En el celular leés que Camila está en camino, pero cuando salís a recibir el pedido te encontrás con un hombre, o viceversa. Es algo usual en el sistema de aplicaciones de reparto, amplificado al máximo en medio de la crisis económica generada por el Gobierno. Este caso es, tal vez, el más notorio dentro de un mercado informal de cuentas que expone la precarización de los precarizados.
Según denuncian las agrupaciones gremiales del sector, miles de repartidores en Argentina enfrentan a diario la suspensión repentina de sus perfiles por fallos del sistema o decisiones unilaterales de las plataformas. Esta situación, combinada con la urgencia económica, impulsó un circuito informal de alquiler de cuentas de delivery que opera sin control, afectando a trabajadores que quedan al margen del sistema sin posibilidad de defensa.
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Cómo funciona el mercado negro de cuentas de delivery
La dinámica del mercado paralelo de las apps de delivery comienza habitualmente tras una sanción o inhabilitación inesperada. Cuando las plataformas desactivan un usuario, la imposibilidad de trabajar empuja a los repartidores a recurrir al alquiler informal de cuentas registradas a nombre de terceros para continuar generando ingresos.
Sin embargo, existen perfiles creados exclusivamente para ser comercializados. Usuarios que nunca realizan viajes habilitan sus cuentas y las ofrecen en alquiler mediante redes sociales o grupos de mensajería. En estas plataformas proliferan anuncios empaquetados que incluyen el perfil activado —con determinado nivel o ranking en el sistema— junto con el vehículo necesario para la jornada laboral.
"Hay publicaciones en redes sociales donde se ofrecen cuentas en alquiler junto con el vehículo. Por ejemplo: 'Alquilo cuenta, ranking 2, con moto 110 cc, por determinada suma por semana", explicó el secretario gremial, de la Asociación Sindical de Motociclistas Mensajeros y Servicios (ASiMM), Gonzalo Ottaviano, sobre una modalidad informal que crece en las principales ciudades.
Otras veces, el mecanismo funciona como un recurso desesperado entre conocidos: el repartidor bloqueado pide prestada la cuenta a un amigo o familiar para mantener el flujo diario de dinero, asumiendo los riesgos de trabajar bajo una identidad ajena.
Los motivos detrás de los bloqueos intempestivos
Las causas que desencadenan las suspensiones en aplicaciones como Rappi o PedidosYa responden principalmente a decisiones unilaterales enviadas mediante mensajes automáticos que citan un "incumplimiento del acuerdo comercial". Sin embargo, la realidad diaria en la calle muestra fallos del propio sistema que perjudican al trabajador:
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Fallas técnicas y reconocimiento facial: los sistemas automatizados de validación de identidad suelen fallar al cambiar de dispositivo celular o al reemplazar un teléfono dañado, provocando bloqueos que tardan semanas en resolverse.
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"Pedidos fantasma" e imprevistos: cuando a un repartidor le asignan una entrega y esta desaparece de la aplicación, o si el vehículo sufre una avería durante el trayecto, la sanción por el viaje no completado recae directamente sobre el usuario.
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Protestas y reclamos: agrupaciones del sector denuncian que los bloqueos también se utilizan como represalia silenciosa contra quienes participan en movilizaciones o paros por tarifas dignas.
MÁS INFO
Precarización, baja de ingresos y falta de respuesta
Desde la ASiMM advirtieron sobre la gravedad de este escenario. Maximiliano Arranz, secretario adjunto, trazó un paralelismo con la megacrisis de 2001 y sostuvo que la "alta tasa de desempleo y la retracción del consumo empujan a miles de personas hacia este tipo de trabajo a destajo", provocando una "sobreoferta de mano de obra que desploma los ingresos netos".
La falta de salario mínimo garantizado y la ausencia de soporte humano ante las sanciones automatizadas dejan a los repartidores en una vulnerabilidad absoluta. Ante la urgencia de sostener sus hogares en un contexto cada vez más hostil, el alquiler de perfiles se convierte en el único refugio accesible, alimentando un mercado paralelo que expone la cara más dura de la economía desregulada de plataformas.
