La gastronomía porteña encuentra en ciertos restaurantes de barrio una síntesis entre tradición y calidez. En la Ciudad de Buenos Aires, una parrilla con espíritu de cantina logró destacarse por su propuesta de bodegón, donde los platos clásicos, el ambiente relajado y el encuentro alrededor de la mesa son parte central de la experiencia.
Una parrilla de CABA que recupera el espíritu del bodegón
En un contexto donde la cocina de autor y las propuestas modernas ganan espacio, algunas parrillas apuestan por volver a lo esencial. Este es el caso de Arde, un restaurante que combina parrilla y cocina porteña con una impronta clara de cantina tradicional. La propuesta se apoya en recetas conocidas, sabores reconocibles y porciones pensadas para compartir, un rasgo característico del bodegón clásico.
El concepto se construye desde la carta, que reúne preparaciones que forman parte del ADN de la gastronomía local. Empanadas fritas, buñuelos de acelga y tortillas conviven con platos contundentes como el revuelto gramajo y distintas versiones de milanesas. Entre ellas, la milanesa Maryland se consolidó como uno de los platos más pedidos y representativos del lugar.
Platos clásicos y parrilla en una misma propuesta
La identidad de Arde se apoya en una carta amplia que articula bodegón y parrilla sin perder coherencia. A los platos de cocina se suman albóndigas caseras, pastas artesanales y guarniciones tradicionales que acompañan cada elección. La parrilla ofrece los cortes más buscados, achuras y tablas pensadas para compartir, reforzando el espíritu social de la propuesta.
El recorrido gastronómico se completa con postres clásicos, fieles a la tradición porteña, y una cuidada selección de vinos y espumantes de bodegas nacionales. Esta combinación permite una experiencia completa, donde cada paso del menú dialoga con la memoria culinaria y el disfrute sin artificios.
Una esquina de Villa Urquiza que invita al encuentro
El restaurante se ubica en una tranquila esquina de Villa Urquiza, un barrio que conserva un ritmo propio y una fuerte identidad barrial. El espacio cuenta con un amplio salón, grandes ventanales y una cava a la vista. La ambientación, con guiños al estilo loft neoyorquino, genera un clima descontracturado que invita a quedarse.
El sector exterior suma protagonismo con mesas hacia la calle que funcionan como una extensión natural del salón. Ese espacio acompaña almuerzos tardíos, cenas tempranas y reuniones tanto familiares como entre amigos. La dinámica refuerza la idea de cantina de barrio, donde la mesa se convierte en punto de encuentro cotidiano.
Una experiencia de gastronomía porteña con identidad
Con cocina porteña, espíritu de cantina y una parrilla que respeta los sabores tradicionales, Arde logró consolidarse como una referencia dentro de la gastronomía de CABA. La propuesta no busca reinventar los clásicos, sino ofrecerlos con calidad, coherencia y un fuerte anclaje barrial.
La experiencia articula comida, espacio y tiempo compartido, en un entorno que prioriza el encuentro y la cercanía. En una ciudad atravesada por la diversidad gastronómica, este tipo de propuestas reafirma el valor de los bodegones y las parrillas de barrio como parte fundamental de la cultura porteña.
