Durante años, la bondiola fue uno de los cortes que explicó el crecimiento del consumo de cerdo en Argentina. Sin embargo, bajo el modelo económico de Javier Milei, ese equilibrio se rompió. El avance de las importaciones, la presión sobre los precios internos y un mercado interno debilitado terminaron castigando a un producto que había logrado posicionarse en la mesa y la parrilla. Un informe sectorial advierte sobre un “bondiolicidio” con efectos estructurales.
"Ministério de Agricultura", una denominación en portugués que se puede leer con cada vez más frecuencia en las etiquetas de las bondiolas, un corte que no siempre fue protagonista. Durante décadas se destinó casi exclusivamente a la elaboración de fiambres curados y su valor comercial era bajo. Recién a comienzos de los años 2000 comenzó a venderse como corte fresco para parrilla, una innovación que tuvo una respuesta inmediata del público y permitió mejorar de manera significativa el precio del cerdo en su conjunto.
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Ese cambio fue clave para equilibrar la media res: el mayor valor de la bondiola compensaba la baja demanda de otros cortes menos atractivos y fortalecía al mercado interno. Incluso en momentos críticos, como la crisis sanitaria de la gripe A en 2009, el consumo de bondiola se mantuvo firme, a diferencia de otros productos porcinos.
El quiebre: importaciones y distorsión de precios
El informe de la consultora JLU, estrechamente vinculada a los productores porcinos nacionales, identificó un punto de inflexión claro: el ingreso de bondiola importada vendida como producto fresco, auge en la era Milei. Lo que comenzó como una práctica aislada se transformó en un fenómeno masivo. Hoy, según el relevamiento, la bondiola representa cerca del 50% del total de las importaciones de carne de cerdo.
Este proceso resultó altamente rentable para los importadores, con márgenes brutos elevados por contenedor, pero generó consecuencias profundas en el mercado interno. La mayor oferta presionó los precios a la baja y rompió la relación histórica entre la bondiola y otros cortes como el pechito, deteriorando la rentabilidad de los productores locales.
El impacto en el mercado interno
La caída del precio relativo de la bondiola refleja, según el informe, cómo se “bastardeó” un negocio que había logrado una integración más eficiente del cerdo. En enero de 2026, grandes supermercados ofrecieron bondiola congelada importada —principalmente de Brasil— con largos plazos de vencimiento, en un contexto de ventas débiles y sobrestock.
Este escenario se da en paralelo a un modelo económico que incentivó las importaciones y enfrió el consumo, afectando de lleno a productos que dependen del mercado interno. La bondiola, símbolo del crecimiento del cerdo en la última década, quedó atrapada entre la pérdida de poder de compra y la competencia externa.
La experiencia muestra que abrir indiscriminadamente las importaciones puede destruir equilibrios construidos durante años. Para el sector porcino, el desafío es evitar que se repita este proceso y repensar cómo proteger la producción local sin resignar competitividad.
El 2025, año de aluvión de importados
El cierre de 2025 dejó un diciembre que profundizó la tendencia observada desde la segunda mitad del período: los costos de producción volvieron a crecer a un ritmo muy superior al del precio del cerdo en pie. Mientras el valor del animal aumentó 17,8% en el conjunto del año, los costos se incrementaron 51,9%, ampliando de manera significativa el desfasaje económico del sector.
En términos regionales, Argentina continúa mostrando un precio del cerdo en pie relativamente competitivo. Sin embargo, dejó de ubicarse en el nivel más bajo, posición que actualmente ocupan Estados Unidos, Canadá y España. En este último caso, la baja de precios está directamente vinculada al impacto de la Peste Porcina Africana (PPA) sobre el comercio internacional.
Aun así, la competitividad argentina se diluye al analizar los cortes, debido al bajo valor de recupero de menudencias y productos de menor demanda. Como resultado, los cortes importados desde Brasil siguen ingresando al mercado local con precios atractivos.
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En el frente comercial, los precios al consumidor de los cortes porcinos aumentaron durante diciembre y cerraron el año con subas superiores a la inflación y al promedio de los alimentos. No obstante, el encarecimiento de la carne vacuna fue prácticamente el doble, dando lugar a una situación inédita: en promedio, la carne de cerdo se comercializa a menos de la mitad del valor de los mismos cortes bovinos. Esta brecha consolida la percepción del cerdo —al igual que el pollo— como una alternativa accesible para el consumo masivo.
La dinámica de las importaciones agravó este escenario. En algunos cortes específicos, el volumen importado creció 184% interanual, afectando de manera directa el valor de la media res producida localmente. Según JLU, si las importaciones se hubieran mantenido en los niveles del año previo, los precios al público no habrían sido mayores, pero los productores y los matarifes habrían contado con un marco financiero más equilibrado.
