La Rioja es una de las provincias con paisajes más ricos e imponentes para recorrer, ideales para quienes quieran hacer alguna escapada. Lejos de los destinos habituales, como Talampaya o Laguna Brava, hay un destino que destaca por su naturaleza y por estar lejos del turismo masivo: la Quebrada del Viento.
Ubicada en un entorno árido y montañoso, esta quebrada es ideal para quienes buscan contacto directo con la naturaleza, caminatas tranquilas y postales que parecen de otro planeta. La Quebrada del Viento se caracteriza por su paisaje serrano, sus ríos trasparentes y su tranquilidad. Este sitio forma parte de la Reserva de la Quebrada de los Cóndores o Sierra de los Quinteros, protegida desde 2005, donde anidan alrededor de 150 cóndores, lo que lo convierte en un lugar ideal para el avistaje de fauna y la fotografía de naturaleza.
Qué hacer en la Quebrada del Viento
El principal atractivo es recorrerla a pie, sin apuro. Hay senderos naturales que permiten internarse en la quebrada y descubrir miradores, pasadizos estrechos y zonas ideales para la fotografía.
Las actividades más recomendadas son:
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Trekking de baja y media dificultad
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Caminatas guiadas para conocer la geología del lugar
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Observación de flora y fauna autóctona
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Fotografía de paisajes, especialmente al amanecer o atardecer
No es un destino de servicios ni comodidades: la experiencia está pensada para disfrutar del entorno tal como es.
Cuándo conviene visitarla
La mejor época para conocer la Quebrada del Viento es durante otoño y primavera, cuando las temperaturas son más tolerables. En verano, el calor puede ser intenso, por lo que conviene ir temprano y llevar abundante agua. En invierno, el clima es más seco y fresco, ideal para caminatas largas.
Cómo llegar a la Quebrada del Viento
La Quebrada y Cascada del Viento ofrecen una experiencia de naturaleza agreste y sorprendente en un entorno serrano de gran valor paisajístico. El acceso es por camino de ripio desde la Ruta Nacional N.º 79, bordeando el río de la Cañada Grande hasta el inicio del sendero que conduce a los miradores naturales. El recorrido culmina en un punto privilegiado desde donde se observa la imponente cascada, también conocida como El Chorro o Yacurmana, una caída de agua de gran altura que, junto al vuelo rasante de los cóndores, crea un espectáculo inolvidable.
