El gobierno de Francia comenzó a oficializar la imposición de inminentes toques de queda nocturnos en distintos centros urbanos del país para evitar nuevos estallidos de violencia civil y saquear tras los graves disturbios sociales registrados durante las últimas jornadas. La oficina del primer ministro, Sébastien Lecornu, confirmó la aplicación inicial de las restricciones de circulación en la ciudad de Lille, así como en los municipios de Douai, Wattignies y Denain, vigentes desde las 20 hasta las 06 del martes.
Las medidas punitivas fueron dispuestas "con el consenso de los alcaldes afectados", según precisaron voceros del Palacio de Matignon a la prensa francesa. Durante la mañana, el propio Lecornu había planteado de manera explícita la posibilidad de habilitar estas limitaciones a la movilidad para cada intendente o autoridad local que lo solicitara, mostrándose cauto a la hora de adoptar alternativas institucionales más draconianas, como la declaración formal del estado de emergencia en todo el territorio nacional.
Al argumentar el paquete de medidas, el jefe de Gabinete de la presidencia gala optó por promover "toques de queda puntuales y muy localizados" con el objeto de restablecer el orden público sin paralizar las actividades esenciales. Las restricciones nocturnas se suman al perímetro de exclusión fijado previamente en París por la Prefectura de Policía, que prohibió concentraciones públicas en el Palacio del Elíseo, los Campos Elíseos y la sede de Gobierno para prevenir nuevos choques entre manifestantes y efectivos de seguridad.
La decisión administrativa de recurrir a cierres nocturnos por sectores busca aplacar además la durísima tormenta política que rodea al presidente Emmanuel Macron, quien resolvió ratificar en su cargo al ministro del Interior, Laurent Nuñez, pese a admitir severos fallos en la inteligencia policial frente a una movilización que superó los 550.000 participantes. El estancamiento del Poder Ejecutivo ha motivado severas recriminaciones de líderes de la oposición, como la referente de la extrema derecha Marine Le Pen y el ex primer ministro Édouard Philippe, quienes reclamaron resoluciones drásticas para detener la violencia en las calles.
Con información de EuropaPress.
