A nada de presentarse en Niceto Club con su disco El Verdadero, Juan Ingaramo atraviesa un presente artístico marcado por la introspección, la búsqueda sonora y una nueva conexión con el vivo. En diálogo con El Destape, el músico cordobés habló sobre el proceso creativo de su nuevo álbum, el desafío de no repetirse y la manera en la que hoy disfruta los escenarios después de años de trayectoria.
El artista adelantó que el show en Niceto el próximo 25 de junio será una fecha “muy especial”, con invitados sorpresa y un recorrido que incluirá canciones nuevas y clásicos de distintas etapas de su carrera. Además, reflexionó sobre la libertad musical, su amor por Córdoba y Buenos Aires, y la emoción de haberle dedicado una canción a su hija Lila, en un disco que definió como más “introspectivo” y pensado para conectar desde la melodía y las emociones.
Entrevista a Juan Ingaramo
Show en Niceto. ¿Qué se puede adelantar? ¿Ya tenés pensado el repertorio? ¿Ya está cerrado?
- No hay nada cerrado todavía porque es un show muy especial el de Niceto. Hace mucho que no toco Buenos Aires y tocar en Buenos Aires siempre, a pesar de que vivo acá hace mucho tiempo, como cordobés sigue siendo tocar en Buenos Aires. Es como la apuesta. Pero bueno, vengo muy confiado en que tengo un equipazo, una banda de lujo que me acompaña, que ha vestido de la mejor manera mis canciones, no solamente las nuevas sino también las de discos anteriores. Y disfruto mucho de tocar con ellos. Parece una pavada, pero este formato me conectó más profundamente con la música dentro del show. Hoy en día el show también es puesta, video, pantalla, cámaras, luces, y acá es la música. Obviamente hay una puesta hermosa y todo, pero la música me tiene muy contento.
¿Y cómo vivís hoy los vivos en comparación con el Juan de los primeros discos?
- Después de mucho tiempo en los escenarios te puedo decir que disfruto el show de principio a fin. Creo que también haber actuado, haber hecho teatro, tantas funciones, me dio algo en lo musical, en el escenario, en la manera de transitarlo. El escenario se ha vuelto un espacio de pleno disfrute, de experimentar sensaciones muy lindas y únicas, que son estas de estar ahí frente a tu público cantando tus canciones. Como que en un momento se te normaliza, pero cuando parás la pelota decís: “Pucha, qué linda oportunidad que tengo”.
¿Va a haber invitados?
- Invitados va a haber, por supuesto. No te voy a decir quiénes porque te voy a arruinar la sorpresa, pero va a haber invitados y lindos momentos musicales.
El disco ya salió hace un tiempo. ¿Cómo notás el vínculo de la gente con estas canciones?
- Tengo un público muy fiel, un núcleo duro que me sigue en todas y canta todas las canciones. Y eso es lo que termina de cerrar el círculo que empezó cuando compuse los temas. Estás en tu casa fantaseando cómo puede sonar una canción y de golpe estás en el show y ves a alguien cantándola. Ahí es donde todo cobra sentido. Así que aprendanse bien las canciones porque no hay nada que me guste más que las canten. Las voy a hacer cantar mucho.
¿Cómo fue el proceso de composición de El Verdadero? ¿Hubo alguna premisa musical?
- La premisa fue concentrarnos en la melodía y en la armonía, solo en la música, no pensar en otras variables. Ni en lo tímbrico ni en lo estético. Ir a lo fundamental, a la piedra y la gubia, como tallar canciones que puedan durar, sobrevivir al paso del tiempo y a las modas. En ese ejercicio descubrimos muy lindas melodías, lindas secuencias armónicas, cosas que disfruto mucho yo de la música y que pude potenciar al máximo con Mariano Otero, que además de ser un gran amigo es un gran productor y un gran responsable de este sonido del disco.
Es un disco con muchas fusiones, algo que venís trabajando desde hace años. ¿Cómo vivís eso como músico?
- Lo vivo con libertad. Más allá del cliché de la frase, creo que la música en mí es una gran posibilidad de ser libre. Después tenemos un montón de mandatos en esta vida postmoderna bajo los cuales vivimos y sobrevivimos, y al dedicarme a la música digo: “Bueno, vamos a aprovechar para hacer lo que quiera”. Tengo un sello discográfico que me apoya en lo que deseo hacer y explorar. Y creo que en esa exploración también es donde uno descubre cosas.
También está bueno eso porque muchos artistas quedan encasillados en un género y terminan repitiéndose.
- Sí, para mí mi peor pesadilla sería repetirme, hacer dos discos iguales o no distinguir en qué disco está una canción y en cuál otro. Cada disco tiene que tener una personalidad y un color distinto. Aunque también respeto a quienes hacen siempre el mismo disco.
¿Qué situaciones te imaginás para escuchar este disco de principio a fin?
- La verdad que todas. Para viajar, en colectivo con auriculares, en el auto. Yo lo escuchaba mucho antes de que salga, para cocinar, para hacer un asado, para estar en el jardín o en el balcón. Siento que es música que se adapta mucho a lo que uno quiera hacer. Tengo discos anteriores que eran más arriba, más de noche, más para cierta situación. Este creo que se adapta al estado de ánimo. Es más introspectivo, quizá para escuchar solo… o de a dos.
Quería profundizar también en Shampoo, la canción dedicada a tu hija Lila. ¿Cómo surgió?
- Se dio porque un compositor le tiene que hacer una canción a su hija tarde o temprano. Lila tiene seis años y cuando hice la canción tenía cinco. Eran cinco años conviviendo con esa presión suave, pero autoimpuesta, de hacerle una canción a mi hija y que estuviera muy buena. Porque claro, la va a escuchar ahora y toda su vida, entonces tenía que estar buena. Fue un proceso que llevó tiempo desde la música y desde la letra, porque quería que fuera cien por ciento sincera. Y lo lindo fue que ella me ayudó a terminarla.
Igual que vos, viene de una familia muy atravesada por el arte.
- Sí, ella es hija de una actriz, nieta de mi viejo que es pianista. Su entorno cotidiano está muy relacionado con la expresión. Y está bueno porque no es una niña demasiado para afuera, es bastante tímida, pero encuentra lugares donde desplegar ese juego. Creo que lo más lindo es que está viendo a sus padres disfrutar de sus trabajos. Y eso es importante: ver a un padre disfrutar. A veces es más importante lo que uno hace que lo que uno dice.
Recién nombrabas Córdoba. Después de tantos años viviendo en Buenos Aires, ¿sigue existiendo cierta sensación de desarraigo?
- No lo llamaría desarraigo porque me vine en busca de un sueño y de aventuras… y lo logré. No me vine por obligación, fue todo deseo. Amo Córdoba y sigue siendo mi casa. Cada vez que voy siento que el tiempo no pasó. Pero también disfruto muchísimo vivir en Buenos Aires. Es una ciudad increíble. Así que no te diría que es un desarraigo. Creo que es un poliamor (risas).
