En una situación correlativa a la de las familias, las empresas se sumergen en el boom endeudador que ofrece el modelo libertario. Las compañías también enfrentan restricciones presupuestarias, derivadas de la caída de sus operaciones habituales, que cubren con financiamiento, ya sea bancario o bursátil, dependiendo del tamaño de la firma. El problema, como sucede con los hogares, es cuando ese crédito es para gasto corriente en una Argentina que no mejora, porque el resultado es que tarde o temprano tendrán dificultades para pagar sus compromisos. Es así que el esquema de “dos Argentinas” muestra en los primeros meses a grandes empresas accediendo a niveles récord de financiamiento en dólares y recuperando el acceso a los mercados internacionales de crédito por su perfil exportador, mientras miles de firmas pequeñas y medianas vinculadas al mercado interno profundizaron sus dificultades para cumplir con sus compromisos financieros.
Son dos realidades empresariales que parecen transitar caminos opuestos, aunque comparten un mismo horizonte de creciente endeudamiento en un contexto donde la actividad económica continúa mostrando fuertes disparidades sectoriales y recuperaciones disímiles. En este contexto, el mercado de capitales registró durante el primer cuatrimestre el mayor volumen de emisiones de deuda corporativa de los últimos once años. En simultáneo, la cartera de créditos bancarios destinada a empresas de menor envergadura mostró un deterioro acelerado, con una multiplicación de los casos de mora y un incremento significativo de las firmas consideradas irrecuperables por el sistema financiero; a niveles que no se exhiben desde la pandemia. La situación en que coexisten ambos segmentos empresariales da cuenta de otra de las falacias discursivas del mileísmo: la baja del riesgo país y el acceso al mercado mejora la situación financiera de toda la economía, sin importar el tamaño de sus actores.
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Esto sucede porque la recuperación de las condiciones de financiamiento para los grandes grupos económicos convive con crecientes dificultades para las empresas que dependen del mercado interno y del crédito bancario tradicional para sostener su operatoria cotidiana. Los sectores vinculados a la exportación, la energía, la minería y algunas actividades de servicios financieros encuentran canales de financiamiento abiertos y condiciones relativamente favorables para emitir deuda. En cambio, buena parte de las pequeñas y medianas empresas orientadas al mercado interno enfrenta un escenario caracterizado por ventas débiles, costos financieros elevados y dificultades para acceder a nuevas líneas de crédito.
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No es para todos
Un informe elaborado por PwC Argentina reveló que las compañías lograron captar más de 6.200 millones de dólares mediante emisiones de deuda durante los primeros cuatro meses del año. El monto constituye el registro nominal más elevado para un período enero-abril desde 2015 y fue impulsado fundamentalmente por la colocación de obligaciones negociables en dólares. De hecho, es lo que le permitió al Banco Central acumular reservas en un contexto de moderada liquidación de divisas del sector exportador y alta demanda de dólares; todo explicado por un contexto de fuerte atraso cambiario.
En total se concretaron 142 emisiones primarias, el segundo mayor volumen de operaciones de toda la serie histórica. El principal motor fueron las obligaciones negociables corporativas, que alcanzaron colocaciones por 5.586 millones de dólares distribuidas en 100 operaciones. La característica más relevante del proceso fue la fuerte dolarización del financiamiento. Las obligaciones negociables emitidas en moneda estadounidense representaron cerca del 90 por ciento de las colocaciones realizadas bajo el Régimen General, con emisiones por 4.962 millones de dólares.
El regreso de las empresas argentinas al financiamiento internacional aparece como uno de los principales factores detrás de este proceso. Entre enero y abril se registraron ocho colocaciones de deuda en mercados externos por un total de 3.069 millones de dólares, el mayor volumen para un primer cuatrimestre de los últimos tres años. La reducción del riesgo país posterior a las elecciones legislativas de octubre de 2025 permitió abaratar el costo de financiamiento y reabrir canales de acceso al crédito externo que permanecían prácticamente cerrados durante los años anteriores. Entre esos comicios y fines de abril, las compañías argentinas concretaron emisiones internacionales por 7.250 millones de dólares.
Afuera de la fiesta
Mientras las grandes empresas aprovechan las mejores condiciones financieras para refinanciar pasivos, extender plazos o captar recursos para nuevos proyectos, una parte significativa del universo empresarial enfrenta crecientes dificultades para cumplir con sus obligaciones bancarias. Los datos de morosidad muestran un deterioro sostenido desde mitad del año pasado. La cartera crediticia de las empresas registró una tasa de mora del 3,1 por ciento, frente al 0,9 por ciento que exhibía un año atrás. El aumento fue constante durante todo el período y alcanzó a prácticamente todas las líneas de financiamiento. Los mayores incrementos en los impagos se observan en adelantos en cuenta corriente y descuento de documentos, herramientas utilizadas habitualmente por las empresas para obtener liquidez inmediata y financiar capital de trabajo. Se trata de indicadores que suelen reflejar con rapidez los problemas financieros derivados de una caída en las ventas o de un incremento de los costos operativos.
La situación también se observa al analizar la cantidad de empresas afectadas. Un documento del Instituto Argentina Grande (IAG) da cuenta de que existen actualmente 21.948 firmas clasificadas en situación “5” dentro del sistema financiero, categoría que corresponde a deudores considerados irrecuperables. Esa cifra representa el 7,7 por ciento del total de empresas con financiamiento bancario y significa un crecimiento del 65 por ciento respecto del año anterior. Cuando se incorporan las categorías de mayor riesgo crediticio —situaciones “3”, “4” y “5”—, el universo de compañías con dificultades de pago alcanza al 13,5 por ciento de las empresas deudoras.
La diferencia entre estos porcentajes y las estadísticas tradicionales del Banco Central responde a que la medición por cantidad de empresas refleja situaciones que muchas veces quedan ocultas cuando se analiza exclusivamente el monto de dinero involucrado. Existen numerosas firmas con deudas relativamente pequeñas cuyo incumplimiento tiene escaso impacto en los volúmenes agregados, aunque evidencia problemas financieros concretos dentro del tejido productivo. Además, la distribución geográfica de la morosidad también permite identificar algunas tendencias.
Las provincias del norte y de la región de Cuyo concentran los mayores deterioros. Chaco exhibe uno de los casos más significativos: la morosidad pasó del 7 al 12,3 por ciento en apenas un año. Santiago del Estero y Mendoza también registraron incrementos relevantes, mientras que en Chubut y la provincia de Buenos Aires la situación mostró un empeoramiento sostenido. El caso de La Rioja aparece como el más extremo. Aunque el número total de empresas con acceso al crédito es relativamente reducido, la cantidad de firmas con irregularidades en sus pagos aumentó de manera considerable, elevando los índices provinciales a niveles muy superiores al promedio nacional.
