La aceleración del dólar durante junio volvió a instalar en el centro del debate económico una discusión que el Gobierno intenta minimizar desde hace meses: la sostenibilidad del esquema cambiario y el creciente atraso del tipo de cambio frente a la inflación acumulada. En ese contexto, las declaraciones del economista Juan Carlos de Pablo, uno de los analistas más escuchados por el presidente Javier Milei y habitual defensor de la orientación general del programa económico, resultaron llamativas porque, aun cuando buscó relativizar la reciente suba de la divisa estadounidense, terminó reconociendo implícitamente el fuerte rezago que arrastra el dólar oficial frente a los precios de la economía.
La cotización mayorista acumuló una suba cercana al 5 por ciento durante junio, un movimiento que generó inquietud en distintos sectores financieros y empresariales luego de varios meses de relativa estabilidad. Sin embargo, el dato más significativo surge al observar la evolución del tipo de cambio en perspectiva: en lo que va del año el dólar oficial aumentó apenas 1,5 por ciento, mientras que la inflación acumulada hasta mayo alcanzó el 14,7 por ciento.
Esa diferencia constituye uno de los argumentos utilizados por economistas, industriales y exportadores para advertir sobre un proceso de apreciación cambiaria que encarece los costos en dólares de la economía argentina y deteriora la competitividad de diversos sectores productivos.
MÁS INFO
Durante un seminario virtual organizado por la empresa Planexware, De Pablo intentó bajar el tono de las preocupaciones. "Si tenemos inflación, que se mueva el tipo de cambio nominal no es para suicidarse. Desde el Gobierno deben estar pensando que no van a competir con una demanda circunstancial. Más allá de eso, todavía estamos muy lejos de la parte superior de la banda que obligaría al Banco Central a vender", sostuvo.
Sin embargo, el propio razonamiento del economista deja expuesta una contradicción que atraviesa la estrategia oficial. Si la inflación continúa avanzando a una velocidad superior a la del dólar, la consecuencia inevitable es una pérdida de competitividad cambiaria que termina generando presiones sobre el mercado. De Pablo atribuyó parte de la mayor demanda de divisas al cobro del medio aguinaldo, una explicación que también circula entre funcionarios y operadores financieros. "Parte de la mayor demanda de divisas podría estar vinculada al cobro del medio aguinaldo", indicó durante la exposición.
La compra de dólares por parte de particulares puede estar vinculada a factores estacionales, pero también refleja la persistencia de dudas respecto de la evolución futura del tipo de cambio. La historia económica argentina muestra que cuando la inflación supera durante períodos prolongados la evolución del dólar, tarde o temprano aparecen tensiones que obligan a corregir desequilibrios acumulados.
La cuestión del atraso cambiario se volvió particularmente sensible porque coincide con una recuperación parcial de la actividad económica y con una apertura comercial que incrementa la competencia de productos importados. Para numerosos sectores industriales, el problema ya no se limita a la rentabilidad exportadora sino que alcanza incluso al mercado interno."No soñemos con que el dólar pueda irse a $6000 porque no va por ahí. No sueñen con una devaluación y enfoquen los cañones en los elementos que están fuera de control", afirmó ante empresarios que participaron del encuentro.
