La estrategia de Lula para recomponer la relación con Trump

El giro de Donald Trump en la relación con Lula es uno de los hechos más importantes de la agenda internacional.

29 de noviembre, 2025 | 00.05

La investigación contra Jair Bolsonaro que terminó con una condena de 27 años por intento de golpe de Estado parecía ser una sentencia de muerte en la relación bilateral con la llegada de Donald Trump y así lo creyó buena parte del bolsonarismo.

La estrategia familiar era clara: operar en favor de los aranceles, que se impongan sanciones y para forzar un retroceso del proceso judicial que le permita a Bolsonaro esquivar la cárcel y competir en las elecciones de 2026.

Pero el efecto fue el contrario: la Justicia pisó el acelerador, Bolsonaro fue condenado y Lula salió con potente discurso soberanista que terminó abriendo una negociación.

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Lula se ganó el respeto de Trump, como ocurre con otros liderazgos mundiales que no están dentro del sistema de relaciones de Washington.

¿Cuál es fue la estrategia? En el gobierno brasileño inflan el pecho y responden a El Destape que “con política, diplomacia y firmeza” pero reconocen que lo que abrió la puerta fue ese corto intercambio en las Naciones Unidas que terminó con un inesperado elogio de Trump a Lula.

No hay duda que la firmeza del gobierno fue clave pero hubo un elemento sustancial que fue la gestión para que Marco Rubio no tome centralidad en la relación y el canciller brasileño, Mauro Vieira, pueda tener interlocutores que no entorpezcan ese proceso de acercamiento.

El primer paso de esta nueva relación fue la exclusión del 40 por ciento de los productos agrícolas en un gesto que Trump no tuvo con países aliados.

Ahora negocian por la carne y el café porque los aranceles impuestos por Estados Unidos a la importación de esos productos están contribuyendo al aumento de sus precios. En el caso de la carne, el hato ganadero en Estados Unidos se encuentra en su punto más bajo desde 1951, lo que reduce la oferta de carne de res a nivel nacional.

Estados Unidos solía importar carne de Brasil, pero las exportaciones se han visto drásticamente reducidas debido a un arancel del 76,4% impuesto por el gobierno de Donald Trump en agosto de 2025. Este arancel, que se considera prohibitivo, ha dejado a los frigoríficos brasileños fuera del mercado estadounidense. 

La medida arancelaria ha hecho que la carne brasileña sea poco competitiva en Estados Unidos y ha obligado a Brasil a reorientar sus exportaciones a otros mercados, como China.

Lo cierto es que Trump también responde a una demanda interna de los empresarios estadounidenses y los dueños de los supermercados que alertan por un proceso de suba de precios y desabastecimiento por la implementación de aranceles. 

Guilherme Casarões, politólogo y profesor de la Florida Internacional University en los Estados Unidos dijo que Lula logró demostrar a Trump y al gobierno estadounidense que los aranceles impuestos a Brasil carecían de sentido económico y causarían problemas a la economía estadounidense. Productos como la carne y el café impactan la inflación estadounidense y podrían comprometer aún más la popularidad de la administración Trump”.

“El argumento de Lula fue claro: su gobierno no haría concesiones políticas a EE.UU. en relación con la situación del expresidente Bolsonaro, ya que se trataba de un proceso liderado por la Corte Suprema, no por el poder ejecutivo. Lula acertó al centrar las negociaciones con Trump en cuestiones comerciales, abriendo espacio para conversaciones sobre tierras raras y centros de datos”, explicó.

Para Casarões, Lula no presionó a Trump “sino que lo confrontó de igual a igual. Los países que aceptaron incondicionalmente las imposiciones estadounidenses terminaron perdiendo poder de negociación, como vemos en el caso de la Unión Europea. Al resistir la presión estadounidense, Lula parece haberse ganado el respeto de Trump, lo que facilitó las conversaciones mantenidas en las últimas semanas”.

Por otro lado, el especialista brasileño asegura que “la posición económica de Brasil es ventajosa, ya que mantenemos un intenso comercio con EE.UU. y China, que ha sido nuestro principal socio comercial durante 15 años. Esto permitió a Brasil compensar rápidamente algunas de las posibles pérdidas económicas derivadas de Estados Unidos, ya sea con China o con otros países asiáticos”.

“La estrategia comercial de Brasil sigue siendo la misma: mantener buenas relaciones con ambas potencias, incluso ante una renovada guerra comercial”, agrega.

Por último, Casarões asegura que “la popularidad de Lula y su gobierno depende de varios factores, pero las encuestas de opinión han demostrado que la mayoría de los brasileños aprobaron la forma en que el presidente gestionó la presión estadounidense”. Y culmina: “La estrategia de Bolsonaro de sacrificar la economía para intentar salvar al expresidente también causó fracturas en el electorado de derecha y en muchos sectores económicos. La política exterior no define las elecciones en Brasil, pero este tema sin duda será explotado por la campaña de Lula para desafiar el discurso patriótico de la extrema derecha brasileña”.

En efecto, los resultados que obtuvo Lula con Trump demuestra que la claudicación no necesariamente genera resultados favorables para los intereses de un país. Brasil es el ejemplo de eso.