El mapa oculto de la informalidad: dónde se esconde el empleo sin registrar

Una radiografía profunda del mercado laboral revela que casi la mitad del empleo en negro se concentra dentro de empresas legalmente constituidas. Cómo es el mundo de quienes no cobran aguinaldo.

11 de junio, 2026 | 11.57

La informalidad laboral ya no responde al viejo mito de las fábricas clandestinas instaladas en la periferia profunda. Según el último informe del  Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), basado en los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, el fenómeno alcanza al 43,3% de los trabajadores ocupados del país. Sin embargo, el dato más disruptivo es que casi la mitad de este universo se desempeña en empresas formales que evaden sus obligaciones básicas.

El estudio expone una "intuición invertida" en el mercado de trabajo: el 46,9% de los asalariados que padecen la informalidad trabaja para organizaciones que están inscriptas, operan a la luz del día y conocen las normativas vigentes, pero eligen no declarar a su personal.

Frente a este universo de evasión pura, el mapa distingue un 21,4% de trabajadores insertos en una informalidad estructural de subsistencia. En este segundo segmento se ubican las unidades productivas no registradas, donde el empleo precario convive con una baja productividad y lógicas de vulnerabilidad extremas.

La pequeña escala como el común denominador

El factor determinante donde se reproduce el trabajo no registrado en Argentina es el tamaño del establecimiento. Al menos el 68,9% de los asalariados sin aportes se desempeña en comercios, talleres o empresas de hasta diez trabajadores.

La fragmentación del fenómeno según el tamaño de la firma demuestra dos comportamientos bien diferenciados:

  • En el sector informal (no registrado): La precariedad está casi monopolizada por las microempresas, ya que el 79% de los asalariados trabaja en lugares de hasta 5 personas.

  • En el sector formal (registrado que evade): La desprotección se distribuye de manera más pareja, afectando a un 41% en microempresas y trepando al 48,5% en establecimientos de entre 6 y 10 empleados.

Radiografía sectorial y regional: los focos rojos del empleo en negro

El mapa de la precariedad laboral no golpea de forma homogénea a las distintas actividades productivas ni a los territorios. El análisis sectorial confirma que el sector de la construcción lidera la tasa de informalidad asalariada mercantil con un preocupante 68,8%, seguido muy de cerca por el rubro de hoteles y restaurantes (55,9%) y el comercio minorista y mayorista (45,3%). Todos estos sectores coinciden con un patrón común: una altísima concentración de firmas de pequeña escala.

A nivel geográfico, el norte del país muestra los indicadores más críticos. El Noroeste Argentino (NOA) encabeza el ránking nacional con una tasa del 46,3%, escoltado por la región de Cuyo con un 46,1% y el Noreste (NEA) con el 40,4%. En la otra esquina, la Patagonia —gracias al peso de actividades extractivas reguladas como la minería y el petróleo— exhibe el índice más bajo del país, blindando su mercado con un 19,9% de precariedad. Sin embargo, por densidad poblacional, el Gran Buenos Aires concentra de manera absoluta el 53,3% del total de los asalariados no registrados de la Argentina.

Cuentapropistas y la brecha del salario

El universo de los trabajadores independientes también muestra fracturas internas expuestas en la investigación. Aunque la tasa de informalidad entre los cuentapropistas es la más alta del sistema (alcanza al 64,8%), el volumen total de personas afectadas es menor que el de los trabajadores dependientes. Esto se explica porque siete de cada diez ocupados en el país bajo el régimen urbano son asalariados.

La disparidad educativa en este segmento es el reflejo directo de la desigualdad en el salario y los ingresos. Mientras que el 50,7% de los cuentapropistas informales no logró terminar el secundario —quedando atrapado en estrategias de subsistencia—, existe un 18,4% con estudios superiores o universitarios completos que opera bajo la lógica del "escape", eligiendo la autonomía económica debido a que perciben que el retorno de los aportes al sistema de seguridad social tradicional se encuentra fuertemente devaluado.

En este escenario, la reforma laboral propiciada por el Gobierno apunta a perpetrar las condiciones de este universo bajo la premisa de conformar una "nueva" formalidad que se rija con los preceptos del mundo sin registrar.