Mientras en el resto del mundo los Rolling Stones tienen fanáticos, en Argentina dieron origen a una identidad propia que atravesó generaciones, barrios, crisis económicas y hasta una catástrofe como Cromañón. Sociólogos, periodistas y protagonistas explican por qué el fenómeno rolinga es un caso único en el planeta.
Hay pocas cosas que un extranjero no logra entender de Argentina. La devoción por Diego Maradona, la pasión desmedida por el fútbol, las filas interminables para ver a una banda de rock y una comunidad que nació alrededor de un grupo inglés pero terminó convirtiéndose en una identidad completamente nacional. Los Rolling Stones tienen millones de seguidores repartidos por todos los continentes, pero solamente en Argentina lograron dar origen a una cultura propia, con códigos, vestimenta, lenguaje, lugares de encuentro, bandas herederas y hasta una forma particular de entender la amistad, el barrio y la música.
Por qué el fenómeno rolinga es argentino
¿Cómo se explica que una banda británica haya terminado moldeando una identidad popular argentina? Para el sociólogo Marcelo Urresti, especialista en consumos culturales juveniles, el fenómeno excede ampliamente el concepto clásico de tribu. "El fenómeno rolinga nace a fines de los 80, principios de los 90 y tiene mucho que ver con la repercusión que tienen los Rolling Stones como grupo en Argentina, que es único realmente", resaltó en diálogo con El Destape. Si bien la banda tiene seguidores en todos lados, en Argentina "se constituyó una cultura stone" que empieza "en los sectores medios altos y que después hace un pasaje a los sectores medios bajos y ahí aparece el fenómeno rolinga, que es medio opuesto en términos de clase".
Para Urresti, la diferencia es fundamental y los rolingas pueden ser entendidos como una tribu o no. "En términos sociológicos las tribus son agrupaciones efímeras, que duran poco tiempo y se disuelven. Pero los rolingas son una identidad fuerte, es un grupo de pertenencia más grande", afirma.
Las tribus urbanas marcaron buena parte de la adolescencia y la juventud durante los años 90 y los primeros 2000. Existían los punks, los darks, los skaters, los metaleros y, más adelante, llegarían los emos o los floggers. Cada grupo tenía su estética, su música, sus códigos y también sus lugares de encuentro. En el caso de los rolingas, las plazas, las esquinas del barrio, las estaciones de tren, las salas de ensayo, los recitales y los clubes funcionaban como puntos de reunión. Compartían casetes, CDs, remeras con la lengua stone, hablaban de "aguante", de "hacer la previa", de "salir de gira" y encontraban en la amistad, el fútbol, la cerveza y el rock una forma de pertenecer.
"Si bien tiene todos los elementos de la tribalidad, por ejemplo reunir a personas que tienen gustos afines y un estilo característico, no es una tribu urbana. Las tribus suelen tener cosmovisiones; en cambio acá hay una adhesión del tipo fan de un grupo", consideró. Esa identidad terminó siendo mucho más resistente que otras expresiones juveniles de los años noventa. Mientras los floggers, darks, emos o punks fueron perdiendo presencia con el paso del tiempo, los rolingas siguieron ahí.
La Argentina de los noventa: el terreno perfecto
Para entender el nacimiento del movimiento también hay que mirar el contexto. El periodista y escritor especializado en los Rolling Stones Diego Perri sitúa el origen del fenómeno en uno de los momentos más complejos del país. "Surgió con la hiperinflación y un país en llamas y tuvo su apogeo con la primera visita de los Stones en el 95 y la proliferación de varias bandas que brotaron en esa dirección, bajo ese sonido y semblanza. Una estética tomada de un período de Stones de la década del 70".
Aquellos primeros shows de la banda en 1995 fueron mucho más que una serie de recitales, funcionó como una confirmación de una identidad que venía construyéndose desde hacía años. Miles de jóvenes encontraron en Mick Jagger y Keith Richards un espejo donde mirarse. "El fan se identifica con una banda por sus letras, por su postura y sobre todo por su imagen. El salvajismo de los Stones y el reviente de las décadas del 60 y 70, sus crónicas amarillas de sexo, droga y rock and roll resultó una gran pantalla, una bandera para muchos que caló profundamente como señal de identificación", describió el especialista.
"En tiempos de precarización hubo una suerte de espejo con una agrupación que parecía transitar por la misma senda. Luego de hallar identificación en un artista, encontrar el hábitat: lugares de encuentro como una sala de shows o un club", sostuvo Perri.
Los rollingas más allá de la música: Identidad, cancha y ritual
Lo que terminó diferenciando al movimiento argentino fue que rápidamente dejó de ser solamente musical porque se mezcló con la vida cotidiana, con el fútbol, con el barrio y con la esquina. Urresti lo resume de manera contundente: "La cultura rolinga es una cultura que se vincula rápidamente con el fútbol, con el fenómeno de las hinchadas y especialmente en clubes menores o clubes del ascenso como fenómenos barriales, donde una cosa se alimentó con la otra. De esta forma logró trascender generaciones porque se arraigó, es una herencia de padres a hijos en muchos casos. Hay un punto donde esto también se nuclea o se nutre de otro fenómeno que es el fenómeno ricotero, hace como una especie de trilogía de rock local que se mantiene fuertemente reforzada entre sí."
Ese vínculo con las canchas fue decisivo, los recitales comenzaron a parecerse cada vez más a una popular de fútbol con banderas y cánticos. Perri coincide. "Creo que varios elementos fueron vitales: la pasión local, la futbolización del rock, la fidelidad a un estilo y la devoción por una banda como los Rolling Stones que aún continúa vigente tanto en su producción discográfica como en sus maratónicos tours. Y toda una impronta made in Argentina respecto al outfit, zapatillas blancas, jardinero, pañuelo al cuello y flequillo.
Vestirse como un rolinga: los códigos de una identidad
El look rolinga nunca fue únicamente una cuestión de ropa, era una forma de reconocerse entre pares. Las zapatillas blancas gastadas, los jeans ajustados, las camperas de jean o de cuero, el pañuelo al cuello, las remeras de bandas y el flequillo recto funcionaban casi como un uniforme. La lengua de los Stones aparecía estampada en mochilas, camperas, banderas y hasta tatuajes, mientras que el pelo largo o teñido de rubio también se convirtió en una marca registrada de quienes adoptaban esa identidad. Con el tiempo, muchos de esos elementos trascendieron la escena rolinga y pasaron a formar parte de la estética del rock barrial argentino.
Desde la peluquería Klem Haus, donde pasan músicos de buena parte de la escena independiente actual, observan una recuperación de aquellos códigos visuales. "Hay una segunda venida del color. Hasta hace unos años el pelo platinado y súper blanco era lo que todos querían. Ahora volvió el rubio dorado, cálido, más noventoso", confirma su dueña Ornella Botter. También reaparecieron los flequillos: "Hoy vienen directamente con referencias de músicos. Quieren el pelo de Winona Riders o el corte de tal cantante. Ya no vienen con fotos de revistas. Las referencias son los artistas que escuchan." No se trata de una copia sino de una reinterpretación.
Sin embargo, no todos los fanáticos de los Rolling Stones son rolingas y no todos los rolingas conocen profundamente la historia del grupo. Perri marca esa diferencia: "Hay de todo un poco. Generalizarlo sería extremadamente odioso, pero el marco intelectual y cultural de un fan de Londres, Amsterdam, Nueva York, Tokio o Sidney es muy diferente al de Argentina. Aquí hay fans muy valiosos, cultos e inclusive coleccionistas y un gran número que lleva la lengua como estandarte sin conocer ni diez temas de la banda o los nombres de todos sus integrantes".
Cromañón: el principio del fin
La masacre de Cromañón cambió para siempre la historia del rock argentino y también modificó profundamente la cultura rolinga. Urresti lo define como un antes y un después. "Yo diría que en algún punto es el principio del fin de todo ese movimiento de rock caliente donde el espectáculo exaltado, festivo, tipo cancha de fútbol, tipo hinchada, se terminó entre otras cosas por la catástrofe que generó, pero también por el efecto en las autoridades políticas y sanitarias y de control de espectáculos y de gestión de espacios públicos que no quieren volver a verse enfrentados a un fenómeno parecido, porque es incontrolable."
Perri utiliza otra imagen igual de contundente. "El triste episodio de Cromañón es la crónica que nunca debió escribirse y parte de la carta de defunción del básico y elemental rock chabón o rock barrial. Todo un shock para una identidad que aún permanece. Por desgracia tuvo que pasar una tragedia de ese calibre para cambiar muchas cuestiones en relación a organización, salas y medidas de seguridad."
Después de 2004, el movimiento perdió masividad, pero no desapareció. Por ejemplo, desde hace 24 años existe 40x5 Tributo Bar, un local completamente dedicado a los Rolling Stones, su creador, Juan Ignacio Muñoz, asegura que nunca pensó en abrir solamente un bar. "La creación de 40x5 Tributo Bar fue consecuencia de una decisión personal, de soltar mis propios sentimientos, vivir escuchando a los Rolling Stones y compartirlo con quien quiera acercarse."
Dos décadas después, sigue abierto. ¿La razón? "Quizás nos siguen aquellos que nos adoptaron como parte de su vida cotidiana y encuentran refugio en una cerveza helada y una canción de los Rolling Stones." Muñoz cree que el éxito del lugar va mucho más allá del negocio. "Cuando tu propuesta resiste lo económico y se convierte en una fábrica de amigos, charlas, abrazos y sueños en común (que siempre es volver a ver a la banda en vivo) entonces funciona. Pase lo que pase con 40x5 en el futuro, es un lugar que jamás será olvidado", afirma.
¿Por qué sobrevivieron los rolingas?
Para Perri, la explicación es sencilla: "Creo que por la esencia genuina de su música, porque la agrupación supo reinventarse y fortaleció esa relación tan estrecha y leal. Además, los Stones continúan vigentes. Otras bandas hace años que son piezas de museo. El modelo de Jagger y Richards tuvo un impacto mucho más profundo que otros en nuestra sociedad."
Muñoz agrega otro elemento: "Creo que son los Stones los que van reformulando su estética y que las nuevas generaciones se sienten atraídas. El emblema de la banda es uno de los logos más poderosos del mundo y sigue reflejando una imagen de rebeldía: sacarle la lengua a la vida."
La pregunta inicial sigue siendo la más difícil. ¿Por qué solamente ocurrió en Argentina? Urresti responde casi con resignación: "Si yo tuviera que explicarle esto a un extranjero, lo diría simple: 'No lo podés entender'. Como pasa con tantas otras cosas en Argentina. Tiene que ver con tradiciones locales, con una forma de sentir. Acá se vive la música con unos grados de adhesión y fanatismo que en otros lugares no existen."
Perri propone otra experiencia: "Sería sólo cuestión de invitar a un extranjero a un show de alguna banda local dentro de esa tendencia, llevarlo a la cancha a un partido de fútbol o cruzar los dedos para una nueva visita de los Rolling Stones y enseguida tomará nota de una especie única e inimitable." Y Muñoz, quizás el más apasionado de todos, deja una frase que resume el sentimiento de miles de argentinos: "A los extranjeros que los aman tanto como nosotros se los digo con todo el respeto y cariño del mundo: si no los vieron en Argentina, aún no vieron el verdadero tamaño de los Rolling Stones."
En el resto del mundo existen fanáticos de los Rolling Stones, en Argentina, en cambio, los Stones dejaron de ser solamente una banda hace mucho tiempo.
