El proyecto oficial introduce cambios estructurales en aspectos centrales de la relación laboral, como las modalidades de contratación, el régimen de indemnizaciones, la negociación colectiva y el funcionamiento sindical. En un sector caracterizado por la alta rotación, la informalidad histórica y la dependencia del ciclo económico, el impacto de la reforma despierta tanto expectativas como preocupaciones.
Uno de los ejes centrales de la iniciativa es la derogación y revisión de leyes y decretos considerados obsoletos, con el objetivo de unificar y simplificar el régimen laboral. Si bien no se plantea una eliminación directa de normas específicas del sector de la construcción, la reforma podría afectar disposiciones tradicionales vinculadas a la jornada laboral, los descansos y el trabajo en horarios especiales.
En la práctica, esto ampliaría el margen de organización para las empresas constructoras, especialmente en obras que requieren turnos extendidos o trabajo en días no laborables. Sin embargo, para los trabajadores de la UOCRA, el interrogante central es si esa mayor flexibilidad vendrá acompañada de garantías suficientes para evitar abusos y preservar condiciones laborales mínimas en un contexto de debilidad del empleo.
Indemnizaciones y Fondos de Asistencia Laboral
El proyecto introduce fuertes modificaciones en el esquema indemnizatorio. Uno de los instrumentos más relevantes son los Fondos de Asistencia Laboral (FAL), que permitirán a las empresas constituir un fondo específico destinado a cubrir obligaciones por despido.
Para los trabajadores de la construcción, esto no implica la eliminación de la indemnización, pero sí un cambio en su lógica de financiamiento y, potencialmente, en los tiempos de cobro. En un sector con alta rotación y frecuentes desvinculaciones, el nuevo esquema busca otorgar previsibilidad a las empresas y reducir conflictos judiciales, aunque genera dudas sobre la suficiencia de los fondos en escenarios de crisis profunda. En paralelo, la reforma establece la actualización de los créditos laborales por el Índice de Precios al Consumidor (IPC). De este modo, cualquier deuda laboral se ajustará por inflación, lo que apunta a evitar que el paso del tiempo licúe los montos adeudados, una práctica habitual en litigios prolongados.
Negociación colectiva y fin de la ultraactividad
Otro punto clave del proyecto es la limitación de la ultraactividad de los convenios colectivos. Actualmente, muchas cláusulas continúan vigentes aun después del vencimiento formal del convenio. La iniciativa oficial propone restringir esa continuidad automática y obliga a renegociar en plazos más acotados.
Para la UOCRA, cuyos convenios incluyen adicionales por antigüedad, presentismo, tareas específicas y condiciones particulares de obra, este cambio podría abrir la puerta a revisiones profundas. En un contexto de menor actividad y mayor desempleo, el equilibrio de fuerzas en las negociaciones se vuelve un factor decisivo para sostener beneficios históricos del sector.
Un sector en el centro de la reforma
La construcción aparece como uno de los sectores donde la reforma laboral tendrá efectos más visibles. La combinación de flexibilización normativa, cambios en las indemnizaciones y una negociación colectiva más condicionada redefine el vínculo entre trabajadores, empresas y sindicatos.
Mientras el Gobierno sostiene que el objetivo es reducir la litigiosidad y fomentar el empleo formal, desde el sector sindical advierten que, sin una reactivación sostenida de la obra pública y privada, los cambios podrían consolidar un escenario de mayor precariedad para los trabajadores de la UOCRA.
El debate en el Congreso será clave para definir si la reforma logra equilibrar eficiencia y protección laboral en uno de los rubros más tradicionales y sensibles del mercado de trabajo argentino.
