En la Argentina actual, después de pagar alimentos, alquiler, servicios y transporte, cada vez queda menos margen para decidir en qué gastar. El resultado es una economía en la que el consumo deja de expandirse porque una porción creciente del presupuesto se destina a cubrir gastos que no pueden evitarse. Un dato graficó con claridad dicha realidad: más de la mitad de las familias aseguró que ya no sale nunca a comer afuera.
Los datos se desprenden de un relevamiento privado y evidenciaron que el deterioro del ingreso disponible continúa condicionando las decisiones de consumo. Mientras siete de cada diez hogares aseguran que llegan con lo justo o directamente no llegan a fin de mes, la gastronomía se convirtió en uno de los termómetros más visibles del estancamiento del poder adquisitivo. En este escenario, salir a comer afuera, una actividad históricamente asociada al tiempo libre y al encuentro familiar, pasó a convertirse en un “lujo” para una parte cada vez mayor de la población.
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El “lujo” de comer afuera
El ingreso disponible de los hogares (poder de compra una vez realizados los gastos esenciales) continúa estancado. En la Argentina actual legar a fin de mes es casi una misión imposible para la mayoría de los hogares: dos de cada tres declararon llegar justos o no hacerlo.
Así lo señaló un relevamiento privado que arrojó datos recientes sobre la situación de las familias: el 71% aseguró que no le alcanza o que apenas llega a fin de mes. Esto implicó un empeoramiento respecto a la situación un año atrás (jun/25: 67,0%) con una suba de 4 puntos comparado con el ya crítico escenario del 2025. Al respecto, tal deterioro se explicó por el crecimiento tanto de quienes declararon llegar ajustados a fin de mes (+1,9 puntos) como de quienes no les alcanza el ingreso (+1,8% puntos).
En directa relación, con un ingreso real más ajustado, los hogares reorganizan sus prioridades para intentar subsistir, en detrimento -por ejemplo- de consumos fuera del hogar. Al respecto, el informe al que accedió este medio puso la lupa en la situación de la gastronomía, ya que uno de los aspectos donde se hace más evidente el derrotero a la baja de los ingresos es en las posibilidades de comer afuera, una salida que está cada vez más lejos de ser una prioridad para los hogares, especialmente cuando una mayor proporción del presupuesto debe destinarse a gastos inelásticos (alimentación, servicios básicos y alquiler).
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En concreto, quienes declararon no salir a comer crecieron a comparación con abril pasado (relevamiento previo) y ya son más de la mitad de los encuestados, según el documento presentado las consultoras Ecolatina y ShoppApp. De esa forma, el 53,0% del total aseguró que no pueden salir nunca a comer afuera durante un mes, lo que exhibió un empeoramiento de 4,5 puntos respecto de dos meses atrás.
“Comer fuera del hogar dejó de ser una experiencia frecuente para los hogares argentinos y pasó a ser una excepción”, señalaron los especialistas al respecto.
Quedó más que expuesta la crisis del bolsillo sobre uno de los consumos más asociados al esparcimiento familiar y que, a la par, golpea de lleno al sector gastronómico que permanece estancado en un nivel bastante inferior al máximo alcanzado a fines de 2023 y sin perspectivas alentadoras en el corto plazo. De acuerdo con el documento, julio fue el cuarto mes consecutivo con caídas interanuales en la actividad de restaurantes.
Mientras, en contraste, continúa el deterioro del poder de compra salarial: el sector privado registrado se ubicó en mayo 3,6% por debajo de noviembre 2023 (previo al inicio de la gestión libertaria) y el salario público ya perdió 17,8% de poder adquisitivo. En promedio, los asalariados formales están 8,7% abajo (INDEC).
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“La condición necesaria para una recuperación sostenida del consumo gastronómico es una mejora de los ingresos reales y, por ende, del ingreso disponible de los hogares”, agregaron los economistas y subrayaron que “mientras ello no ocurra, el consumo en restaurantes difícilmente exhiba un crecimiento sostenido”.
Pocas expectativas de mejora
El retroceso en los consumos básicos y de disfrute/esparcimiento se da en un escenario donde nuestro país se consolidó, al cierre del 2025, como un país caro en el mapa internacional de precios. Un informe elaborado por IERAL-Fundación Mediterránea que comparó valores de bienes y servicios locales con los de países de la región y del mundo volvió a dejar en evidencia una fuerte distorsión: en algunos rubros los precios locales superan a los internacionales en el 80% de los casos relevados.
De hecho, luego de varios meses de aceleración inflacionaria, que llevaron a la inflación mensual a alcanzar un pico de 3,4% en marzo, el indicador se desaceleró y en junio pasado (último dato disponible) se ubicó en 1,9% mensual. A pesar de esto, la percepción de esta moderación inflacionaria no fue percibida por los hogares: “57,0% de los hogares encuestados sigue percibiendo un incremento en la inflación”, según Ecolatina.
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A su vez, según estimaron, el ingreso disponible cerraría 2026 prácticamente estancado en términos de promedio anual (-0,3%) y, en cuanto a las perspectivas, se espera “una recuperación moderada durante la primera mitad de 2027, favorecida por una baja base de comparación”. Sin embargo, aclararon que la incertidumbre asociada al proceso electoral “podría introducir cierta volatilidad durante la segunda parte del próximo año”.
