Trump quiere otro orden mundial y alinear a toda América Latina en 2026

El 2026 estará marcado por un reordenamiento global acelerado y una ofensiva de Estados Unidos para frenar su declive. América Latina será uno de los principales escenarios de esa disputa. Cómo la incertidumbre y la conflictividad definirán el año.

01 de enero, 2026 | 11.42

En 2026, el motor de las grandes transformaciones mundiales se acelerará. Eurasia avanzará como epicentro de un nuevo reajuste global mientras Occidente, especialmente el imperio norteamericano, con la obsesión de ralentizar su declive, intentará –como en 2025- primerear las iniciativas y marcar el pulso de los acontecimientos

América latina y sobre todo el Caribe estarán en el foco de la atención estadounidense y mundial todo el año. En su Estrategia de Seguridad Nacional, Estados Unidos anunció con claridad su hoja de ruta. Sojuzgar nuestra región es prioridad absoluta y se hará por todos los medios posibles, incluyendo la fuerza militar. El Congreso norteamericano acaba de aprobar el mayor presupuesto militar de la historia: 901 mil millones de dólares.

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En este marco, el asedio militar a Venezuela –desde posibles bombardeos hasta invasiones o intentos de eliminar a sus líderes- será uno de los escenarios lamentables de 2026. Cómo reaccionarán los gobiernos del continente y qué harán Moscú y Beijing, son los grandes interrogantes. China y Rusia ya se han manifestado abiertamente en defensa de Venezuela, lo mismo que los gobiernos de Brasil, México y Colombia.

Además, en este nuevo año, el equilibrio político latinoamericano podría verse muy alterado por otras razones. Los mandatarios progresistas de Chile y Honduras serán reemplazados por presidentes de extrema derecha y sumisos a Washington: el chileno José Antonio Kast (11 de marzo) y el hondureño Nasry Asfura, quien ganó con la injerencia explícita de la Casa Blanca (27 de enero). 

Por otra parte, el mapa electoral 2026 también podría modificar significativamente el balance de poder en la región. El próximo 4 de octubre Brasil elige presidente y parte del Poder Legislativo, entre otras autoridades. La disputa entre el izquierdista Lula da Silva, quien con un alto nivel de popularidad busca la reelección, y el ultraderechista Flavio Bolsonaro, el hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, marcará uno de los momentos más álgidos del año.

Como el presidente Donald Trump intervino descaradamente en las elecciones legislativas de Argentina y las presidenciales de Honduras inclinando la balanza a favor de la extrema derecha, Lula ya advirtió sobre una posible intervención ilegal de la Casa Blanca en Brasil.

También Perú y Colombia tendrán elecciones presidenciales y legislativas. La discontinuidad del actual gobierno colombiano (el primero de izquierda en la historia reciente del país) es crucial para Washington. Hasta la llegada de Gustavo Petro a la presidencia, Colombia y sus continuos gobiernos de derecha fueron fundamentales para los planes de Estados Unidos en Sudamérica. En el siglo XXI, Colombia fue la plataforma perfecta para atacar a Venezuela. 

Los desafíos para Donald Trump

Con una rapidez excepcional, desde que asumió el pasado 20 de enero, Donald Trump desató una guerra foquista y multidimensional que buscan desbaratar el orden conocido y transformarlo en un caos que logre evitar -como él mismo admitió- el declive del imperio norteamericano.

En 2026, esa guerra trumpista seguirá siendo intensa, pero también muy accidentada tanto interna como externamente. El 4 de julio, Trump dará rienda suelta a su megalomanía y celebrará a lo grande el 250 aniversario de la independencia de su país. El escenario será propicio ya que, en pleno verano boreal, el mundo estará vibrando al fervor de la Copa del Mundo que este año se expande por México, Estados Unidos y Canadá. 

No obstante, en 2026, Trump tendrá su primera gran prueba de fuego. El 3 de noviembre, los estadounidenses votarán la renovación total de la Cámara de Representantes (435 diputados) y un tercio del Senado. Hoy el oficialismo tiene mayoría en ambas cámaras, pero tanto las multitudinarias marchas de protesta en las principales ciudades del país como las sucesivas derrotas del Partido Republicano en las elecciones locales indican cierta tendencia de cambios en la voluntad popular.

Hasta esa fecha, Trump, el gran disruptor, acelerará sus acciones coercitivas y sus golpes de efecto. Buscará que prime la ley de la selva. Los países rivales –sobre todo China y Rusia- se enfrentarán a provocaciones y encerronas de difícil resolución y el resto del planeta vivirá bloqueos o bombardeos sin declaración de guerra o violaciones de las reglas internaciones con excusas intencionadamente ridículas.

Los nuevos escenarios

Cada vez con mayor ímpetu, China aparece como el gran jugador global. Las expectativas marcan un incremento en los intercambios y los acuerdos estratégicos entre el presidente Xi Jinping, el ruso Vladimir Putin y el indio Narendra Modi. Incluso se espera que crezcan aún más la sintonía política y los compromisos de estos países con los nuevos integrantes de los BRICS y con el mandatario de Corea del Norte, Kim Jong-un.

El astronómico avance chino en el terreno de la Inteligencia Artificial, el desarrollo de su exitosa Ruta de la Seda y la expansiva consolidación de los BRICS seguirán siendo, en el 2026, las peores pesadillas para Estados Unidos.

Durante 2025, las provocaciones de Washington a Beijing han sido múltiples, pero focalizadas en la guerra comercial. Sin embargo, en diciembre pasado, Trump escaló a la fase militar. Un informe del Pentágono acusó a China de desplegar 100 misiles balísticos intercontinentales lo que sirvió de excusa para que Estados Unidos anunciara la venta de armas a Taiwán (cohetes HIMARS, obuses, proyectiles antitanques, etc) por valor de 11.100 millones de dólares.

La isla es considerada por China parte integral del país, por lo cual el gobierno de Xi no tardó en reaccionar. Beijing sostuvo que la medida de Trump “viola el principio de una sola China y socava su soberanía e integridad regional” y adoptó como contramedidas no sólo realizar “grandes ejercicios militares” alrededor de Taiwán (Operativo Misión Justicia 2025), sino también sancionar a 20 empresas vinculadas con el Pentágono como la fábrica de armamento de Boeing y el gigante aeroespacial Northrop Grumman.

Las guerras que continúan

Israel se hundirá aún más en su miseria moral y Gaza -su hambre, su tortura, su muerte- continuará interpelándonos a todos. Desde allí, el actual “orden” mundial busca establecer un cambio ético-civilizatorio global donde las ganancias de un resort turístico justifiquen un genocidio y donde las guerras de expansión territorial sepulten los valores y el derecho internacional.

Un ejemplo. Con la complicidad de Washington (además de seguir asesinando en Gaza y ocupando ilegalmente Cisjordania), Tel Aviv mantiene tropas en El Líbano, ocupó 300 kilómetros cuadrados de Siria y ahora se permite intervenir en la geopolítica de África.

Israel es el primer país en reconocer a Somalilandia, una zona separatista del noreste de Somalia cuya ubicación estratégica sobre el Océano Indico permite el control del golfo de Adén y el estrecho de Bab el-Mandab, puntos clave en la ruta comercial mundial del petróleo. Medios como la Deutsche Welle y la BBC alertan (citando medios israelíes) que esta movida estaría vinculada al plan trumpista de la “Riviera Gaza”: Somalilandia podría ser el destino de la población gazatí desplazada forzadamente de la Franja, con el objetivo de facilitar allí un emprendimiento inmobiliario gerenciado por el yerno de Trump, Jared Kushner.

En la misma semana, Estados Unidos bombardeó Nigeria, en la costa atlántica de Africa. La excusa: “Combatir al grupo yihadista Estado Islámico”. Nigeria es la mayor potencia demográfica y económica de África, riquísima en gas y petróleo y miembro de los BRICS desde febrero de 2025. Su relación con China y Rusia es fuerte y su influencia en la región del Sahel (Mali, Burkina Faso, Niger) es fundamental. Esta zona está atravesando importantes cambios de descolonización y de crecimiento de las soberanías nacionales, como es el caso de Burkina Faso con su líder Ibrahim Traoré.

En cuanto a Ucrania, es muy difícil avizorar si el mentado acuerdo definitivo de paz llegará o no. Luego del último encuentro, en Florida, entre Trump y su par ucraniano Volodomyr Zelensky y los posteriores comentarios del Kremlin, quedó claro que hay varios puntos clave complejísimos irresueltos: qué sucederá 1) con la central nuclear de Zaporiyia; 2) con los territorios, 3) con la desmilitarización, 4) con las sanciones contra Moscú y el oro ruso confiscado por Europa, etcétera

Tampoco está claro qué sucederá, en 2026, con la Unión Europea. Desde que se desencadenó la operación militar rusa en Ucrania, Europa ha demostrado una trágica desorientación estratégica que la ha llevado a callejones como la “era de rearme” definida así por la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen.

¿Estarán los europeos conformes con pagar más impuestos para una mayor militarización? ¿Seguirá creciendo la ultraderecha en Europa? ¿Podrá el bloque superar las fracturas internas o, en cambio, como auguró el primer ministro húngaro, Viktor Orban, “la UE está viviendo sus últimas horas”?

El nuevo año hereda del 2025 una atmósfera de alta incertidumbre política, de peligrosas tensiones y de impunidad. Como todo proceso de metamorfosis las complejidades son muchas veces inescrutables, mucho más con líderes como Trump que, para lograr sus objetivos, apelan a la distorsión del sentido de las palabras, a una sistemática confusión entre la mentira y la verdad y al desafío a cualquier lógica conocida.