Alejandro Viola: el día que vio en un clásico de Shakespeare la crisis argentina, su accidentado debut con Los Amados y el rescate de clásicos de Gardel en ritmo tropical

El actor Alejandro Viola, reconocido por su trabajo con el grupo teatral-musical Los Amados, volvió a la dirección en una de las piezas menos conocidas de William Shakespeare, Timón de Atenas. La historia sigue a un hombre rico que pierde su fortuna y es traicionado por sus amigos.

23 de enero, 2026 | 20.51

El actor Alejandro Viola, creador del grupo de culto Los Amados -donde encarna al romántico y empalagoso "Chino" Amado y le rinde culto a los boleros- volvió a dirigir en su adaptación de una de las obras menos conocidas de William Shakespeare, Timón de Atenas. Su versión del clásico sigue la historia de un hombre rico que pierde su fortuna y es traicionado por sus amigos, convirtiendo así el mito en una metáfora para hablar de la actualidad social y política de Argentina.

En una entrevista con El Destape Alejandro Viola habla de su redescubrimiento de Shakespeare, a pocos días para el reestreno de su obra Timón y las bestias (el próximo jueves 12 de febrero a las 20.30 horas, en El Extranjero) y repasa grandes momentos de Los Amados, la banda con la que le canta al amor desde hace más de dos décadas.

Timón de Atenas es una de las obras menos conocidas de William Shakespeare. ¿Qué te interesó particularmente de esta historia?

- Bueno, primero debería hacer un poco de historia y decir que yo no soy un dramaturgo que ha escrito muchas obras. Son muy pocas, pero casi siempre lo que me lleva a escribir es algún tema de coyuntura social o política que me interesa. 

En 2013 escribí La Extraviada, que se me ocurrió cuando trabajaba en un teatro del Estado y veía lo complicado que era estrenar por los reclamos sindicales. Tiempo después, en 2016, empecé a sentir que había que hablar de la memoria. Ahí recordé que el 23 de diciembre de 1975, cuando vivía en Monte Chingolo el ERP había intentado tomar el Batallón 601 y había sido una masacre… eran todos pibes de 18 años. Yo vivía a 15 cuadras y lo que se produjo en ese momento fue terrible: colectivos incendiados y un helicóptero en la terraza de mi casa iluminandonos a mi viejo y a mí. “Están buscando subversivos”, dijo mi viejo. Ahí apareció la obra Monte Chingolo.

Timón y las bestias (Crédito: Malena Figó).

¿Y qué tema de coyuntura política relacionaste con el clásico de Shakespeare?

- Que en la obra Timón es un tipo que sigue creyendo en la humanidad. Dice frases idealistas y piensa en lo colectivo, hasta que el individualismo capitalista le da un cachetazo. La obra plantea la necesidad de volver a pensar en la solidaridad, algo muy bastardeado cuando uno ve la ideología de este Gobierno.

¿En qué año se escribió la obra?

- No se sabe bien, está entre 1606 y 1608. Fue un período raro en la vida de Shakespeare porque no se sabía mucho de él en ese momento y hasta se creía que estaba enfermo.

Algo que investigué mucho para esta adaptación fueron las lecturas de Shakespeare. Todo el análisis marca que leía mucho a los filósofos, le interesaban personajes y los mezclaba, pero a su vez escribía sobre su contexto, lo que estaba pasando en ese momento en el país, lo que él veía del contexto social y de sus cuestiones personales. Entonces, de Timón y Atenas se dice que es posible que haya estado pasando una situación económica complicada y no encontraba a quien le pagara las obras para llevar dinero que mantenga a sus hijos.

La obra tiene frases geniales sobre la distribución de la riqueza…

- Hay una frase muy fuerte que dice: “A veces pienso que los ricos hemos nacido para hacer el bien, para beneficiar a otros”. Es un pensamiento de avanzada y nos lleva a pensar en otras cosas como, por ejemplo,  la eterna discusión argentina sobre el impuesto a la riqueza.

A la vez Timón de Atenas no deja de ser una historia sobre la traición de los amigos. ¿La obra te interpeló desde ese lado?

- Sí, pasé una situación similar y me fue muy dolorosa la traición de un amigo. Fue de lo más doloroso de mi vida y no fue una traición por temas de plata. Durante muchos años no pude salir del tema. Era una persona a la que quería como un hermano, pero la verdad es que me odiaba. Timón y las bestias también me pega desde ese lado, ya que entiendo muy bien el dolor de ese personaje y la herida infligida por alguien a quien le confías tus secretos.

Retrato de Alejandro Viola (Crédito: Gentileza Alejandro Viola).

 "Con Los Amados debutamos en Cemento y pensaban que éramos Pipo Cipolatti"

“Tenía 16 años, eran los ‘70 y en Monte Chingolo no había tren: venir a Buenos Aires era tomarse el día, no había forma. Yo estudiaba de noche y quería hacer teatro, pero en zona sur no había nada… los profesores estaban en Capital. No sabía qué hacer, estaba desesperado y miraba siempre los avisos clasificados buscando docentes de teatro. Estuve un buen tiempo así hasta que un día vi que daban clases en un lugar llamado Último Tango, en el pasaje San Lorenzo y Defensa, en San Telmo, los domingos a partir de las 18. Sentí que ese aviso era un llamado y no me importó nada”, cuenta Alejandro Viola sobre sus inicios en el teatro, donde construyó una destacada trayectoria.

¿Y con qué te encontraste ese domingo?

- Era un bar muy antiguo y las clases las daba un señor llamado Enrique Guevara. Ese domingo me senté en una mesa del bar y esperé durante dos horas hasta que empezaron a llegar un montón de personajes. Me planté en una mesa del fondo y por la ventana abierta se veía un patrullero en la puerta, eran los últimos años de la dictadura. Igual, mi desesperación por hacer teatro no me quitaba ni me daba ningún miedo, ni tampoco sabía qué podía pasar.  Durante esa clase trabajamos improvisaciones y yo veía que los textos eran llamados telefónicos, se pasaba mucha data. Tiempo después empecé a entender; hasta ese momento era un pibe que no tenía muy claro lo que estaba ocurriendo en el país

Fuiste testigo de la historia por accidente…

- Leyendo los textos empecé a entender y enterarme de cosas, como de que había desaparecidos. En el medio de esas clases pasaban locuras, pero para mí era el mundo que se me abría y yo quería estar ahí. Esos encuentros provocaron muchos conflictos con mis viejos, porque las clases eran los domingos y los días de la semana y yo quería ir a todas. Era menor de edad y por el teatro salía de casa de noche y siempre volvía a la madrugada. Fue problemático (se ríe).

¿Qué era lo que más te gustaba de la noche porteña de los ‘80?

- Era joven y tenía un grupo de amigos con los que vivíamos en Cemento, el Parakultural, Palladium y en todo lo que estuviera en el under. No nos perdíamos de nada y agradezco haber podido ver cosas impresionantes como Urdapilleta y Tortonese, o Las Gambas al Ajillo, gente con la que me sigo encontrando y con la que compartimos años de mucha creatividad. Bueno, gracias a la noche porteña también aparecieron Los Amados.

"Chino" Amado y su banda en acción (Crédito: Gentileza Alejandro Viola).

¿Qué te llevó a crear Los Amados?

- Un cumpleaños. Los Amados fueron un regalo de cumpleaños para una amiga. No sabíamos qué podíamos regalarle hasta que uno del grupo propuso hacerle una serenata, unos boleros. Yo no me sabía ningún bolero, pero mi amigo tenía un cassette del trío Los Panchos y decidimos cantar cuatro temas, improvisando. Eran clásicos, estaba Bésame mucho y había otros.

Decidimos que íbamos a ir caracterizados así que fuimos con saco, me hice un jopo -en ese momento tenía el pelo muy largo- y terminamos los looks con anillos y pulseras que conseguimos en una feria americana. Por último, inventamos una historia en la que éramos tres hermanos que llevábamos el amor por el mundo y por nuestra fama con los boleros, el trío Los Panchos nos copiaba. Así llegamos a un patio de Banfield, lleno de amigos nuestros de la Universidad de Lomas de Zamora e improvisamos durante unos cinco minutos en los que todos se mataron de la risa. Después de esa noche sabíamos que se había creado algo serio.

Pasaste de no saber nada de los boleros a convertirte en un especialista. ¿Cómo fue esa educación musical?

- Me lo tomé muy en serio. Yo venía de una casa donde solo se escuchaba lírico, imaginate.

En ese momento, estaba estudiando Comunicación en la universidad y empecé a interesarme mucho en los géneros discursivos, como la telenovela. Los Amados tiene mucho de los códigos telenovelescos y a mí me apasionaba eso, porque tenía mucha influencia social. La televisión venía de éxitos como Rosa de lejos, que había producido que los cursos de modistas se agotaran en el país porque las mujeres veían que a través de ese oficio podían llegar a tener la carrera de Rosa. Un concepto romántico de las cosas, a contramano de la realidad. Pensé que llevar ese género discursivo a Los Amados era la oportunidad perfecta para reírse de esas cosas cursis.

Debut de Los Amados en Cemento (Crédito: Gentileza Alejandro Viola).

¿Y dónde fue el debut profesional de Los Amados?

- Fue en Cemento.

¿Cemento? Me cuesta asociarlo al mundo romántico de los boleros…

- Y así fue la respuesta que tuvimos (se ríe). Nadie supo quiénes éramos, pensaban que éramos Pipo Cipolatti. La verdad es que queríamos tocar en Cemento así que nos fuimos a ver a Omar Chaban, le mostramos una carpeta de prensa que habíamos armado y cuando lo vio, nos dijo: “¿Hacen boleros? La estética me mata. No sé dónde ponerlos”. A nosotros nos interesaban esos lugares porque también había espacio para las performances, así que conseguimos una presentación en nada menos que el cumpleaños de Cemento, para abrir un recital de Los Twists y Los Auténticos Decadentes. “Hagan dos temas”, nos dijo Omar. Para nosotros era como actuar en Obras.

Cuando llegó el día, sabíamos que íbamos a presentarnos ante un público mega rockero pero salimos igual. Todo el recibimiento que tuvimos era de personas gritando “¡Pipo, Pipo!”. No nos importó nada, estábamos re felices igual. Por esos años el que más nos ayudó a llegar a la gente fue Lalo Mir.

Los Amados en el Parakultural (Crédito: Gentileza Alejandro Viola).

Un padrino artístico…

- Lalo fue eso. Cuando tuvimos la fecha en Cemento fuimos a esperarlo a la puerta de la radio donde hacía ¿Buenos Aires? Una divina comedia, junto a “La Negra” Vernaci, para acercarle una carpeta con lo que hacíamos con Los Amados. Recuerdo que el programa arrancaba a las 10 y él llegaba 10:15, muy apurado. Ese día no fue la excepción, pero cuando vio cómo nos vestíamos le pareció genial. “¡Son unos hijos de puta! Esto es brillante”, nos dijo. Y nos citaron para que fuéramos a la semana siguiente a la radio, para presentar a Los Amados.

En ese momento no había streaming ni nada, pero decidimos ir vestidos de Amados para la radio. Los de la producción pensaban que estábamos mal de la cabeza hasta que Lalo nos vio y ahí empezó un show al aire. Lalo se volvió loco. Nos presentó como rockstars y empezamos a hacer temas musicales. La cantante del grupo no tenía tetas y se había puesto unos moldes de plástico, que son los que les ponen a los corpiños en las vidrieras, y entonces en un momento de las canciones ella sacaba las tetas y nosotros las tocábamos con palillos. ¡Y sonaban muy bien! (se ríe). Lalo siempre se acuerda de eso. Nunca lo hicimos en vivo, pero fue una situación muy divertida. A partir de eso, en el ‘92 Lalo y “La Negra” nos presentaban en la disco El Dorado. Y ya después estábamos en todos lados: en el programa de Xuxa, a la noche con Susana y en el de Moria, y a la noche teníamos shows. En medio de toda esa adrenalina es cuando la cabeza empieza a partirse un poco.

¿Extrañás esa adrenalina?

- Sí, lo extraño. Igual yo ya me encaminaba a querer tener una carrera teatral más seria, de teatro de texto. A medida que empezaba a completar mis estudios, Los Amados me empezaban a quedar cortos, quería expandirme artísticamente.

La última. El último show de Los Amados, con canciones de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera llevadas a los ritmos tropicales, ¿va a tener temporada 2026?

- Vamos a estar en el teatro Caras y Caretas abriendo la temporada. Hace tiempo que venía investigando el cancionero de Gardel y Le Pera porque me interesaba mucho esa mezcla que ellos empezaron a hacer para las películas de la Paramount, pero lamentablemente duró solo tres años por el trágico accidente de avión. Lo curioso es que esas composiciones se acercaban a algo tropical, con influencias de la habanera cubana o de la rumba. En el repertorio tenemos Cuesta abajo, Melodía de arrabal, Volver, Lejana Tierra Mía, Sol tropical, El día que me quieras y muchos otros, y la gente se vuelve loca. Los tangueros también disfrutan mucho el espectáculo porque las canciones se adaptan perfecto a esos ritmos sin perder la identidad nacional.

Los Amados. Ardientes Gardel y Le Pera a ritmo tropical (Crédito: Gentileza Alejandro Viola).