, si no tuviéramos esa aspiración, entonces estaríamos mucho más lejos de conseguir cada una de las conquistas que tenemos por delante.
2.
Esta es la historia de un mapa que tiene más de un siglo de antigüedad pero que resulta tremendamente actual. Es un mapa de 1940 cuyos contornos reflejan, con inquietante precisión, los acontecimientos más recientes. Esta es, también, la historia de Technocracy Inc y el Tecnato de América.
Norteamérica. 1933. Plena Depresión. Crisis económica, social y política. El New Deal todavía no era más que un proyecto. Era una época, como esta, de muchos debates acerca del agotamiento de un modelo de gobierno y de cómo debía ser reemplazado. En Nueva York se funda el movimiento tecnocrático, un anti partido político, que vedaba su afiliación a políticos o afiliados de partidos políticos, tenía nombre de empresa, funcionaba como una empresa pero pretendía tener influencia sobre los asuntos públicos.
Básicamente promovían una reestructuración radical de los principios sociales, económicos y políticos que regían la vida en los Estados Unidos y Canadá, reemplazando la democracia, los partidos políticos y la soberanía popular por un “Tecnato”, un gobierno de especialistas dirigidos por un dictador con el cargo de CEO. Para que el Tecnato tuviera autonomía estratégica, fuera autosustentable en términos de recursos y resultara fácilmente defendible en caso de guerra, su escala debía ser continental: desde Venezuela hasta Groenlandia.
Ahora se pone interesante: el presidente del capítulo canadiense de Technocracy Inc. en su momento más pujante, entre 1935 y 1940, era un aviador y quiropráctico llamado Joshua Haldeman, un tipo con opiniones muy formadas contra la democracia, las películas, la Coca Cola, las harinas refinadas y los judíos. Un detalle de color: los tecnócratas utilizaban trajes grises, practicaban formaciones militares y saludos marciales y como insigna usaban símbolo esotérico de origen oriental. Como la esvástica estaba ocupada tomaron el Ying Yang.
Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos de Estados Unidos y Canadá ilegalizaron a Technocracy Inc. En octubre de 1940 Haldeman tuvo que comparecer ante un tribunal canadiense por dos cargos en función de la Ley de Defensa. A partir de ahí empezó a planear una mudanza a otro país, que concretó unos años más tarde cuando se trasladó a Sudáfrica, “Un paraíso para blancos” como se publicitaba en esa época. Allí conoció a quien sería su segunda esposa, Winnifer Fletcher y juntos tuvieron en 1948 a su hija Maye.
Maye Haldeman heredó de su padre el racismo, la admiración por Hitler, la reivindicación del Tercer Reich y la negación del holocausto, además de una buena cantidad de dinero, y de su madre los rasgos que le permitieron, desde joven, dedicarse al modelaje. En 1970, a los 22 años, Maye se casó con un exitoso ingeniero y empresario sudafricano que había hecho fortuna en el negocio minero: Errol Graham Musk. Apenas un año más tarde, en 1971, nació su primogénito, al que llamaron Elon.
3.
La alianza entre Silicon Valley y la Casa Blanca es indestructible porque se necesitan mutuamente para ganar la carrera tecnológica contra China, que es la prioridad absoluta de las élites occidentales en este momento histórico. La expansión imperial para apropiarse de los recursos de dos continentes debe leerse a la luz de esa confrontación, que no pasa solamente por la velocidad de la investigación y del desarrollo científico sino también, y cada vez más, por los obstáculos que encuentra cada competidor en el camino.
China mejoró su posición relativa en los últimos años porque supo resolver exitosamente los cuellos de botella que le plantó Estados Unidos (principalmente restricciones al acceso a microprocesadores avanzados y otras piezas de hardware) y a su vez Estados Unidos no pudo resolver los problemas de suministro que le planteó China (por ejemplo, el acceso a tierras raras). Pero, ¿cuál es el GRAN cuello de botella que tiene por delante el desarrollo de las tecnologías de punta en materia de Inteligencia Artificial? La energía.
La generación de energía eléctrica (que requiere siempre la inversión en grandes obras de infraestructura, ya sea convencional, nuclear, hidroeléctrica u otras fuentes experimentales) crece de manera lineal. La demanda de energía eléctrica de la IA crece en forma exponencial. Las dos líneas se cruzaron en 2022 y para 2030 la demanda será de diez veces la capacidad instalada. Para ganarle la carrera a China necesita mucha energía y la necesita pronto. Es lo que dicen los representantes de las corporaciones de Silicon Valley cada vez que hablan del tema.
En abril de este año el ex CEO de Google, Eric Schmidt, expuso en una audiencia en el Capitolio sobre Inteligencia Artificial y les dijo a los representantes: “Lo más importante que necesitamos es la energía y las cifras son contundentes. Lo que necesitamos de ustedes, si me permiten ser directo, es energía en todas sus formas, renovable, no renovable, lo que sea, debe estar disponible y debe estar disponible rápidamente. Estamos invirtiendo en cosas como fusión que son increíbles pero no van a llegar a tiempo”.
Suele hablarse de las reservas de crudo venezolano, las más grandes del mundo, pero quisiera correr el foco por un momento de Venezuela y pensar en el plan imperial de Trump. Si contamos los recursos de todos los países de la doctrina Donroe, desde Argentina hasta Groenlandia, en términos de reservas, representan alrededor de un veinte por ciento del total mundial. Pero en términos de producción actual, energía “disponible rápidamente”, el cuello de botella, si controla las dos Américas, Trump tendría señoreo sobre el 40 por ciento del petróleo del planeta.
Una especie de Nuevo Tecnato, ejecutado por supermillonarios, desde el Ártico hasta la Antártida, arrasando con la soberanía de todos los pueblos que habitan el hemisferio. Decirle doctrina Donroe es una forma de que no hablemos de que el presidente es el CEO de una corporación con otros accionistas, al que no le quedan tantos años. Todo su trabajo podrá beneficiar a otro. ¿A quién? En el desagradable culebrón venezolano habita también la interna que busca una respuesta a esa pregunta; el próximo drama americano, la sucesión de Donald J. Trump.
4.
Es posible que hayan oído hablar de Curtis Yarvin, una de las estrellas de la intelectualidad orgánica del fascismo neoliberal. Era un programador que escribía en un blog y se hizo popular entre varios CEOs de Silicon Valley a partir de un panfleto que publicó en 2008, “Patchwork, un sistema político para el siglo XXI”, donde su idea básica es que los gobiernos pueden y deben ser reemplazados por una telaraña global de decenas y hasta cientos de miles de mini países soberanos, cada uno de ellos gobernado por su propia sociedad anónima, sin democracia.
Es bastante pavo pero algunos supermillonarios se entusiasmaron con esas ideas y decidieron invertir mucho dinero en tratar de impulsarlas. Entre ellos se destaca (siempre se destaca) el nombre de Peter Thiel. Uno de esos proyectos, en el que Thiel invirtió una suma considerable de dinero, se llama Próspera y es una ciudad en una isla de Honduras. Legalmente fue aprobada como una “Zona para el Empleo y el Desarrollo Económico” en un trámite dudoso durante el gobierno de Juan Orlando Hernández, el expresidente condenado por narco que Trump acaba de indultar.
Para el equipo de márketing es una “ciudad startup” aunque en privado describen el proyecto como la creación de un “Hong Kong privado”, un paraíso capitalista parasitando un estado soberano. Próspera ofrece a las empresas que quieran instalarse una tasa fiscal plana del 1 por ciento, un entorno libre de regulaciones, una ley diferente a la de Honduras y tribunales propios para resolver disputas, servicios de primer nivel y un pequeño ejército privado cuidando la seguridad de los habitantes. Esto ya existe. No es un plan. Está funcionando ahora.
Hace cuatro años el Congreso aprobó una ley que revocaba los permisos que se le habían otorgado de manera irregular a Próspera. Hace dos, la Corte Suprema de ese país determinó que el acuerdo original no era válido y que muchas de sus cláusulas no se ajustaban a la Constitución. En lugar de irse, Próspera acudió a tribunales internacionales e inició un juicio al país. Se acogen a una cláusula que prometía estabilidad jurídica incondicional por 50 años. Esto quizás explica el interés de Trump por el resultado de la elección presidencial hondureña.
Mark Lutter es el director del Instituto Ciudades Charter, un grupo de lobby también financiado por Silicon Valley (y por Peter Thiel) con la finalidad de impulsar estas zonas de exclusión anarcocapitalistas en todo el mundo. Esta semana escribió en su cuenta de X: “Venezuela no necesita convertirse en otro Irak. Necesita Ciudad Libertad. Realidad: el viejo sistema sigue allí (cortes corruptas, cárteles, instituciones rotas). Arreglar todo al mismo tiempo no funciona. Entonces no arreglen todo. Empiecen con una ciudad que funcione”.
“Una Ciudad Libertad con tierra nueva, reglas nuevas, verdadero derecho de propiedad, verdadero estado de derecho, construido junto a los Estados Unidos”, propone Lutter. El Instituto Ciudades Charter comenzó a recibir financiamiento de Thiel en 2018 y un año más tarde, en una entrevista, su titular ya hablaba de “un libro blanco” para Venezuela “partiendo del supuesto de que se produce un traspaso de poder”. En su reporte anual de 2019 la ONG incluye una sección completa titularda “Make Honduras Great”.
Hay otro proyecto, también financiado por Thiel, llamado Praxis, que es o dice ser una “nación digital” que busca desde hace años instalarse en forma de ciudad estado privada. Después de barajar varias opciones en los últimos años comenzaron a proyectar la instalación de ese proyecto en… Groenlandia. En enero de 2025, cuando Trump anunció el nombre del embajador ante Dinamarca y manifestó por primera vez interés en que Estados Unidos se hiciera cargo de la isla, la cuenta oficial de Praxis posteó: “De acuerdo al plan”.
5.
Volvamos a Yarvin, el bloguero que le habla al oído a los hombres más poderosos del mundo. Este fin de año estuvo ocupado en sus redes defendiendo a Hitler, por ejemplo, que según su interpretación fue un “genio” por detectar que “la élites angloamericanas” nunca dejarían que Alemania se desarrollara. Es interesante porque en el paralelismo que sugiere, Estados Unidos ocupa el lugar de Alemania, amenazado por la emergencia de China, y que tiene por delante el desafío de torcer su destino fatal.
En el posteo destacado en su cuenta hay dos párrafos del último texto en su blog que le dan contexto a ese paralelismo. Ya no propone una telaraña de ciudades privadas. En cambio, dice que Estados Unidos necesita un “partido político duro” diseñado como “una organización privada legal cuyo objetivo es convertirse en el partido gobernante del próximo gobierno” y que sea como “el PCCh” en un “Estado de Partido Único centralizado”. Insisto: no es un opinador random sino uno de los intelectuales orgánicos de Silicon Valley desde hace al menos una década y media.
Esta semana, Yarvin hizo un largo hilo de tuits sobre Venezuela, que tiene la doble virtud de graficar a la perfección tanto la filosofía como la propuesta práctica de sus ideas. En ese hilo sostiene que “un Estado es una empresa” y que su política exterior es su “estrategia de negocios” y esa estrategia puede tener flujo de caja positivo (imperialismo), neutro (aislacionismo) o negativo (soft power o lo que él llama “ayudocracia”). Celebra, por lo tanto, que Trump haya abandonado la estrategia deficitaria para abocarse a la superavitaria. Pero hay más.
Yarvin escribió que “la intervención de Venezuela es también inteligente en términos de praxis diplomática” al evitar “instalar un títere” aplicando “poderosos incentivos” a la estructura de poder existente. “Si un Estado es una empresa la forma de controlarlo es comprarlo”, por lo que “como parte del proceso de desbolivarianización, todos los que tuvieron un rol importante en la revolución deben recibir una paga” en forma de participación en las ganancias futuras del país, para garantizar su plena cooperación.
Luego comienza la segunda etapa: “Desembarcar en Venezuela con una legión bien organizada de jóvenes tecnócratas latinoamericanos, surgidos de regímenes y partidos de derecha. Hay que empezar a entrenarlos en El Salvador ya mismo. El núcleo de un nuevo servicio civil. Reseteo total del Estado. Estilo DOGE. CEO tech. Seguridad nivel Bukele. En resumen: Venezuela es un pozo de mierda con mega potencial, y es el laboratorio perfecto para una gobernanza del siglo 21”. El pozo de mierda en el que el fascismo neoliberal quiere hacer sus nuevos experimentos.
Instituto Ciudades Charter, la ONG de Mark Rutter financiada por Peter Thiel, usa ese título de fantasía pero está registrada con otro nombre: Centro para la Investigación de la Gobernanza Innovativa”. Primero ciudades, después países, por último, quizás, todo el continente: somos parte de un enorme experimento de ingeniería social. No es una conspiración y nadie controla todas las variantes. Hay otros actores e intereses en pugna pero ninguno hoy es más poderoso, ni tiene tantos recursos, ni tiene tan claro hacia dónde quiere conducir el mundo.
6.
Ya mencionamos muchas veces a Peter Thiel: supermillonario con ínfulas intelectuales que escribió que la libertad y la democracia son incompatibles, cree que está combatiendo al Anticristo, es patrón o padrino del vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, visitó dos veces a Javier Milei en la Casa Rosada y, principalmente, en este momento, es uno de los fundadores de Palantir, la empresa de software que provee infraestructura para la inteligencia de datos. En otras palabras, las herramientas para implementar sistemas de vigilancia masiva.
Palantir se convirtió en otro brazo del imperio; uno que acaba de posarse en Argentina. El decreto 941/25, publicado en las últimas horas del año pasado, que otorga superpoderes a la SIDE, abre la puerta al entrecruzamiento de datos de bases públicas, privadas y personales para el perfilamiento en vivo de ciudadanos y otros métodos de vigilancia digital masiva. Recursos para proyectar aquí también, con intermediarios solícitos, ese gobierno hemisférico que irradie desde Washington hacia todo el continente, por los medios que sea.
Joe Lonsdale es co fundador junto a Thiel de la empresa. El domingo compartió en X un mensaje de un usuario anónimo que decía: “Los comunistas no están permitidos en este hemisferio y cada uno de ellos debería ser destruido junto a sus tumbas”. Lonsdale replicó el posteo original y le agregó un breve comentario:
“Exactamente. ¿Para qué te pensás que fundamos Palantir?”.
