El amor entre Lionel Messi y la Selección Argentina no surgió como un trámite formal ni como una elección de conveniencia profesional. Fue, desde el primer momento, una cuestión de pertenencia y de convicción profunda. A 20 años de aquel mito fundacional que blindó al rosarino para siempre con la camiseta albiceleste, la historia adquiere una dimensión aún más emotiva al recordar cómo empezó todo.
A comienzos de los años 2000, un adolescente de Rosario deslumbraba en las divisiones inferiores del Barcelona. La Real Federación Española de Fútbol no tardó en notar las cualidades únicas del joven y movió todas las fichas posibles para nacionalizarlo e integrarlo a sus seleccionados juveniles. Sin embargo, en la cabeza y el corazón de Messi solo había un escudo.
En Argentina, el cuerpo técnico de los seleccionados juveniles liderado por Hugo Tocalli recibió un video grabado en VHS con las jugadas del rosarino. Bastaron apenas cuatro acciones en pantalla para entender que estaban ante un talento fuera de lo común. El problema era que no había forma directa de contactarlo: el plantel para el Mundial Sub-17 de Finlandia ya estaba cerrado y los datos del chico eran escasos. La búsqueda tuvo tintes casi novelescos. Un colaborador de AFA viajó hasta un locutorio en Monte Grande, arrancó la hoja con el apellido "Messi" de una guía telefónica de Rosario y comenzó a llamar número por número. La insistencia dio sus frutos cuando atendió la abuela de Lionel, quien facilitó el contacto de España. Al llamar a Jorge Messi, la respuesta del padre reflejó la angustia y el deseo acumulado.
Con la urgencia de cerrar la posibilidad de que España lo citara, la Asociación del Fútbol Argentino, encabezada en ese entonces por Julio Grondona, organizó a contrarreloj un partido amistoso ante Paraguay. El 29 de junio de 2004, la cancha de Argentinos Juniors fue el escenario del histórico debut de Messi con la camiseta Sub-20. Entró al campo con el dorsal número 17 en la espalda y dejó su primera firma: convirtió un gol inolvidable en el 7-0 definitivo y dio dos asistencias, dejando en claro que el operativo de blindaje no solo había sido un éxito administrativo, sino el nacimiento de una era.
Aquel hito en La Paternal fue la piedra angular de un recorrido de más de dos décadas donde Messi lo dio todo por la albiceleste, atravesando momentos de máxima exigencia y dolor hasta alcanzar la gloria máxima que unió a todo un país. El contrato afectivo que se firmó en aquella tarde de 2004 en La Paternal terminó marcando el destino del fútbol mundial.
