En las alturas de la cordillera mendocina, donde el aire es fino y las rocas dominan el paisaje, un felino esquivo y casi mitológico asomó entre los paredones. Se trata del gato andino (Leopardus jacobita), conocido por los pobladores como el "Fantasma de los Andes" por su capacidad de desaparecer entre los roquedales.
Hace unos días, guardaparques y técnicos de la Reserva Natural Villavicencio lograron captar imágenes de dos ejemplares en la Pampa de Canota, un ambiente de puna situado en el corazón del área protegida.
El hallazgo, celebrado por la reserva en sus redes sociales, es un hito en la conservación de una especie que se encuentra entre las más amenazadas de Sudamérica. Se estima que en todo el mundo quedan apenas unos pocos cientos de ejemplares, y cada registro es una noticia que alimenta la esperanza de que el trabajo de protección rinde frutos.
Un felino de altura
El gato andino habita exclusivamente en zonas frías y rocosas de la cordillera, por encima de los 3.000 metros de altitud. Su pelaje gris moteado, su cola larga y anillada, y su carácter nocturno lo convierten en un experto en el camuflaje. Se alimenta principalmente del chinchillón (Lagidium viscacia) -una vizcacha de las rocas-, aunque también caza pequeños roedores y aves.
Su situación actual es crítica. La pérdida de hábitat, la caza furtiva y el cambio climático son las principales amenazas que acechan a esta especie. A eso se suma su baja tasa de reproducción y la dificultad de monitorearlo en un terreno tan agreste.
Un trabajo de años
El avistamiento no fue casualidad. Desde 2007, la Reserva Villavicencio colabora con la Alianza Gato Andino (AGA), una red que articula esfuerzos de conservación en Argentina, Chile, Bolivia y Perú. Durante casi dos décadas, guardaparques y científicos han instalado cámaras trampa, recorrido senderos y protegido el ambiente de la puna, un ecosistema frágil donde conviven especies como el puma, el cóndor, el guanaco y el choique.
“Celebramos este nuevo registro y reafirmamos nuestro compromiso con la conservación”, escribió la reserva en Instagram, donde compartió las imágenes del felino. Y agregaron: “Es una señal poderosa de que los 25 años de trabajo constante de cuidado y protección de este ambiente sumamente degradado da frutos”.
Un ecosistema en equilibrio
La presencia del gato andino no es solo una buena noticia para los amantes de los felinos, también es un indicador de la salud del ecosistema altoandino. Para que este depredador pueda sobrevivir, deben existir poblaciones saludables de chinchillones, pastizales en buen estado, agua limpia y ausencia de alteraciones humanas. Cada avistamiento confirma que el área protegida cumple su función: resguardar la biodiversidad en uno de los entornos más extremos del planeta.
Desde la reserva subrayaron la importancia de apoyar las áreas protegidas y evitar cualquier alteración del hábitat. El "Fantasma de los Andes" sigue siendo escurridizo, pero por un instante, se dejó ver. Y ese instante, captado por una cámara, es un triunfo de la conservación.
