Una familia tipo necesitó en abril más de 1,5 millones de pesos para no ser considerada pobre y más de 665 mil pesos para no caer debajo de la línea de indigencia, según informó el INDEC. De acuerdo con el organismo oficial, la Canasta Básica Total (CBT) aumentó 2,5% durante abril y alcanzó un valor de 1.545.872 pesos para un hogar integrado por un varón de 35 años, una mujer de 31, un hijo de 6 años y una hija de 8 años. En tanto, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que marca el umbral de indigencia, subió 1,1% y se ubicó en 665.053 para esa misma familia.
De acuerdo con el informe oficial, ambas canastas registraron además un incremento interanual de 32,4%, en un contexto donde la pérdida de poder adquisitivo continúa erosionando el consumo de los hogares. El dato apareció en paralelo con el informe de inflación de abril, que marcó una suba mensual de 2,6% en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y un acumulado de 12,3% en lo que va del año. Aunque el índice general desaceleró respecto de meses anteriores, la estructura de aumentos volvió a mostrar fuertes incrementos en servicios regulados y gastos fijos del hogar.
El propio INDEC señaló que “los precios Regulados (4,7%) tuvieron el mayor incremento debido al aumento de transporte y electricidad”. También indicó que el IPC núcleo avanzó 2,3% impulsado por “Alquiler de la vivienda y gastos conexos y en Restaurantes y comidas fuera del hogar”. La diferencia entre la evolución de las canastas y el índice general permite observar que mientras algunos rubros de alimentos moderan parcialmente sus aumentos por la caída del consumo, los servicios esenciales siguen absorbiendo una mayor proporción de los ingresos familiares.
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En abril, el rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 1,5%, por debajo del promedio general. Sin embargo, Transporte avanzó 4,4%; Educación, 4,2%; Comunicación, 4,1%; y Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, 3,5%. Eso significa que buena parte del alivio estadístico de la inflación mensual estuvo asociado a una moderación relativa de alimentos, mientras los gastos fijos siguieron aumentando muy por encima del promedio. La Canasta Básica Total no mide únicamente alimentos sino también otros bienes y servicios indispensables, como transporte, educación, salud, indumentaria y tarifas. Por eso, aun cuando la inflación alimentaria desacelera parcialmente, la CBT sigue reflejando el efecto de aumentos en servicios regulados y costos fijos.
El impacto en el consumo
El deterioro del poder adquisitivo y el cambio en la estructura del gasto familiar también aparecen reflejados en distintos relevamientos privados. Un informe de la Fundación COLSECOR advirtió que “la Canasta Alimentaria mostró en abril un alza promedio de 2,8% en las localidades que monitorea la Fundación COLSECOR, acumulando un aumento de 16,1% en los primeros cuatro meses del año”. La diferencia respecto de los datos oficiales del INDEC vuelve a mostrar las tensiones que persisten sobre los precios de alimentos en distintos puntos del país, especialmente en localidades del Interior.
El informe además vinculó el encarecimiento de los productos básicos con la caída del consumo. Según datos relevados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), “las compras de Alimentos y Bebidas por parte de las familias cayeron 4,6% en todo el país”. La entidad señaló que el consumo en “el rubro Alimentos y bebidas registró en abril una retracción del 3,1% en relación a igual mes del año pasado, lo que llevó a acumular una merma de 4,6% en el primer cuatrimestre de 2026”.
En ese contexto, la caída del consumo aparece directamente asociada a la pérdida de ingresos reales y al aumento de gastos fijos. El informe sostuvo que “la pérdida del poder adquisitivo de las familias y el cambio en la estructura de gastos fijos del hogar” derivó en un mayor peso de servicios y alquileres dentro del presupuesto familiar. La propia CAME explicó que “esta evolución se fundamenta en la contracción del ingreso disponible y el incremento de costos fijos operativos, principalmente en servicios y arrendamientos”.
Según el relevamiento, “se detecta una migración de la demanda hacia segundas marcas y una reducción del volumen físico por ticket”. Además, indicó que existe “una tendencia hacia el abastecimiento diario y la compra de productos fraccionados para optimizar el presupuesto”. En otras palabras, aun con una inflación que desacelera respecto de los picos más altos del último año, el consumo sigue condicionado por ingresos deteriorados y por un esquema de gastos esenciales que absorbe una parte creciente de los salarios y jubilaciones.
La Fundación COLSECOR también calculó cuánto necesitó cada tipo de hogar para cubrir sus necesidades alimentarias mínimas durante abril. Una familia tipo integrada por dos adultos y dos menores demandó 624.972 pesos.
