La liquidación de dólares del principal sector exportador volvió a mostrar señales de desaceleración en momentos en que el gobierno de Javier Milei necesita consolidar la acumulación de reservas para cumplir con las metas impuestas por el Fondo Monetario y mantener la ilusión de estabilidad financiera. Aunque las empresas agroexportadoras liquidaron en abril más dólares que en marzo, el volumen ingresado se ubicó por debajo del registrado un año atrás y el acumulado del año también refleja una caída, en un contexto atravesado por las quejas del sector por la pérdida de competitividad cambiaria.
Según informó la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), durante abril las empresas del complejo oleaginoso-cerealero liquidaron 2.495 millones de dólares. La cifra representó un aumento del 23 por ciento respecto de marzo, impulsado por una mayor llegada de camiones de maíz, girasol y los primeros lotes de soja para procesamiento industrial y exportación. Sin embargo, la comparación interanual mostró una caída del 1 por ciento respecto de abril de 2025, cuando habían ingresado 2.524 millones de dólares.
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Entre enero y abril ingresaron 7.667 millones de dólares, un volumen inferior al registrado durante el mismo período del año pasado, según las cámaras que nuclean a entidades que representan cerca del 48 por ciento de las exportaciones argentinas. El dato se conoce además luego de que el Gobierno anunciara una reducción de derechos de exportación para el sector agropecuario.
Con el actual esquema de rebaja gradual de retenciones, el trigo y la cebada pasaron del 7,5 al 5,5 por ciento. Para la soja y sus derivados se estableció un cronograma de reducción que comenzará en 2027 y que llevará la alícuota desde el actual 24 por ciento hasta el 15 por ciento a fines de 2028. El maíz y el sorgo también tendrán reducciones escalonadas, mientras que el girasol llegará a una tasa del 3 por ciento dentro de dos años. Paralelamente, las retenciones para sectores industriales como el automotriz, el petroquímico y el de maquinaria fueron llevadas a cero.
La expectativa oficial era que esas señales alentaran una mayor comercialización de granos y aceleraran la liquidación de divisas, algo que aún no sucede en un esquema en que los productores no ven precios internacionales interesantes para vender y un dólar que consideran no es competitivio. La respuesta del mercado es entonces de cautela. Productores y exportadores continúan postergando ventas a la espera de mejores condiciones cambiarias y de una eventual corrección del valor del dólar. En el sector consideran que la apreciación del peso redujo significativamente la rentabilidad exportadora y deterioró la competitividad de las economías vinculadas al comercio exterior.
Hasta el FMI lo dice
Desde el Ministerio de Economía rechazan la idea de que exista atraso cambiario y sostienen que el valor del dólar surge del equilibrio alcanzado tras el ajuste fiscal, la desaceleración de la inflación y la liberalización parcial del mercado cambiario. Para el Gobierno, las críticas responden a sectores acostumbrados a operar con tipos de cambio artificialmente elevados.
Pero el propio Fondo Monetario Internacional incluyó el tema en su última evaluación técnica sobre la economía argentina y planteó observaciones que contradicen la narrativa oficial. En el denominado “staff report”, los técnicos del organismo concluyeron que el tipo de cambio real argentino presenta una apreciación significativa. Según sus cálculos, la brecha cambiaria se ubica en un rango de entre 9,5 y 22 por ciento, con un punto medio de 15,8 por ciento. El documento sostiene que la reciente evolución de la moneda local “erosionó las ganancias de competitividad obtenidas previamente” y advierte sobre los riesgos de utilizar la apreciación cambiaria como herramienta principal para contener la inflación.
La observación resulta particularmente relevante porque el FMI se mantiene como uno de los principales respaldos internacionales de la gestión económica de Milei. El informe contiene elogios al ajuste fiscal y a la consolidación de las cuentas públicas, pero introduce una advertencia explícita sobre el frente externo. No obstante, en sus conclusiones, el organismo recomienda “evitar la dependencia excesiva de la apreciación de la moneda con fines de desinflación a corto plazo” y plantea que la flexibilidad cambiaria debería funcionar como “primera línea de defensa” frente a shocks externos.
La preocupación del Fondo está vinculada a un fenómeno que comienza a reflejarse en distintos indicadores de la economía real. La combinación de inflación todavía elevada y un dólar con movimientos más moderados provocó una apreciación del peso que encarece los costos locales medidos en moneda extranjera. Como resultado, exportar se vuelve menos rentable y competir con productos importados resulta más difícil para numerosos sectores, algo que comienza a reflejarse en sectores históricamente competitivos como el agroexportador. El agro aparece entre los primeros afectados porque constituye el principal generador de divisas de la economía argentina.
El mismo informe del FMI señala que la apreciación reciente fue impulsada por los ingresos provenientes de las exportaciones agropecuarias y energéticas, además de las colocaciones financieras realizadas por empresas argentinas. No obstante, el organismo advierte que esos flujos extraordinarios pueden derivar en una profundización del atraso cambiario si no son acompañados por políticas que permitan preservar la competitividad externa.
