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Infantino, en el medio de una tormenta que genera incertidumbre con su futuro de la FIFA

Con el avance de la UEFA y nuevos comunicados, Infantino empieza a tener problemas en la punta de la pirámide del fútbol. En el medio de un boicot, de comunicados y de reclamos aparece, lentamente, un aroma a un cisma en la familia del fútbol.

10 de agosto, 2026 | 19.01

El comunicado conjunto hoy de las Confederaciones de Europa, Asia y Concacaf (136 votos juntas) es el aviso más severo para Gianni Infantino de que, si no renuncia, sus críticos puedan sumar el mínimo de los 106 votos que precisarían para echarlo de la FIFA. Dejan en minoría los apoyos casi masivos de Africa y Conmebol (64 votos, más los posibles 11 de Oceanía, todavía inciertos). Es cierto, solo Europa mantiene por ahora la palabra “boicot”. Tal vez ninguna Confederación (excepto Conmebol) pueda asegurar sus votos en bloque, pero si Infantino no renuncia en estos días, Europa no presentará a sus seis selecciones clasificadas para la Copa Mundial Femenina Sub al 20 que comienza el 5 de setiembre en Polonia (Inglaterra, Francia, Italia, Portugal, España y la propia Polonia). Sola, Europa es minoría (55 votos) pero suena imposible para la FIFA avanzar sin ella en cualquier otra Copa Mundial que venga. ¿Olor a cisma en la familia del fútbol?

Infantino no quiere irse. Leo el prólogo que escribió apenas meses atrás en el “Libro oficial de la Copa Mundial de la FIFA”, recién publicado por el Museo FIFA y con un detalle notable sobre cada torneo. Dice textual Infantino: “Somos los guardianes del aura que rodea a la Copa Mundial de la FIFA”.  Lo creyó tanto que, ciego de su vanidad, quiso vender por cuenta propia ese “aura”, el proyecto de venta parcial del Mundial que, tras las críticas masivas, se vio obligado a retirar. No es suficiente. Ahora quieren que se vaya. La FIFA sugirió en su último comunicado que toda protesta que no respete la institucionalidad es golpismo. La prensa inglesa ya le encontró a Infantino una vieja amante que, supuestamente, debió ser resarcida con dinero de la UEFA para que se fuera en silencio. Los críticos avisan que se abrirán más placares.  

También apenas antes del Mundial, Infantino colaboró con el libro “Forward. The revolution of football”, en el que el periodista italiano Alessandro Alciato analiza generosamente los diez años de mandato del suizo, a quien comienza comparando con Albert Einstein y Leonardo da Vinci. “Todos los días en esta oficina, al menos una vez, he mirado una pelota, la he tocado, he jugado con ella”, le dice Infantino a Alciato. Y sigue: “la pelota es el objeto más mágico que existe, una bola de cristal que ayuda a imaginar el futuro”. Tras el recuerdo de una infancia humilde (el pequeño Gianni recuerda un viaje en tren recogiendo chatarra para luego venderla), Infantino, cuenta Barney Ronan en The Guardian, aparece al lado de famosos y poderosos, matizado con niños norcoreanos con los que juega al fútbol y mujeres que luchan por sus derechos en Irán y con las que el presidente de la FIFA se toma unas selfies y “no por vanidad”. 

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Infantino aparece luego salvando a la FIFA de la corrupción del FIFAGate y al mundo del Covid y del racismo. “Antes el dinero cambiaba de manos por debajo de la mesa. Sin embargo, desde 2016, se ha movido abiertamente para que todos lo vean”, dice el libro, y recuerda que Infantino multiplicó por siete los ingresos de las 211 Federaciones que componen la FIFA y que en marzo próximo deberían votarlo para su cuarto y último mandato. La caída de su proyecto de privatizar el Mundial (que prometía triplicar en una década los ingresos actuales de las Federaciones) no obstará para implementar posibles aumentos de entre un veinte y un treinta por ciento, me dicen fuentes de la Conmebol, que sostiene firme al suizo. La AFA formó parte de los apoyos más entusiastas, aunque el escándalo (por mucho que Infantino resista) puso ahora en peligro el proyecto de 64 selecciones para que el Mundial 2030 juegue un todo un grupo inicial en los tres países sudamericanos (en el plan original, Argentina, Uruguay y Paraguay solo deben celebrar cotejos inaugurales y la Copa seguirá luego en sus sedes designadas: España, Portugal y Marruecos). Por eso Conmebol quiere que siga Infantino.   

Alciato, activo estos días en sus redes, se preguntó “quién es el hombre de la comunicación” que está usando “métodos mafiosos” para jaquear a Infantino. “Muchos Judas, muchos Poncio Pilatos”, había posteado unos días antes. Su compatriota Paolo Zampolli, ex agente de modelos que se jacta de haberle presentado a Melania a Trump, escribió la semana pasada en un diario italiano una ardorosa defensa de Infantino. El presidente de la FIFA, nos dice Zampolli, “ha desafiado una economía global del fútbol en la que el poder, el dinero y las oportunidades siguen concentrados en manos de un pequeño número de instituciones (europeas) adineradas”. Pero Infantino, sigue Zampolli, “tiene una responsabilidad diferente” ante Federaciones más pobres que, gracias a la FIFA, construyen “campos de juego y centros de entrenamiento” y sostienen a entrenadores, competiciones femeninas, academias juveniles y selecciones nacionales”.

Zampolli afirma que las cifras (2.800 millones de dólares para más de 1.600 proyectos) son la mejor respuesta a “cualquier titular hostil de la prensa”. Igual que las nueve plazas africanas en el último Mundial ampliado, y las ocho de Asia. Cuando la UEFA añade partidos y distribuye más dinero “se habla de crecimiento”, pero si lo hace la FIFA “se lo tacha de expansión imperial”, afirma Zampolli, que denuncia “doble rasero” y se pregunta si acaso Europa no pretende “restaurar” el viejo sistema. “El fútbol –concluye Zampolli- pertenece al mundo: 211 naciones, un solo deporte y una oportunidad para cada niño”. Un texto conmovedor de Zampolli, que se presenta como “Enviado Especial del Presidente de los Estados Unidos para las Alianzas Globales” y que vive de su cercanía con el poder y el jet set. De la mano de Trump, Infantino es nuestro Robin Hood siglo 21. El gran ilusionista