La llegada de una nueva ola de calor vuelve a poner a Buenos Aires en estado de alerta térmica. Con temperaturas que se mantienen elevadas durante el día y la noche, muchas personas buscan formas de mantener sus casas frescas sin depender exclusivamente del aire acondicionado, ya sea por el consumo eléctrico, el costo o simplemente para evitar el uso continuo.
Aunque parezca difícil, existen estrategias simples y efectivas para bajar la temperatura interior del hogar aprovechando recursos cotidianos y cambios pequeños en la rutina.
Cómo refrescar la casa sin usar aire acondicionado
Uno de los puntos clave está en controlar el ingreso del calor. Durante las horas de mayor radiación solar, lo ideal es mantener persianas, cortinas o postigos cerrados, especialmente en ventanas que reciben sol directo. Las telas claras y gruesas ayudan a reflejar el calor y evitan que se acumule dentro de los ambientes. Recién cuando baja el sol, conviene abrir todo para favorecer la ventilación cruzada.
La circulación del aire es otro factor fundamental. Abrir ventanas opuestas permite que el aire fluya y renueve el ambiente. Si hay ventiladores, ubicarlos estratégicamente cerca de una ventana puede ayudar a expulsar el aire caliente acumulado y hacer entrar aire más fresco durante la noche o la madrugada.
También es importante reducir las fuentes de calor internas. Electrodomésticos como hornos, cocinas, computadoras o incluso luces incandescentes elevan la temperatura del ambiente sin que se note. En días extremos, conviene limitar su uso, optar por comidas frías o preparaciones simples y apagar todo lo que no sea indispensable.
Las plantas pueden convertirse en aliadas inesperadas. Colocarlas cerca de ventanas o en balcones ayuda a refrescar el entorno, ya que absorben parte del calor y mejoran la humedad del aire. En exteriores, las enredaderas o macetas grandes funcionan como una barrera natural contra el sol.
Otro recurso eficaz es el uso inteligente del agua. Pasar un trapo húmedo por el piso, rociar cortinas livianas o colocar recipientes con agua fría frente a ventiladores genera una sensación térmica más baja. Incluso cambiar la ropa de cama por telas livianas como algodón o lino puede marcar la diferencia durante las noches sofocantes.
Finalmente, los especialistas recomiendan prestar atención al aislamiento del hogar. Sellar rendijas, cerrar puertas de ambientes poco usados y evitar que el calor “circule” libremente ayuda a mantener más estable la temperatura en los espacios que se habitan.
