Se satura el trabajo precario y crece la amenaza de una crisis de desocupación

Durante los últimos dos años, buena parte del deterioro laboral fue absorbido por actividades informales y trabajos de supervivencia. Sin embargo, ese esquema comienza a perder capacidad de contención.

08 de mayo, 2026 | 18.08

La crisis económica generada por el Gobierno parece entrar en una nueva etapa. Tras meses en los que el empleo precario funcionó como contención frente a la destrucción de puestos formales, ese mecanismo empieza a mostrar señales de agotamiento. La caída de salarios, el deterioro del empleo registrado y la saturación de actividades informales abren un escenario donde el desempleo podría comenzar a crecer con mayor fuerza.

Durante los últimos dos años, buena parte del deterioro laboral fue absorbido por actividades informales y trabajos de supervivencia. Sin embargo, ese esquema comienza a perder capacidad de contención. Un informe del CETyD de la UNSAM advirtió que “la saturación de los empleos refugio implica que una porción creciente de trabajadores encuentra cada vez menos margen para generar ingresos”.

El fenómeno se da en un contexto de demanda estancada, donde las changas, el cuentapropismo informal y otras actividades precarias ya no alcanzan para absorber la pérdida de empleo formal. Según el estudio, el riesgo es que el deterioro que hasta ahora se expresaba en mayor precarización e informalidad “comience a trasladarse con mayor intensidad al desempleo”.

En los últimos dos años, el mercado laboral mostró una tendencia marcada por la pérdida de empleo asalariado formal y el crecimiento del trabajo independiente informal. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, este tipo de ocupación aumentó un 11%. La expansión se concentró principalmente en actividades vinculadas a la preparación y venta de comidas y bebidas, aunque también se observó en sectores como comercio, construcción y servicios comunitarios.

Gran parte de este crecimiento del cuentapropismo informal se desarrolló en ámbitos precarios: trabajos realizados desde viviendas particulares, vehículos, la vía pública —incluida la venta ambulante— y obras en construcción.

Para analizar la evolución de los llamados “empleos refugio”, el estudio considera dentro de esa categoría a trabajadores informales de baja calificación, tanto asalariados como cuentapropistas, que trabajan menos de 25 horas semanales y buscan ampliar su jornada o conseguir otro empleo.

A partir de esa definición, el informe señala que este fenómeno no tuvo el mismo peso en todas las crisis económicas argentinas. Durante la década del 90, el principal reflejo del deterioro laboral era el desempleo abierto: entre el 70% y el 80% de quienes atravesaban problemas laborales se encontraban directamente desocupados, mientras que apenas entre el 20% y el 30% lograba insertarse en trabajos precarios o de subsistencia.

Ese esquema comenzó a modificarse desde los años 2000 y se profundizó en la última década, cuando el acceso a empleos informales se volvió más sencillo. La aparición de plataformas digitales vinculadas al transporte y reparto, junto con el avance de la tercerización, el monotributo y otras modalidades flexibles de contratación, impulsaron esa transformación.

Mientras disminuyeron las barreras para ingresar a trabajos precarios, se volvieron más difíciles de alcanzar los empleos de calidad. En otras palabras, conseguir algún tipo de ocupación pasó a ser más accesible, pero acceder a un trabajo estable, con buenos salarios y condiciones laborales adecuadas, se volvió cada vez más complejo.

Tras la pandemia, esta tendencia se profundizó: la cantidad de personas ocupadas en empleos refugio llegó a superar a la de desocupados. Actualmente, cerca de 1,8 millones de trabajadores se encuentran en este tipo de inserción laboral, frente a 1,7 millones de desempleados. El contraste con los años 90 es marcado: en aquella época, los empleos refugio representaban apenas una cuarta parte del universo de desocupados. Así, la situación laboral dista de ser favorable y se requieren nuevos indicadores que permitan medir con mayor precisión el deterioro del mercado de trabajo.

Sin embargo, el trabajo precario también tiene límites. A medida que más personas compiten por una demanda que no crece, se produce un punto de saturación: bajan los ingresos, ya sea porque hay menos trabajo disponible o porque las remuneraciones se reducen.

Cuando ese mecanismo se agota, los empleos refugio dejan de absorber el deterioro económico y la crisis comienza a reflejarse directamente en el aumento del desempleo. Justamente, la suba de la desocupación observada en el último trimestre de 2025 podría ser una señal de ese proceso.

Ocho meses seguidos de caída del empleo formal

Mientras tanto, el empleo registrado continúa deteriorándose. En enero, último dato disponible, el empleo asalariado privado acumuló ocho meses consecutivos de caída. Al mismo tiempo, el número de empresas también sigue reduciéndose de manera sostenida desde comienzos de 2024. En ese período desaparecieron unas 26 mil unidades productivas.

El informe remarcó además que las proyecciones para febrero, marzo y abril anticipan una continuidad de la contracción, especialmente en sectores intensivos en mano de obra. Como de costumbre en tiempos libertarios, la industria aparece entre los rubros más afectados, con perspectivas negativas más profundas que las del promedio general del empleo.

Salarios bajo presión y menor ingreso disponible

Con los salarios del sector privado formal sucumbiendo frente a la inflación en los últimos meses, el escenario sigue siendo delicado. El trabajo del CETyD señaló que los ingresos permanecen aproximadamente un 20% por debajo de los niveles de 2015.

Además, el problema ya no pasa solo por el salario nominal, sino por cuánto dinero queda disponible después de pagar gastos fijos como alquiler, transporte, electricidad, gas y comunicaciones. “El ajuste se siente con mayor intensidad en el ingreso efectivamente disponible”, advirtió el reporte.

En paralelo, los trabajadores estatales muestran un deterioro aún más marcado: el poder adquisitivo del sector público acumula una caída del 18% desde fines de 2023.

Más precarización y menos empleo de calidad

Otro de los puntos centrales del informe es que el crecimiento económico se concentra en actividades con baja capacidad de generación de empleo. Mientras algunos sectores vinculados a recursos naturales o actividades extractivas mantienen dinamismo, las ramas más intensivas en trabajo siguen debilitadas.

El documento remarcó que el ajuste laboral ya no se expresa únicamente en salarios bajos, sino también en una reducción de la participación de los trabajadores en el ingreso total de la economía. En otras palabras: incluso quienes conservaron su empleo formal enfrentan mayores dificultades para sostener el consumo y el nivel de vida.

Así, la combinación de salarios deteriorados, menor empleo formal y saturación del trabajo precario configura un escenario de creciente fragilidad laboral. Hasta ahora, la informalidad había funcionado como un amortiguador frente a la crisis económica. Pero con actividades de subsistencia cada vez más saturadas, el mercado laboral que configuró el Gobierno pierde una de sus principales válvulas de escape.