Alquileres por las nubes y salarios por el piso: 4 de cada 10 jóvenes no logran independizarse en Argentina

La emancipación juvenil empeoró y ya alcanza al 39% a nivel nacional: casi dos millones de jóvenes no pudieron mudarse por falta de empleo estable y alquileres que consumen hasta la mitad de los ingresos.

26 de enero, 2026 | 00.05

Vivir solo se convirtió, cada vez más, en un privilegio lejano para la mayoría de las y los jóvenes de nuestro país. En Argentina de 2025, cuatro de cada diez jóvenes de entre 25 y 35 años no logró emanciparse, una proporción que refleja con crudeza el deterioro de las condiciones de vida de una generación entera. La tasa de no emancipación alcanzó el 39% a nivel nacional, lo que equivale a alrededor de 1,8 millones de jóvenes adultos que continúan viviendo en el hogar de origen, principalmente por la imposibilidad de afrontar los costos de un alquiler.

La dificultad para independizarse no responde a una sola causa, sino a la combinación de falta de empleo, salarios bajos y altos niveles de informalidad laboral. Al respecto, el desempleo juvenil duplica al de quienes sí lograron mudarse solos y se suma que los trabajadores de esta franja etaria ganan, en promedio, un 10% menos que el conjunto de la Población Económicamente Activa (PEA), mientras que la informalidad alcanzó al 36%.

En este escenario, con alquileres y servicios públicos en alza, los jóvenes deben destinar al menos la mitad de sus ingresos mensuales para pagar un techo, una carga que vuelve inviable cualquier proyecto de autonomía. El resultado es una tendencia que se profundiza año tras año: la emancipación juvenil retrocede, la población inquilina crece y la imposibilidad de acceder a una vivienda propia ya no es una excepción, sino la verdadera herencia que atraviesa generaciones.

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Jóvenes: la imposibilidad de vivir solos

En nuestro país, la población inquilina se ubica en torno al 20,0% del total, y si bien el acceso a la vivienda se ha transformado en una problemática generalizada, lo cierto es que afecta con más intensidad a algunos segmentos por sobre otros. Tal es el caso de las y los jóvenes que enfrentan serias dificultades para, con sus ingresos, poder acceder a un techo donde vivir. Así lo reflejó un relevamiento privado que con los números cerrados del 2025 mostró que al menos 4 de cada 10 jóvenes de entre 25 y 35 años no lograron emanciparse en nuestro país, esto es en torno a 2,0 millones de personas que continuaban viviendo con padres o abuelos por la imposibilidad de vivir solos.

De esta manera, la tasa de no emancipación alcanzó el 38,3% a nivel nacional, un valor por arriba de 2024 (+0,5 puntos) y da cuenta de una problemática cada vez más estructural: 1,8 millones de jóvenes adultos continúan viviendo en el hogar de origen, postergando su autonomía residencial. “Esta cifra representa un desafío que se arrastra desde décadas pasadas, reflejando dificultades para acceder a una vivienda plena”, anticiparon a este medio desde Tejido Urbano, organización que viene relevando anualmente la situación de la emancipación juvenil en Argentina. 

Los datos ponen sobre la mesa que el fenómeno de jóvenes que no logran independizarse se ha transformando en una problemática persistente que, a la par, muestra diferencias según cada provincia del país. Al respecto, el mapa de la emancipación juvenil muestra profundas desigualdades regionales: “el Norte Grande y Gran Buenos Aires son los más afectados ya que concentran las tasas más altas de no emancipación. Se observan también deterioros significativos en Salta, Santiago del Estero, Chaco y Formosa, consolidando un patrón de rezago estructural”, detalló la organización. 

Por un lado, se identifican aquellas provincias cuya tasa de jóvenes no emancipados se ubicó por arriba del promedio nacional (38,1%): Santiago del Estero (64,8%), Salta (63,7%), Catamarca (56,4%), La Rioja (49,9%), Formosa (48,9%), Chaco (48%), San Jun (47,3%), Jujuy (46,5%), San Luis (43,7%), Corrientes (43,1%), y PBA (38,5%).

Entre las provincias con una tasa debajo del promedio nacional se registraron “algunos avances relativos” como sucedió en Mendoza (tasa de no emancipación: 38,2%) y Entre Ríos (37,3%), mientras que otras exhibieron empeoramientos leves pero persistentes, aunque aún debajo del promedio del país, como CABA (24,8%), Río Negro (33,2%) y Santa Cruz (32,3%). También se ubicaron en esta parte de la tabla Tierra del Fuego (20,7%), La Pampa (27,4%), Santa Fe (30,3%), Córdoba (31,6%), Chubut (32,1%), Misiones (34,5%) y Neuquén (35,8%). 

“En este contexto, la postergación de la emancipación no es solo un fenómeno demográfico o cultural, es una señal de alerta sobre la dificultad del sistema económico y habitacional para integrar a una generación entera”, expresaron desde Tejido urbano.

Entre las razones de esta problemática, el centro de estudios puso la lupa en cuestiones socioeconómicas del segmento etario. En primer lugar, el acceso al empleo sigue siendo una condición central para la emancipación, pero no suficiente. “La desocupación juvenil (25–35 años) es 1,5 puntos porcentuales superior a la del total de la Población Económicamente Activa (PEA), entre quienes sí se emanciparon, la desocupación cae al 5,3% pero entre quienes no lograron emanciparse, asciende al 10,1%, el doble”, remarcaron. A su vez, entre quienes lograron emanciparse aumentó de manera significativa la participación del cuentapropismo que es, de hecho, la única categoría laboral que logra crear empleo en nuestro país, según los últimos datos oficiales. La contracara es la calidad del empleo: la informalidad juvenil alcanza el 36,0%.

En cuanto a los ingresos, el informe señaló que, en términos generales, los jóvenes de 25 a 35 años ganan un 10% menos que el promedio de la PEA. Sin embargo, al diferenciar por emancipación, aquellos que lograron emanciparse ganan el doble que quienes no pudieron hacerlo. Por último, en el caso de quienes en esa franja etaria continúan estudiando, “tienen el doble de probabilidad de seguir viviendo en el hogar de sus padres”. 

Alquileres por las nubes

Otra cara del problema de la emancipación juvenil tiene que ver con el costo al alza de los servicios públicos y de los alquileres, que resultan clave a la hora de evaluar la posibilidad de vivir de manera independiente. Concretamente, la disparada de precios por arriba de la inflación general llevó a un aumentó el peso del alquiler en el bolsillo, al punto de asfixiar los ingresos. Según la última Encuesta Nacional Inquilina (diciembre 2025), a dos años de la entrada en vigencia del DNU 70/2023, que incluyó entre uno de los puntos centrales la derogación de la Ley Nacional de Alquileres, el 25% de las y los inquilinos destina entre el 60% y el 100% de su sueldo al alquiler.

Esto ocurrió porque, con salarios deprimidos, los precios de los alquileres subieron por encima de la inflación en todas las regiones del país y las expensas pasaron de representar del 10% al 25% de los ingresos. De acuerdo con los últimos datos del cierre del 2025 los alquileres más que duplicaron el aumento de la inflación nacional: 70,3% versus 31,5%.

A lo largo y ancho del país se repitió el mismo comportamiento: En GBA el alquiler en 2025 exhibió una suba del 70,8% mientras que la inflación creció 31,7% en el año. En la Región Pampeana fue 83,1% versus 31,5% en tanto la Región Noreste registró un alza del alquiler del 108,7% muy por arriba del 31,4% de inflación. Por su lado, en el Noroeste la variación fue 100,9% versus 28,8% y en Cuyo, los alquileres se incrementaron 90,9% contra una inflación de 31,7%. Por último, en la Patagonia la relación fue 120,3% contra 32,9%, respectivamente.

"Según datos oficiales del INDEC, el alquiler de vivienda triplica o cuadruplica -según la región- al índice general de precios. Esto sucede desde que el mercado inmobiliario puede fijar las condiciones sin ningún tipo de regulación desde el decreto 70/23", analizaron desde el espacio de Inquilinos Agrupados que realiza el relevamiento nacional. 

Por su parte, un estudio llevado a cabo por el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO) señaló que, en la Ciudad de Buenos Aires, la mediana de un departamento de un ambiente se ubicó en el primer mes del 2026 en $550.000, lo que implica una suba mensual del 10,0%, similar a lo relevado en Rosario (Santa Fe) donde indicaron que el precio de un departamento similar se ubicó en $350.000 (+9,4% mensual). En los dos casos se trata de un comienzo de año con alzas de alquileres por arriba de la inflación esperada que, anticipan consultoras, podría ubicarse en torno al 2,5%

“En términos interanuales, el 2026 continua con incrementos en los precios de oferta de los alquileres superiores a la inflación esperada. Las diferencias superan los 20 puntos porcentuales”, alertaron desde el CESO al respecto. 

Ingresos por el piso

Considerando el alza sostenida de los precios del alquiler, la pregunta sobre qué salario alcanza para pagar un techo donde vivir resuena con fuerza. Los números responden solos: un salario mínimo ($341.000; -35,2% versus nov/23) no alcanza ni para cubrir el pago total mensual de un monoambiente en los principales distritos del país. Lo mismo sucede en el caso de un jubilado que tiene un haber mínimo ($419.000) no llega o debe gastar (en el caso de Rosario) el 80% del mismo en ese alquiler, sin contar expensas ni servicios. De esta manera, la magra situación de los ingresos de los hogares es la otra cara del cada vez más alarmante problema para acceder a una vivienda en alquiler en nuestro país. 

Lo anterior explica por qué el 46% de los inquilinos se vio obligado a buscar más de un trabajo para intentar cubrir los gastos de subsistencia cotidiana (Encuesta Nacional Inquilina) y, peor aún, al cierre del 2025 el 15% había perdido su empleo y la desocupación ya había alcanzado al 4,1% de quienes alquilan. En el caso de los adultos mayores, resultan particularmente afectados ya que creció de manera significativa el porcentaje de hogares sostenidos por personas mayores de 60 años que deben seguir trabajando para complementar ingresos, según un informe de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ). En este panorama, el 80% de los hogares inquilinos del país se vio obligado a endeudarse para pagar el alquiler, aunque a costa de que se acumulen deudas con prestamistas y en el pago de otro tipo de servicios. 

Por último, la postergación de la emancipación juvenil no es una elección individual ni una cuestión cultural, sino el síntoma de un modelo económico y habitacional que expulsa a las nuevas generaciones del derecho a un techo propio. Con salarios que no alcanzan, empleos inestables y alquileres que absorben la mayor parte de los ingresos, vivir solo se volvió un derecho inalcanzable para millones de jóvenes del país.