El cruce entre Javier Milei y el periodismo sumó un capítulo que dejó a todos mirando la pantalla. Esta vez, la protagonista fue Luciana Geuna, quien decidió responder sin vueltas a los cuestionamientos que llegaron desde lo más alto del poder.
Todo se desató a partir de un informe emitido en ¿Y mañana qué?, por la pantalla de TN. El trabajo, que buscaba mostrar la interna política desde adentro, terminó generando una reacción inesperada del Gobierno encabezado por Javier Milei.
Javier Milei denunció a Luciana Geuna
La escalada no fue menor. Hubo una denuncia judicial contra Geuna y su colega Ignacio Salerno por supuesta grabación “furtiva”, y como consecuencia se tomó una medida que encendió todas las alarmas: restringir el acceso de la prensa acreditada a espacios clave.
¿Qué respondió Luciana Geuna?
En ese contexto, Geuna eligió hablar. Y lo hizo con un tono firme, sin esquivar la polémica. “Era un informe bastante inocente”, explicó, intentando bajar el nivel de gravedad que se le había adjudicado al material.
La periodista fue más allá y desmintió de plano cualquier irregularidad. “No había denuncia ni mucho menos imágenes prohibidas. Avisamos con anterioridad a funcionarios del área de Prensa”, sostuvo, marcando que el trabajo se realizó dentro de los parámetros habituales.
Además, apuntó a otro punto clave del conflicto: las imágenes. Según detalló, se trata de espacios de circulación común, que incluso pueden verse en plataformas públicas. “Son imágenes que se repiten por miles en redes sociales”, remarcó.
El trasfondo, sin embargo, va más allá del informe. La reacción del Presidente en redes sociales, con críticas e insultos, terminó de tensar una relación que ya venía complicada.
Lejos de retroceder, Geuna decidió plantarse. Y aunque eligió un tono medido, el mensaje fue claro: no hubo nada clandestino ni irregular en su trabajo. El episodio reavivó un debate que atraviesa a la política y a los medios: los límites del periodismo y la reacción del poder frente a la exposición.
Y en medio de esa tensión, una certeza empieza a instalarse: cuando el conflicto pasa de lo informativo a lo personal… la discusión cambia de nivel. Porque en este caso, ya no se trata solo de un informe. Se trata de quién pone los límites y hasta dónde.
