Las principales empresas que operan en la Argentina proyectan para 2026 aumentos salariales prácticamente empatados con la inflación esperada, en un contexto en el que la inflación no logra desacelerarse. El dato surge de un relevamiento privado realizado sobre 510 compañías de distintos sectores económicos, que muestra una mediana de incremento salarial anual de 26 por ciento, exactamente el mismo porcentaje que las firmas estiman para la inflación del año.
El resultado refleja un cambio respecto de los años de aceleración inflacionaria, cuando las empresas proyectaban aumentos salariales muy por debajo de los precios o debían reabrir negociaciones de manera permanente. Sin embargo, también confirma que el escenario que domina entre las compañías no es de recuperación del poder adquisitivo sino, en el mejor de los casos, de estabilización luego del fuerte deterioro registrado en los últimos años.
Cuánto aumentarán los salarios en 2026
La segunda edición del informe de Tendencias de Incrementos Salariales en Argentina de Mercer, consultora global de Marsh, muestra además que las empresas esperan una desaceleración marcada de las recomposiciones salariales durante el segundo semestre. Mientras para la primera mitad del año la mediana proyectada de aumentos alcanza el 13 por ciento, para la segunda baja al 10 por ciento. El promedio también desciende de 14 a 11 por ciento entre ambos períodos. La lectura empresaria es que la inflación continuará desacelerándose y que eso permitirá moderar el ritmo de ajustes salariales.
La dinámica coincide con la estrategia oficial de utilizar la desaceleración inflacionaria como ancla para las negociaciones paritarias. En los últimos meses, el Ministerio de Economía encabezado por Luis Caputo intervino en distintas negociaciones sectoriales para evitar acuerdos por encima de las pautas pretendidas por el Gobierno. La intención oficial es impedir que los salarios funcionen como un factor de presión adicional sobre los precios y sostener así el proceso de desinflación.
Sin embargo, la estabilidad proyectada por las empresas convive con una economía todavía muy heterogénea y con amplios sectores donde los ingresos continúan rezagados frente al costo de vida. El relevamiento muestra que las compañías evitan mecanismos automáticos de actualización y optan mayoritariamente por esquemas flexibles. El 61 por ciento respondió que utiliza una “combinación de varios enfoques” para definir aumentos salariales, mientras sólo el 11 por ciento afirmó trasladar la inflación en un 100 por ciento.
Ese dato resulta significativo porque muestra que la mayoría de las empresas intenta administrar salarios combinando variables de mercado, situación financiera interna, expectativas macroeconómicas y negociaciones particulares. Apenas el 13 por ciento indicó que define incrementos únicamente según encuestas de mercado, mientras otro 6 por ciento señaló que aplica convenios colectivos a trabajadores fuera de convenio.
Las empresas que más van a aumentar (y las que menos)
Las casas matrices proyectan una mediana de aumento salarial de 27 por ciento, frente a 25 por ciento en subsidiarias. Además, el 32 por ciento de las compañías de tipo casa matriz otorgará tres aumentos durante el año, mientras en subsidiarias el porcentaje llega al 34 por ciento. El relevamiento destaca que, respecto de la edición anterior, las matrices redujeron en un punto porcentual sus incrementos proyectados mientras las subsidiarias los elevaron levemente.
La composición sectorial del estudio también ayuda a entender las prioridades empresarias. Las actividades con mayor representación dentro de la muestra son consumo masivo, con 14 por ciento; high tech, con 12 por ciento; y ciencias de la vida, con 11 por ciento. Luego aparecen energía y servicios, ambos con 9 por ciento, seguidos por manufactura y maquinaria, retail y automotrices.
La fuerte presencia de sectores ligados a tecnología, servicios y consumo refleja el peso creciente de actividades vinculadas a perfiles profesionales calificados y empresas con mayor capacidad de planificación salarial. En cambio, sectores tradicionales como bancos o packaging apenas representan el 1 por ciento de las respuestas.
Pese a las diferencias sectoriales, el patrón general es similar: las empresas esperan un año de desaceleración inflacionaria, pero no proyectan una recomposición significativa del salario real. Incluso en ramas donde los aumentos salariales aparecen algo por encima de la inflación esperada, la mejora proyectada es limitada y muy heterogénea entre compañías.
Otro aspecto relevante del relevamiento es la consolidación de esquemas salariales fragmentados durante el año. Abril aparece como el principal mes de otorgamiento de aumentos, concentrando el 42 por ciento de las revisiones salariales. Luego aparecen octubre, con 23 por ciento, y marzo, con 19 por ciento. La lógica empresaria parece orientada a distribuir ajustes en distintos momentos del año para evitar grandes recomposiciones acumuladas y mantener mayor margen de maniobra frente a la evolución de la inflación.
Aumentos por industria
Los datos del informe muestran una diferencia importante entre sectores respecto de las expectativas de inflación y de las pautas salariales proyectadas para 2026. Aunque en todos los casos las empresas prevén aumentos de salarios por debajo o apenas en línea con la inflación esperada, aparecen matices vinculados con la rentabilidad, la capacidad de trasladar costos a precios y el nivel de actividad de cada rama.
El sector agropecuario aparece entre los que manejan expectativas inflacionarias más elevadas. El promedio esperado de inflación anual se ubica en 27 por ciento, mientras que el percentil 75 llega a 30 por ciento. También se observa una desaceleración marcada entre el primer y el segundo semestre: los incrementos salariales promedio pasan de 14 a 12 por ciento. Esa dinámica refleja que las empresas descuentan una baja de la inflación mensual hacia fin de año y buscan adelantar parte de las recomposiciones.
La industria automotriz y autopartista presenta un comportamiento similar, aunque con algo más de cautela. El promedio de inflación esperado es de 27 por ciento, mientras que el aumento salarial anual proyectado ronda el 28 por ciento. Pero la mediana salarial anual sube a 29 por ciento, lo que sugiere que buena parte de las empresas prevé otorgar ajustes levemente superiores a la inflación.
Los bancos son el sector más alineado con la desaceleración inflacionaria esperada. Se trata del rubro con menores expectativas de inflación: entre 25 y 28 por ciento según los distintos percentiles. Al mismo tiempo, las proyecciones salariales son las más homogéneas de toda la muestra. La mediana de incremento anual es de 29 por ciento y prácticamente no hay dispersión en los datos del segundo semestre, donde todas las estimaciones giran en torno al 11 por ciento.
En contraste, el sector de ciencias de la vida vinculado a la biotecnología muestra las expectativas inflacionarias más bajas de toda la muestra. El promedio esperado de inflación anual es de 23 por ciento y la mediana salarial anual se ubica en 22 por ciento, es decir, apenas por debajo de la inflación proyectada.
El caso de dispositivos y equipamiento médico introduce otra dinámica dentro de las ciencias de la vida. Allí las expectativas inflacionarias son considerablemente más altas que en biotecnología: el promedio esperado llega a 27 por ciento y la mediana a 29 por ciento. Pero, además, las empresas proyectan aumentos salariales anuales más elevados, con una mediana de 31 por ciento.
El sector farmacéutico aparece en una posición intermedia dentro de las ciencias de la vida. Las compañías prevén una inflación promedio de 25 por ciento anual y proyectan incrementos salariales en el mismo nivel. La mediana tanto de inflación como de aumentos anuales coincide en 25 por ciento, lo que muestra una estrategia bastante alineada con la expectativa macroeconómica. Si
En consumo masivo se observa un comportamiento similar, aunque con algo más de tensión vinculada a la evolución del mercado interno. Las empresas proyectan una inflación promedio de 26 por ciento y aumentos salariales anuales también de 26 por ciento. A primera vista, esto implica salarios empatando contra la inflación esperada.
El complejo energético vinculado a oil & gas exhibe una dinámica distinta. Aunque las expectativas de inflación son similares a las de consumo masivo —un promedio de 26 por ciento—, las proyecciones salariales muestran mayor dispersión y un sesgo más conservador. La mediana de aumentos anuales se ubica en 24 por ciento, por debajo de la inflación esperada, aunque el percentil 75 llega a 32 por ciento.
En las otras ramas de energía aparece uno de los comportamientos más contractivos del relevamiento. Las empresas proyectan una inflación promedio de 27 por ciento, pero los aumentos salariales anuales apenas llegan a 24 por ciento en promedio. Es decir, el sector anticipa una pérdida del salario real cercana a tres puntos.
El caso fintech resulta probablemente el más significativo del conjunto porque muestra una ruptura respecto de la imagen expansiva que históricamente tuvo el sector tecnológico. Las firmas de tecnología financiera esperan una inflación promedio de 24 por ciento, pero proyectan aumentos salariales anuales de apenas 22 por ciento. La mediana salarial anual se ubica en 23 por ciento, también por debajo de la inflación esperada. Más aún, el primer semestre muestra subas moderadas —12 por ciento de mediana— y el segundo semestre prácticamente consolida el congelamiento relativo de salarios, con apenas 9 por ciento.
Los sectores vinculados a tecnología, telecomunicaciones e ingeniería muestran una de las mayores dispersiones del relevamiento y permiten observar cómo actividades asociadas históricamente a salarios altos empiezan a mostrar señales de desaceleración y mayor cautela. Aunque la mayoría de las empresas todavía proyecta incrementos salariales relativamente elevados en comparación con otras ramas de la economía, el panorama ya no refleja el dinamismo que caracterizó a estos sectores en los últimos años.
Las telecomunicaciones presentan un escenario diferente. Se trata de uno de los sectores con expectativas inflacionarias más elevadas del segmento tecnológico: la mediana llega a 29 por ciento y el promedio a 26 por ciento. En ese contexto, las compañías proyectan aumentos salariales anuales de 26 por ciento promedio y 27 por ciento de mediana, es decir, prácticamente en línea con la inflación. Lo llamativo es que las recomposiciones se distribuyen de manera bastante uniforme entre ambos semestres, a diferencia de la mayoría de las actividades analizadas. Eso sugiere que las empresas prevén mantener negociaciones salariales más constantes durante todo el año, posiblemente debido a convenios laborales más estructurados y a la necesidad de sostener operaciones críticas de infraestructura y servicios.
En servicios y soluciones de asesoría de tecnología informática aparece una de las mayores contradicciones del relevamiento. Las empresas esperan una inflación promedio de 27 por ciento, con una mediana de 30 por ciento, pero proyectan aumentos salariales muy heterogéneos. Aunque el promedio anual también alcanza 27 por ciento, la mediana salarial cae a 23 por ciento. Esa brecha entre promedio y mediana indica que existen algunas compañías dispuestas a otorgar aumentos muy altos —reflejados en el percentil 75 de 31 por ciento— mientras una parte importante del sector se mueve bastante por debajo de la inflación esperada.
El caso de ingeniería y construcción sobresale por presentar las expectativas inflacionarias más elevadas de todos los sectores relevados. El promedio esperado asciende a 32 por ciento anual y el percentil 75 llega a 35 por ciento. Sin embargo, los aumentos salariales proyectados se ubican claramente por debajo: 27 por ciento promedio y mediana. Esto implica una pérdida salarial estimada de alrededor de cinco puntos respecto de la inflación esperada, una de las más fuertes del estudio.
La manufactura de maquinaria presenta una dinámica algo más favorable para los salarios. Con una inflación esperada promedio de 26 por ciento y aumentos salariales anuales también de 26 por ciento, el sector apunta a sostener el poder adquisitivo sin grandes pérdidas. La mediana coincide en ambos indicadores, mostrando una política relativamente homogénea.
El sector químico, aunque aparece incompleto en los datos disponibles, ya deja entrever algunas tendencias relevantes. Las expectativas inflacionarias promedio alcanzan 27 por ciento, por encima de buena parte de la industria manufacturera. Además, el primer semestre proyecta aumentos de alrededor de 10 por ciento o más, lo que sugiere una estrategia de recomposición inicial relativamente fuerte. La química suele combinar fuerte dependencia de insumos dolarizados con alta sensibilidad a la demanda industrial y agropecuaria, por lo que probablemente mantenga una política salarial intermedia entre la cautela y la necesidad de preservar personal técnico especializado.
Logística y maquinaria ocupan una posición intermedia. Ninguno de los dos proyecta mejoras salariales significativas, pero tampoco exhiben el deterioro marcado que muestran construcción, fintech o medios. Ambos sectores parecen apostar a sostener salarios relativamente alineados con la inflación, aunque con un segundo semestre mucho más moderado.
