Mientras las principales economías del mundo avanzan en la recuperación del control estatal sobre empresas consideradas estratégicas, la Argentina de Javier Milei se mueve en sentido contrario. La contradicción quedó expuesta en un reciente artículo publicado por el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), que describe una nueva ola global de nacionalizaciones impulsada por razones económicas, energéticas, tecnológicas y geopolíticas.
El texto, firmado por el historiador económico Nicholas Mulder y publicado en la revista oficial Finance & Development del organismo, sostiene que los gobiernos están tomando el control de empresas y recursos "al ritmo más acelerado de los últimos 50 años". Según el trabajo, entre 2016 y 2026 fueron nacionalizados activos por entre 239.000 y 544.000 millones de dólares en todo el mundo.
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Sin embargo, mientras el FMI reconoce que la propiedad estatal vuelve a expandirse en economías desarrolladas y emergentes, el mismo organismo respalda en Argentina un programa económico que promueve privatizaciones, desregulación y una reducción del papel del Estado en la economía.
De hecho, previo al desembolso de 12.000 millones de dólares destinado a la Argentina, el FMI había puesto el foco en las transformaciones estructurales impulsadas por el Gobierno. Entre los aspectos destacados, resaltó el papel del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, como uno de los principales responsables de implementar la Ley Bases y avanzar con el proceso de apertura económica y reducción de regulaciones.
En el documento, el organismo había señalado que la gestión de Milei debía continuar con una profunda reorganización del sector público, que incluye la eliminación de organismos descentralizados y fideicomisos, la reestructuración de empresas estatales —con la posibilidad de futuras privatizaciones— y la digitalización de distintos procesos administrativos.
Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos avanzan sobre sectores estratégicos
El artículo del FMI enumeró una larga lista de casos recientes.
- Francia y Alemania tomaron el control de empresas energéticas y de servicios públicos.
- Francia también puso bajo control estatal el mayor astillero de Europa.
- El Reino Unido avanzó sobre los ferrocarriles y la industria siderúrgica.
- Estados Unidos adquirió una participación dominante en su principal productor de tierras raras, un insumo clave para la industria tecnológica y militar.
La investigación sostuvo que la inestabilidad geopolítica, la transición energética, la disputa por minerales críticos y la necesidad de garantizar seguridad económica están impulsando a los gobiernos a intervenir cada vez más en sectores considerados sensibles.
Lejos de presentar las nacionalizaciones como una anomalía, el FMI las definió como la "cuarta gran ola" de expansión de la propiedad estatal en los últimos cien años. La primera ocurrió durante la Gran Depresión de los años treinta; la segunda, tras la Segunda Guerra Mundial; la tercera, durante las crisis energéticas de los años setenta; y la cuarta se desarrolla actualmente.
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Argentina avanza en dirección opuesta
El contraste con la estrategia impulsada por el gobierno de Milei resulta evidente. Desde su llegada al poder, la administración libertaria promovió la privatización o concesión de empresas públicas, la apertura de sectores estratégicos al capital privado y una reducción del rol estatal en áreas productivas y de infraestructura.
El propio FMI, en su última revisión del acuerdo con Argentina, el organismo alentó la continuidad de esas transformaciones y señaló la importancia de garantizar transparencia en futuros procesos de privatización.
La diferencia no es menor. Mientras las principales potencias buscan asegurar el control nacional sobre energía, transporte, minería y recursos estratégicos, Argentina discute la venta o transferencia de activos públicos en sectores similares.
El regreso del Estado como actor económico
Uno de los puntos centrales del trabajo de Mulder es que las nacionalizaciones actuales no responden únicamente a razones ideológicas. Según el autor, los gobiernos recurren a estas herramientas para asegurar cadenas de suministro, garantizar recursos críticos, impulsar la transición energética o fortalecer su seguridad nacional. En muchos casos, el objetivo es evitar depender de empresas extranjeras o de mercados considerados inestables.
El estudio incluso señaló que el avance de las nacionalizaciones ocurre en un contexto de elevada integración financiera global, algo que históricamente había funcionado como freno a este tipo de políticas. Esa situación revela, según el análisis, la magnitud de las fuerzas geopolíticas y económicas que están impulsando una mayor intervención estatal.
La publicación del FMI deja al descubierto que los países desarrollados están reforzando la presencia estatal en sectores vinculados a la energía, los recursos naturales, la infraestructura y la seguridad económica. Por otro, Argentina avanza en una estrategia basada en privatizaciones, apertura de mercados y reducción del peso del Estado. La paradoja es que el mismo organismo que documenta y analiza la expansión global de la propiedad pública respalda para Argentina un camino exactamente inverso.
