Las ventas en supermercados de la provincia de Buenos Aires registraron en enero una caída del 5 por ciento interanual en términos reales y marcaron el peor inicio de año desde que existen registros comparables. El dato, difundido por el ministro de Economía bonaerense, Pablo López, se inscribe en una tendencia más amplia de contracción del consumo que ubica los niveles actuales por debajo incluso de los observados en la etapa previa y durante la pandemia, con alto impacto en el empleo. El Gran Buenos Aires, uno de los distritos más populosos del país, registra los porcentajes más altos de desempleo, según el INDEC.
"Los datos confirman lo que venimos mostrando: el consumo de las familias bonaerenses sigue a la baja”, señaló López en una serie de posteos en la red social X. El funcionario agregó que “en enero, las ventas en los supermercados de la PBA cayeron 5 por ciento respecto del flojísimo 2025 y registraron el peor comienzo de año de la serie”.
La evolución de las ventas totales en supermercados, medidas a precios constantes, muestra que enero cerró en torno a 0,81 billones de pesos, por debajo del promedio de 0,89 billones registrado entre 2019 y 2023. También se ubicó por debajo de los niveles de 2024 y 2025, que ya habían quedado rezagados respecto de ese promedio. El recorrido evidencia un retroceso sostenido desde los picos de 2022 y 2023, cuando las ventas habían alcanzado 0,94 y 0,93 billones respectivamente.
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La caída es generalizada
Las bebidas encabezaron las caídas con una baja interanual del 10,1 por ciento, seguidas por artículos de limpieza y perfumería (-9,2 por ciento), electrónicos y artículos para el hogar (-7,9 por ciento) y alimentos preparados y rotisería (-6,9 por ciento). También retrocedieron almacén (-3,4 por ciento), indumentaria y calzado (-2,2 por ciento), carnes (-1,5 por ciento) y lácteos (-1,3 por ciento). Solo panadería (0,8 por ciento) y verdulería y frutería (3,8 por ciento) mostraron incrementos.
En el conurbano, donde los supermercados exhiben un peor desempeño relativo, las ventas en autoservicios mayoristas también muestran una trayectoria descendente. En enero de 2026, el nivel de ventas se ubicó en torno a 0,13 billones de pesos constantes, en línea con los valores de 2019 y por debajo del promedio de 0,16 billones registrado entre 2019 y 2023. En la comparación interanual, las ventas mayoristas en el Gran Buenos Aires cayeron 3 por ciento, mientras que frente a 2023 la contracción supera el 18 por ciento. La secuencia muestra un descenso sostenido luego de los picos de 2021 y 2022, cuando el nivel de actividad había alcanzado los valores más altos de la serie.
El retroceso del consumo también se refleja en los indicadores anticipados de consumo bancarios. Un informe del Banco Provincia señaló que durante el segundo mes del año el componente consumo en valores constantes aceleró su caída”. Según el relevamiento, la variación interanual de febrero fue de -9,5 por ciento, profundizando el descenso registrado en enero (-7,6 por ciento). El documento agrega que también continuaron en dirección bajista tanto el número de clientes usuarios de productos bancarios como el de las transacciones realizadas en el mercado, lo que da cuenta de una retracción tanto en la cantidad de operaciones como en la base de consumo. En términos desestacionalizados, el consumo mostró una “fuerte baja” y se mantuvo “muy por debajo de los niveles medios de 2023”.
El informe destaca que, en los últimos doce meses, la cantidad de meses con caídas fue igual a la de subas, pero con un nivel general inferior. “El número de bajas mensuales del consumo resultó exactamente igual al de las subas, quedando el valor del índice, sin embargo, muy por debajo de los niveles medios de 2023”, indicó la entidad bancaria bonaerense.
Los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) refuerzan esa tendencia. Las ventas minoristas pyme cayeron 5,6 por ciento interanual en febrero, con una baja más pronunciada en alimentos (-8,7 por ciento). “El descenso de gente en los locales disminuyó el total de operaciones del período. La gestión de stock responde a una demanda de elementos de subsistencia”, señalaron desde la entidad. “El descenso de gente en los locales disminuyó el total de operaciones del período. La gestión de stock responde a una demanda de elementos de subsistencia”, indicaron. Además, remarcaron que “la carencia de dinero en los hogares restringe la cantidad de productos en las compras” y que “la tendencia de los próximos meses quedará sujeta a la paridad entre ingresos y costos”.
El impacto llegó al empleo
El deterioro del consumo ya tiene efectos sobre el entramado productivo y el empleo. El ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, describió un escenario de “disminución de ventas en comercios, suspensión de actividades productivas y un retroceso en la generación de empleo”. Según planteó, estos fenómenos “se observan en múltiples sectores productivos” y están vinculados a las condiciones macroeconómicas.
Un ejemplo claro es el sector panadero, que sirve de referencia del impacto en la economía real por ser un producto emblema y de primera necesidad de la mesa de los argentinos. Desde el Centro de Panaderos de Merlo advirtieron que el consumo de pan cayó 45 por ciento en el primer trimestre del año frente al mismo período de 2025. La contracción afecta tanto a pequeños comercios como a establecimientos de mayor escala.
“Si seguimos así, lamentablemente en lo que va de este 2026 vamos a tener un récord de cierres”, señaló Martín Pinto, referente de la Cámara de Industriales Panaderos. El dirigente precisó que en los últimos dos años cerraron 2.000 panaderías en el país y se perdieron 16.000 puestos de trabajo. Pinto también explicó que “cuando la gente tiene menos plata en el bolsillo, lo primero que se resiente es el consumo en los barrios”, y agregó que la caída en la demanda obliga a reducir la producción y ajustar costos operativos. En ese contexto, las panaderías limitaron su oferta a productos básicos y redujeron el uso de equipamiento para evitar pérdidas.
La situación económica se inscribe en un mercado laboral que ya muestra señales de presión. En el Gran Buenos Aires, la tasa de desocupación se ubica en 8,6 por ciento, mientras que los ocupados demandantes de empleo alcanzan el 16 por ciento y la subocupación el 11,1 por ciento, según datos oficiales.
Todos los indicadores reflejan una combinación de menor creación de empleo y deterioro en la calidad del trabajo disponible. El vínculo entre consumo y empleo aparece como uno de los ejes de la dinámica económica actual. La caída en las ventas reduce la actividad comercial e industrial, lo que a su vez limita la demanda de trabajo. En tanto, la debilidad del mercado laboral impacta sobre el ingreso de los hogares, retroalimentando la contracción del consumo.
