Según el estudio de Gallup realizado en conjunto con la Walton Family Foundation y GSV Ventures, la proporción de jóvenes de la generación Z que se declaran entusiasmados con la inteligencia artificial se desplomó del 36% en 2025 al 22% en 2026, un descenso de 14 puntos porcentuales en solo doce meses. Al mismo tiempo, el enojo creció del 22% al 31%. La encuesta abarcó a 1.572 jóvenes de entre 14 y 29 años.
La contradicción: la usan pero no se sienten cómodas con ella
El dato central que define el fenómeno es que el nivel de uso no bajó: alrededor de la mitad de los jóvenes sigue usando IA diaria o semanalmente, una proporción similar a la del año anterior. Cerca de la mitad de los consultados afirmó que los riesgos de la IA superan sus beneficios potenciales en el ámbito laboral, un aumento de 11 puntos respecto del año anterior. Solo el 15% consideró que la IA representa un beneficio neto.
El miedo más profundo: volverse menos inteligente
Un estudio de Harvard complementa el panorama. Al analizar 2.500 encuestas representativas, los investigadores constataron que el 79% de los encuestados teme que la IA genere mayor pereza en las personas, y el 62%, que las haga menos inteligentes. La preocupación por el deterioro cognitivo supera ampliamente a otras amenazas más mencionadas públicamente, como la desinformación, que solo el 15% señaló como inquietud principal.
Los investigadores comparan este fenómeno con lo que ocurrió tras la llegada del GPS, que redujo la capacidad de orientación espacial en gran parte de la población. Pero con la IA, el impacto sería más amplio: afecta la escritura, el cálculo, el análisis y el pensamiento crítico en simultáneo.
El sabotaje en el trabajo
La resistencia no es solo emocional. Un informe de Writer y Workplace Intelligence basado en una encuesta a 2.400 trabajadores detectó que el 29% de los empleados reconoció haber saboteado la estrategia de IA de su empresa. Entre los trabajadores de la generación Z, la cifra asciende al 44%. Las tácticas incluyen el uso de herramientas no autorizadas y la manipulación de evaluaciones de desempeño.
El dilema sin salida
La generación Z se enfrenta a un dilema cruel: deben aprender a usar la herramienta para ser competitivos, pero al hacerlo, sienten que están alimentando al sistema que eventualmente los reemplazará. No se trata de una generación que odia la tecnología: es una generación que la adopta a la fuerza y le teme al mismo tiempo. Una tensión que, según los datos, no muestra señales de resolverse.
