El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recogió al director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, en Alaska de camino a una cumbre de alto riesgo en Pekín con el presidente chino, Xi Jinping, mientras que su principal negociador comercial, Scott Bessent, iniciaba conversaciones preparatorias con dirigentes chinos en Corea del Sur.
Con su índice de popularidad mermado por la guerra con Irán, Trump emprende su primera visita a China en casi una década con el objetivo de cerrar acuerdos sobre productos agrícolas y aviones, y mantener una frágil tregua en la guerra comercial entre las dos principales economías del mundo.
Los directores ejecutivos que acompañan a Trump proceden principalmente de empresas que buscan resolver problemas comerciales con China, como Nvidia, que, según representantes estadounidenses, ha tenido dificultades para obtener permiso regulatorio para vender allí sus potentes chips de inteligencia artificial H200.
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"Le pediré al presidente Xi, un líder de extraordinaria distinción, que 'abra' China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia", dijo Trump en una publicación en Truth Social, refiriéndose a la delegación de la que confirmó que formaba parte Huang.
"Esa será mi primera petición".
Trump pidió a Huang en el último momento que se uniera al viaje, según una fuente cercana que habló bajo condición de anonimato, y no se encontraba en la lista inicial de ejecutivos que viajarían, facilitada por la Casa Blanca esta semana.
Huang fue visto subiendo al Air Force One durante una parada para repostar en Alaska, y se espera que Trump llegue a Pekín a última hora del miércoles, antes de las reuniones con Xi, que incluirán un banquete y una visita al Templo del Cielo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Aparte del comercio, las conversaciones abarcarán una serie de temas delicados, desde la guerra con Irán hasta las armas nucleares y las ventas de armas estadounidenses a Taiwán, la isla gobernada democráticamente que China reclama.
Se espera que Trump anime a China a convencer a Teherán de que llegue a un acuerdo con Washington para poner fin al conflicto, aunque el martes afirmó que no creía que fuera a necesitar su ayuda.
BESSENT SE PREPARA EN COREA DEL SUR
Mientras Trump se preparaba para la pomposa ocasión, el secretario del Tesoro, Bessent, inició el miércoles conversaciones sobre asuntos económicos y comerciales con el viceprimer ministro chino He Lifeng en el aeropuerto de Incheon, en Corea del Sur, según una fuente cercana.
Ambas partes quieren mantener la tregua comercial alcanzada el pasado octubre, en la que Trump suspendió los aranceles de tres dígitos sobre los productos chinos y Xi desistió de estrangular el suministro mundial de tierras raras.
También se espera que acuerden foros para facilitar el comercio y la inversión mutuos, mientras que Washington quiere vender aviones Boeing, productos agrícolas y energía estadounidenses a China para reducir un déficit comercial que ha irritado a Trump, según funcionarios estadounidenses.
Por su parte, Pekín quiere que Estados Unidos suavice las restricciones a las exportaciones de equipos para la fabricación de chips y semiconductores avanzados.
Sin embargo, Trump llega a las negociaciones con una posición significativamente debilitada. Los tribunales han limitado su capacidad para imponer aranceles a las exportaciones chinas y otras exportaciones internacionales a su antojo. Trump ha prometido restablecer esos aranceles utilizando las facultades legales que le quedan.
La guerra con Irán ha avivado las presiones inflacionistas en el país y ha incrementado drásticamente el riesgo de que el Partido Republicano de Trump pierda el control de una o ambas cámaras legislativas en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
Aunque la economía china se ha tambaleado, Xi no se enfrenta a una presión económica o política comparable.
"Dada la guerra comercial del año pasado, mantener el 'statu quo', en lugar de agravar la situación, ya es una buena noticia", dijo Liu Qian, fundadora y directora ejecutiva de Wusawa Advisory, una consultora geopolítica y empresarial con sede en Pekín.
"Dicho esto, el Gobierno de Trump necesita esta reunión más que China, ya que necesita demostrar a los votantes estadounidenses que se firman acuerdos, se gana dinero... para poder asegurarse las elecciones de mitad de mandato".
Aunque Trump ha elogiado su relación personal y el respeto que siente por Xi, la opinión pública china ve la visita con una mezcla de esperanza y recelo.
"La economía estadounidense ha ido cuesta abajo... ha estado en declive. Así que creo que viene aquí porque quiere que las cosas mejoren", dijo a Reuters Han Huiming, un profesional de los seguros de 23 años, a la salida de una estación de metro de Pekín mientras se dirigía al trabajo el miércoles.
"No sé si es realmente sincero al respecto", dijo Lou Huilian, de 44 años, que trabaja en el sector petrolero. "Pero, hablando como persona china y que trabaja en el comercio, solo espero que de esto salgan algunas buenas políticas".
Con información de Reuters
