La vida de Julián Álvarez suele leerse en clave de éxito deportivo: de Calchín al mundo, de River Plate a la consagración con la Selección Argentina y su presente en el Atlético Madrid. Sin embargo, detrás de ese recorrido hay una historia personal que se mantuvo lejos de los flashes, al menos hasta ahora.
Fue el propio delantero quien, en un documental que realizó cuando jugaba en el Manchester City, rompió ese perfil bajo y contó cómo comenzó su relación con Emilia Ferrero, una historia que no nació en Europa ni en la fama, sino en la infancia y en un pequeño pueblo cordobés.
Un vínculo de Julián Álvarez y Emilia Ferrero nació en la infancia
Lejos de los romances mediáticos, la historia entre Álvarez y Ferrero tiene un origen simple y profundamente argentino: el barrio y los amigos en común. Según reveló el futbolista, se conocen desde que tenían entre 9 y 10 años.
“Soy de Calchín y ella también tenía vínculos familiares ahí. Venía seguido a visitar a su abuelo y compartíamos el mismo grupo de amigos”, relató el jugador. Entre encuentros casuales, juegos y charlas, se fue gestando una relación que, en ese momento, no tenía destino claro.
La vida, sin embargo, tomó caminos distintos. Álvarez se mudó a Buenos Aires para avanzar en su carrera futbolística, mientras el vínculo quedaba suspendido en el tiempo, sostenido por encuentros esporádicos cada vez que él regresaba a Córdoba.
De la distancia al presente en Europa
El punto de inflexión llegó en 2022, cuando ambos decidieron formalizar la relación. El 2 de enero de este 2026 fueron padres por primera vez de un niño, al cual llamaron Amadeo y nació en España. La noticia fue compartida por el futbolista en redes sociales al día siguiente, mostrando la mano del bebé.
Lejos de la imagen glamorosa que suele rodear a las parejas de futbolistas, Álvarez describió una convivencia con Ferraro marcada por la simpleza: “Le gusta ver fútbol, pasamos mucho tiempo juntos en casa. A veces ella me avisa qué partidos hay porque yo estoy en otra”.
El dato no es menor: en un universo donde la exposición suele ser moneda corriente, la pareja mantiene un perfil bajo, incluso en medio del fenómeno global que rodea al delantero.
