El presidente Javier Milei anunció este jueves una reforma del rol del Banco Central que busca limitar la capacidad de cualquier futuro gobierno que quiera orientar su política monetaria y cambiaria a favor del desarrollo productivo y para garantizar un crecimiento económico con mayor equidad social. Los cambios que mandará al Congreso forman parte de una estructura legal más amplia, cuya principal misión es blindar a perpetuidad los beneficios que entregó a los capitales multinacionales que llegaron con su gestión para la explotación y aprovechamiento de los recursos naturales.
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Milei anunció por cadena nacional la reforma de la Carta Orgánica del BCRA, una iniciativa denominada “grillete fiscal”, que busca cerrar las actividades no esenciales del Estado en caso de acumular varios meses de déficit, y las reformas del mercado de capitales y de seguros, con una profundidad que no detalló pero que deja el temor que favorezca a un amplio blanqueo de capitales generados en actividades no declaradas.
Para justificar, seis veces dijo la palabra “robar” y cuatro veces en el contexto de “el robo de la alta política”. Intentó volver a pararse como un outsider frente a un electorado que viene manifestando su desencanto con su gestión, como lo reflejan estudios como el Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Di Tella, considerado el relevamiento más preciso del humor social.
La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central deberá ser aprobada por el Congreso, que hasta ahora no mostró mayor interés en oponerse a las iniciativas que surgen de la administración libertaria y que han sido siempre en línea de restringir derechos y libertades de las personas en favor del capital.
Una nueva realidad política que será difícil de modificar
Si bien una ley puede ser modificada o derogada por otra ley, la estructura legal que va dando forma la administración de Milei, que incluye acuerdos con el Fondo Monetario Internacional y organismos internacionales asociados, será extremadamente compleja de desarmar por una nueva gestión que intente recuperar grados de libertad para la definición de las políticas económicas y sociales.
El propio FMI o el Banco Mundial o cualquiera de la estructura de financiamiento bilateral podría condicionar la continuidad del apoyo crediticio a que no se vuelva a una versión más nacionalista del rol del BCRA.
También los intereses económicos que se beneficiarán de ese nuevo rol, solo basado en mantener la estabilidad de la moneda, lo que se puede leer como un nuevo esquema de convertibilidad que consolide el atraso cambiario y garantice un dólar barato para la fuga de capitales tendrían el poder para influir sobre la política o sobre la sociedad y minar la credibilidad de una gestión que busque recuperar al BCRA como instrumento de las políticas públicas.
“¿La independencia del BCRA la van a predicar desde que se apruebe la ley o se lo van a dejar al próximo?”, preguntó irónicamente la cuenta @juancitonieves de la red social “X”, en lo que fue una referencia a la decisión de Milei de designar a dos “socios y amigos” al frente de la cartera económica, Luis Caputo, y el BCRA, Santiago Bausili.
Las reformas, sus contradicciones y la falta de precedentes en el mundo desarrollado
Los tres, Milei, Caputo y Bausili, podrían terminar presos si le aplican la regla de no emitir para financiar al Tesoro si se considera la emisión de unos 35 billones de pesos que hizo el BCRA durante esta gestión.
Para el Presidente, la base de la reforma es volver a la misión única de defender el valor de la moneda porque asume que la inflación es solo un problema monetario. Por eso, prohibe “de modo taxativo la financiación del Estado” -también el provincial y municipal- y comprar títulos públicos en la emisión primaria, aunque sí lo habilita en el mercado secundario que también se utiliza como financiamiento indirecto del Estado.
Las otras reformas buscan blindar al Presidente y directorio obligando a removerlos con dos terceras partes de ambas cámaras legislativas (aunque por ley simple eso podría ser modificado), eliminar las Letras Intransferibles que se usan para que el Gobierno pueda acceder a divisas cuando no tiene los pesos para comprarlos y restringir el giro de utilidades que se podrán utilizar exclusivamente para la cancelación de deuda (solo figurativo, porque el dinero es fungible).
La principal modificación -volver al mandato único de preservar el valor de la moneda- le quita al Gobierno una herramienta esencial para el direccionamiento del crédito y la administración de tasas, que fueron determinantes tanto en contextos extraordinarios como la crisis financiera de 2008 o, más recientemente, la pandemia, como el apoyo a un proceso de inversión productiva que se conoció como “líneas k” por el inciso de la comunicación que las creó.
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La Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, tiene el doble mandato de garantizar la estabilidad de precios con máximo empleo; el Banco de Inglaterra debe compatibilizar el crecimiento y estabilidad financiera, e incluso el Banco Central Europeo, el más restrictivo, aunque prioriza la inflación, debe apoyar las políticas económicas generales de la Unión Europea.
El Banco Central de Brasil, el más restrictivo de la región, tiene el mandato de controlar la inflación pero con una serie de objetivos secundarios que le dan margen para impulsar políticas de apoyo en casos de crisis o de impulso al desarrollo.
La segunda propuesta destacada -convertir la emisión en un delito- es un disparate que impediría a un banco central actuar en crisis financieras, corridas bancarias, pandemias, guerras, colapsos de liquidez, por citar los males que enfrentaron las economías capitalistas solo en lo que va de este siglo.
La experiencia internacional muestra que incluso bancos centrales muy independientes expandieron fuertemente la base monetaria durante la crisis de 2008 o la pandemia de COVID-19 y, más recientemente, para enfrentar consecuencias de las guerra de Rusia y Ucrania y por los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán.
La independencia de las autoridades suele ser una excusa para garantizar la continuidad de directorios que responden ideológicamente al pensamiento monetarista, al punto que esa regla que fue la base de la credibilidad de la Reserva Federal fue rota por el presidente Donald Trump que lleva adelante una pelea judicial para remover a directores a su solo criterio.
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La independencia del Banco Central es una recomendación recurrente del FMI, el Banco Mundial y gran parte de la literatura económica con la excusa, como plantea Milei, que reduce el sesgo inflacionario; mejora la credibilidad de la política monetaria, y disminuye el riesgo de dominancia fiscal.
Frente a esa teoría, la otra biblioteca plantea que la inflación siempre y en todo momento es un desbalance entre la oferta y la demanda, que se puede corregir bajando la demanda, como propone esta reforma o incrementando la oferta que en economías abiertas y periféricas como la argentina están limitadas por la restricción externa para financiar el nivel de importación que necesita la economía para funcionar normalmente.
El BCRA es el mejor instrumento para llevar adelante políticas que resuelvan la escasez de divisas, como desarrollar sectores con capacidad de sustituir importaciones o aumentar las exportaciones.
