La decisión de la FIFA de anular la suspensión por tarjeta roja de un jugador de EE. UU., tras la presión de Donald Trump, ha desatado indignación. Sin embargo, no es un caso completamente sin precedentes.
Durante un tiempo, parecía que el fútbol se había impuesto a la política en el Mundial 2026. Cabo Verde le plantó cara a la campeona del mundo, Argentina; Paraguay eliminó a Alemania; y Lionel Messi, Erling Haaland, Harry Kane y Kylian Mbappé se disputan la Bota de Oro al máximo goleador. Toda la atención, como debe ser, estaba puesta en el campo. Pero, justo antes de que Noruega diera la sorpresa ante Brasil e Inglaterra eliminara a la coanfitriona México en uno de los mejores partidos del torneo, Donald Trump metió baza en el Mundial.
El lunes 6 de julio, en la Casa Blanca, Trump confirmó las numerosas informaciones que apuntaban a que había pedido a la FIFA, el organismo rector del fútbol mundial, que revisara la suspensión del delantero estadounidense Folarin Balogun tras la tarjeta roja que recibió en la victoria de la ronda de 32 contra Bosnia y Herzegovina, porque "no creía que fuera tarjeta". Lo consiguió: la FIFA hizo caso omiso del reglamento que prohíbe recurrir las tarjetas rojas y declaró que "la suspensión automática del jugador estadounidense Folarin Balogun queda suspendida durante un periodo de prueba de un año". La FIFA se amparó en el artículo 27, una disposición amplia que les permite "suspender total o parcialmente la aplicación de una medida disciplinaria".
La decisión se hizo pública poco más de 48 horas antes de que EE. UU. se enfrente a Bélgica en cuartos de final, y Trump lo celebró con una publicación en su plataforma Truth Social en la que decía: "¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!". La estrecha relación entre Trump y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien creó un Premio de la Paz de la FIFA para otorgárselo a Trump en diciembre, ha sido objeto de mucho escrutinio en los días previos al torneo y ahora volverá a estar en el punto de mira.
¿Cómo han reaccionado EE. UU. y Bélgica ante la decisión sobre Balogun? Bélgica, como era de esperar, no está nada contenta. La Real Federación Belga de Fútbol (RBFA) ha respondido con un contundente comunicado de condena, en el que manifiesta su "asombro" por la decisión. "No sabía que el 5 de julio fuera lo mismo que el 1 de abril [el Día de los Inocentes] en la FIFA", bromeó, por su parte, el seleccionador belga, Rudi García, claramente enfadado, en su conferencia de prensa previa al partido. The Athletic informó de que la RBFA ha obtenido el derecho a recurrir la decisión ante un miembro del comité de apelaciones de la FIFA que no esté vinculado a la UEFA ni a su equivalente norteamericano, la CONCAFAF. La resolución de ese recurso podría llegar hasta 12 horas antes de que empiece el partido de cuartos de final.
Mauricio Pochettino, entrenador de la selección de EE. UU., ha dicho que si alguien ha resultado perjudicado de toda esta situación ha sido su equipo. "¿Alguien puede creer que no se nos ha castigado? Quiero decir, ¿jugar 30 o 35 minutos con un hombre menos en un partido de eliminatoria del Mundial? No es que nos estemos beneficiando. En definitiva, no somos víctimas, pero tampoco somos los villanos de esta historia".
¿Cómo ha reaccionado el resto del mundo del fútbol ante la decisión de la FIFA? Los no involucrados en el asunto han respaldado, casi sin excepción, la postura belga. La UEFA, que está cada vez más en desacuerdo con la FIFA, dijo en un comunicado que este cambio de rumbo "había cruzado una línea roja".
El seleccionador de Noruega, Stale Solbakken, ya había criticado a la organización de Infantino incluso antes de que quedara clara la implicación de Trump. "Es un gran error de la FIFA. No es una buena decisión. Le sacaron una tarjeta roja y el VAR (árbitro asistente de video) confirmó que era tarjeta roja. Eso significa que estás sancionado para un partido", dijo. "Creo que lo peor de esta situación es que, si EE. UU. gana a Bélgica, siempre habrá ese matiz extra. Los belgas se van a enfadar muchísimo", sumó.
La Federación Alemana de Fútbol, a través de su presidente, Bernd Neuendorf, ha pedido una aclaración inmediata. "Hay que disipar de forma rápida y definitiva la impresión de que ha habido una injerencia política activa en el deporte. Están en juego la integridad de la competición y la credibilidad de la FIFA", dijo, instando a la FIFA a aclarar la implicación de Trump.
¿Qué podría pasar ahora? A la espera del resultado del recurso de Bélgica, las dudas de Tuchel serán sin duda una de las cuestiones que se plantearán todas las federaciones que siguen en el torneo, y quizá incluso algunas que ya están fuera. Si esta tarjeta roja se puede anular de repente, la conclusión lógica es por qué no otras. ¿O un gol anulado? ¿O una tarjeta amarilla que suponga una suspensión para un partido clave? De hecho, según informan medios locales, la Federación Francesa de Fútbol (FFF) está pensando en recurrir una tarjeta amarilla dudosa que le sacaron al delantero del Bayern de Múnich, Michael Olise, en su partido de octavos de final contra Paraguay. Dos tarjetas amarillas en partidos diferentes del torneo suponen una suspensión de un partido, el mismo castigo que le impusieron a Balogun.
La FIFA podría enfrentarse a una avalancha de quejas y apelaciones. Queda por ver, sin embargo, si algún otro jefe de Estado o de Gobierno se involucrará en el asunto, o si tendrán la misma influencia sobre Infantino. Dado que el descontento con la FIFA ya es elevado, cabe preguntarse si esta decisión podría tener consecuencias de gran alcance para Infantino y su organización. ¿Se ha anulado alguna vez una tarjeta roja en un Mundial? No exactamente. El brasileño Garrincha fue expulsado contra Chile en la semifinal del torneo de 1962, pero jugó la final, que Brasil ganó. Sin embargo, en aquella época las sanciones las decidía un comité, en lugar de que la suspensión de un partido fuera automática. Un precedente más cercano se produjo poco antes de este Mundial. Días después de cenar con Trump en la Casa Blanca en noviembre, la sanción a Cristiano Ronaldo por una tarjeta roja en un partido de clasificación se redujo de tres partidos a uno, lo que significaba que podría cumplirla contra Armenia y no se perdería ninguno de los partidos de Portugal en el Mundial. (gg/ms)
Autor: Matt Pearson. Con información de la Agencia Deutsche Welle.
