El ministro de Seguridad Nacional israelí Ben Gvir encabezó una movilización hacia la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, acompañado de una multitud de más de 3.000 de judíos israelíes que estuvieron en la expanada de las mezquitas y rezaron durante algunas horas, algo prohibido desde los acuerdos de 1967. El hecho alertó a la comunidad internacional y a la Asociación de Académicos Palestinos, quienes denunciaron la existencia de un plan israelí para "avanzar en el control" de la parte que pertenece a la comunidad musulmana para Israel.
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Durante la recorrida, numerosos visitantes judíos realizaron oraciones dentro del recinto, una práctica que desafía el histórico acuerdo vigente desde 1967, el cual establece que los musulmanes conservan el derecho exclusivo al culto en el lugar. En un video difundido en su canal de Telegram tras la visita, Ben Gvir aseguró que "los judíos están rezando y sienten que son los verdaderos dueños del lugar", además de reivindicar un avance de la soberanía israelí sobre el complejo.
El complejo de Al Aqsa, conocido por los judíos como el Monte del Templo, es considerado el segundo lugar más sagrado del islam y el sitio donde se levantaron el Primer y el Segundo Templo para el judaísmo. La acción de Gvir coincidió con el día de ayuno judío de Tisha B'Av, que recuerda la destrucción de los antiguos templos. La incursión fue interpretada por distintas organizaciones palestinas como un nuevo paso para modificar el equilibrio histórico en uno de los lugares más sensibles del conflicto en Oriente Medio.
"En todas partes, la gente entiende que el Estado de Israel es la autoridad soberana. Aún queda mucho por hacer, y con la ayuda de Dios, seguiremos avanzando", afirmó el ministro israelí en el video que compartió en sus redes sociales.
Según reconstruyeron algunos medios locales, los colonos corearon el himno israelí frente a la Mezquita de la Cúpula de la Roca e izaron banderas israelíes en los patios. Gvir llegó junto con el diputado del Likud, Amit Halevi, quien izó la bandera israelí, y el diputado Nissim Vaturi.
Las fuerzas de ocupación israelíes dispusieron estrictas medidas militares en los alrededores de la Ciudad Vieja y las puertas de Al Aqsa, restringiéndoles el ingreso a los palestinos.
A través de un comunicado, la Asociación de Académicos Palestinos (AAP) advirtió que las acciones del gobierno israelí "forman parte de un plan destinado a imponer un mayor control sobre la mezquita de Al Aqsa" y alterar su "identidad religiosa y jurídica" mediante el incremento de las visitas de colonos y la autorización de rezos judíos dentro del recinto.
La reacción internacional a la provocación de Ben Gvir
Además de la AAP, varios países de la región le salieron al cruce a Israel y cuestionaron el gesto y las declaraciones del ministro Gvir. La cancillería de Jordania, a través de un comunicado oficial, afirmó que el país "rechaza firmemente y condena enérgicamente las continuas incursiones de funcionarios israelíes, miembros del Knésset y colonos extremistas en la mezquita de Al-Aqsa, así como el papel de la policía israelí al facilitar estas acciones". El texto lo firmó el vocero del Ministerio de Exteriores jordano, Fouad Al-Majali, quien además describió las acciones como "intentos inaceptables de imponer nuevas realidades en la Mezquita de Al-Aqsa/Al-Haram Al-Sharif mediante esfuerzos por alterar su organización actual".
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También se sumó Turquía a las criticas sobre la visita de Ben Gvir. En un documento oficial, el Ministerio de Exteriores turco "recordó" a la comunidad internacional que representa "una responsabilidad compartida impedir las acciones provocadoras del gobierno de Netanyahu", las cuales "violan el estatus histórico y legal de los lugares sagrados en Jerusalén, en particular la mezquita de Al-Aqsa, que pertenece exclusivamente a los musulmanes".
