Silvia Labayru, una de las sobrevivientes más reconocidas de la última dictadura militar vivió una verdadera pesadilla durante un viaje hacía San Antonio, Texas, cuando fue obligada a desembarcar de un vuelo por supuestas órdenes de autoridades de los Estados Unidos. El incidente sufrido por la protagonista de la novela La Llamada, de la escritora y periodista Leila Guerreiro, despertó indignación y sospechas de persecución ideológica.
El episodio ocurrió el pasado miércoles en el Aeropuerto de la Ciudad de México, cuando Labayru, de 69 años, tuvo que abandonar un vuelo de la aerolínea Volaris. La ex militante de Montoneros —quien fue secuestrada por un grupo de tareas y permaneció detenida en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA)— viajaba con su pasaporte español y la visa en regla. Sin embargo, ya dentro de la aeronave, el proceso de despegue fue interrumpido abruptamente.
Según relató la afectada en declaraciones recogidas por el diario El País de España, tres hombres uniformados abordaron el avión y le exigieron bajar de inmediato. “Se me acercaron y me preguntaron si yo era Silvia Labayru. 'Tiene que bajar del avión ya mismo', me dijeron”, narró la mujer, quien hasta el momento no recibió un acta formal de inadmisión.
Un pasado de horror
La historia de Labayru es conocida internacionalmente, especialmente tras la publicación de La llamada. En 1976, con apenas 19 años y un embarazo de cinco meses, Labayru militaba en la organización Montoneros cuando fue secuestrada por un grupo de tareas de la exESMA. En ese centro clandestino de detención dio a luz en cautiverio, sufrió torturas sistemáticas y fue víctima de abusos sexuales por parte de militares.
Logró sobrevivir y reconstruir su vida en el exilio en España, pero su pasado parece haber encendido una alerta en los sistemas de seguridad estadounidenses. Para Labayru, el motivo de este veto es claro: el éxito mundial del libro que relata su vida. “Si me niegan la entrada a Estados Unidos por el libro, es porque no lo leyeron. Si lo hubiesen leído, se darían cuenta de que ni soy peligrosa, ni soy militante”, afirmó a El País al subrayar que aquellos hechos ocurrieron hace 50 años, cuando ella era una adolescente.
Labayru denunció haber pasado horas en el mostrador de la aerolínea sin recibir explicaciones ni documentos que respaldaran la medida, lo que la dejó en un “total estado de indefensión legal”. Ante la consulta con el consulado español, se descartaron motivos habituales como visitas a Cuba o problemas de identidad por apellido, lo que llevó a la sobreviviente a calificar la situación como un acto de “persecución política, macartismo puro y duro”.
Tras este atropello, Labayru espera regresar a Buenos Aires en los próximos días, mientras sus abogados en Estados Unidos intentan esclarecer por qué una sobreviviente de crímenes de lesa humanidad es tratada ahora como una amenaza para la seguridad nacional.
