Shock con la reflexión de Guillermo Fernández sobre el tango como refugio de la IA

El reconocido cantante y compositor rescató una emblemática obra de 1970 para reflexionar sobre la inteligencia artificial, el scrolleamiento infinito y la pérdida del pensamiento crítico. "Frente a la anestesia virtual, en la poesía del tango habita la resistencia", aseguró.

04 de agosto, 2026 | 15.33

El tango no solo le canta al desamor o a los recuerdos del barrio; también funciona como un espejo visionario de los dilemas de la condición humana. Así lo demostró el destacado cantante y compositor Guillermo Fernández, quien utilizó sus redes sociales para rescatar una emblemática obra de la poeta Eladia Blázquez.

El popular artista conectó el tema de la cantante de forma cruda con el impacto de la era digital, las redes sociales y la inteligencia artificial"Como siempre, el tango se adelanta al tiempo. Julio Verne fue el visionario de la técnica; Eladia Blázquez, la visionaria de la deshumanización", comenzó reflexionando el músico sobre la vigencia de la artista.

El foco del análisis de Fernández estuvo puesto en la obra El tango sin piel, compuesta en 1970, una época en la que aún no existían los smartphones ni los ecosistemas virtuales. Para el artista, la lucidez de Blázquez fue paralela a los diagnósticos de los grandes pensadores contemporáneos.

  • La ilusión de la apariencia: Fernández comparó la crítica del tango con la cultura de la inmediatez en las redes. "Leer un libro entero de Nietzsche, ni ahí; pero frases copy-paste en Instagram para aparentar intelectualidad filosófica va como piña. Hasta el ego nos diseñan", disparó.
  • El paisaje gris del scroll: Al citar el verso ‘Es hora de matar los sueños, de inventar coraje para iniciar un largo viaje por un gris paisaje sin amor’, Fernández advirtió que ese entorno frío es la dopamina digital con la que convivimos. "Ese gris paisaje es la dopamina virtual que scrolleamos y a la vez publicamos con orgullo mientras nos vacían por dentro. Ya no razonamos, actuamos. Rodeados de datos y dopados de distracción, perdimos humanidad. El pensamiento ya no se forma, se programa".

Guillermo Fernández aseguró que un tango de Eladia Blázquez de 1970 anticipó el algoritmo y la dopamina virtual.

A partir de la estrofa ‘Hoy aprendí a llorar sin sufrir’, el referente del tango asoció el poema con la tesis del filósofo Byung-Chul Han sobre el poder seductor del sistema actual, que nos convence de que la distracción constante equivale a la libertad. 

"Al intentar eliminar el dolor con virtualidad vacía, lo pulverizamos", analizó el cantante. "Eladia dice: ‘Encallecer lentamente sin alma y sin voz’. Para ella, perder la voz es perder el alma, es entrar en el terreno de la alienación absoluta, donde el silencio encallece y atrofia".

En ese sentido, Fernández profundizó sobre el impactante cierre de la canción (‘Entender que se puede morir y latir al compás del reloj como una máquina fiel, igual que un robot sin piel’): "Alguien que late, pero no vive, que se conecta, pero no ama. La piel es el límite; reconoce la autenticidad a través del contacto. Sin piel no hay límite, somos transparentes para el sistema, esclavos de una libertad que nos exige estar siempre felices. Boquita photolog y dedito índice en la mejilla para intentar un like más".

El tango como refugio frente a la inteligencia artificial

Para concluir su reflexión, Guillermo Fernández reivindicó la vigencia del género como un trinchera cultural ante el avance del automatismo y la pérdida del contacto genuino. "Frente a la anestesia, el soma que Huxley adelantó en 1932, el tango propone la introspección, la contradicción y el peso del silencio. Porque al final, lo que nos diferencia de la inteligencia artificial es la capacidad humana de rompernos y volver a sentir. Es lo que nos va a permitir dejar de caminar narcotizados por un mundo helado sin amor. ¿Qué nos quiere decir Eladia? Si hay piel, hay esperanza, porque la piel es el traje del alma", sintetizó el músico.