La Corte de Trump ataca la ya frágil democracia de EE.UU: el fallo que borra décadas de lucha antirracista

El máximo tribunal de Estados Unidos, dominado por una mayoría ultraconservadora nominada en parte por Trump, vació de contenido lo que analistas consideraban era la última gran barrera contra la discriminación racial en el sistema electoral. El momentum de los republicanos para aprovechar la vía libre judicial.

30 de abril, 2026 | 23.52

El presidente Javier Milei suele decir que las políticas de género no son necesarias porque en el Estado de derecho todos somos iguales ante la ley. Con ese argumento fue desmantelando todas las políticas públicas que buscaban corregir injusticias históricas y asimetrías estructurales. En los hechos, lo único que hizo fue profundizar esas injusticias y asimetrías y abandonar a los sectores más vulnerables. En Estados Unidos, la mayoría ultraconservadora que se garantizó Donald Trump en la Corte Suprema utilizó un argumento similar para justificar un fallo que vació de contenido la norma que era considerada como la última barrera para evitar la discriminación racial en el sistema electoral, una tarea nada menor en un país donde hace sólo 62 años la segregación racial era legal

Además del retroceso estructural que significa para el movimiento de derechos civiles y del duro golpe político para todas las minorías en Estados Unidos, esta decisión puede tener un primer efecto inmediato sobre las elecciones de medio mandato de noviembre próximo. El gobernador de Luisiana, el republicano blanco Jeff Landry, anunció el jueves que suspendía las primarias porque no se podía votar con un mapa electoral que había sido rechazado por la Corte federal. Apenas minutos después de conocerse el fallo el miércoles, el gobernador de Florida y otro republicano del sur del país, Ron DeSantis, anunció un nuevo mapa electoral para su estado con el que analistas predicen que podría ganar hasta 4 bancas en la Cámara de Representantes en el Congreso federal en Washington. 

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"No hay tiempo que perder", aseguró en sus redes el millonario Rick Jackson, un ultraconservador que se presenta en las primarias republicanas para gobernador de Georgia, otro estado del Sur. Pidió que la Legislatura del estado llame a una sesión urgente para postergar las internas y rediseñar el mapa electoral con la nueva libertad dada por la Corte de Trump. Lo mismo se escuchó en Alabama de la mano del senador republicano Tommy Tuberville y en Tennessee de la senadora Marsha Blackburn. "Haré todo lo que pueda para hacer este mapa realidad", dijo y mostró un mapa del estado donde todos los distritos estaban teñidos de rojo, el color del Partido Republicano. 

Para la profesora de Ciencia Política de la Universidad de Suffolk (Massachusetts) y especialista en temas electorales Rachael Cobb se abren semanas claves para este año electoral. Algunos estados ya realizaron las primarias y "hacerlas de nuevo es muy caro". Pero en otros estados el proceso estaba recién por comenzar. "Allí las Legislaturas ya empezaron a actuar", alertó en diálogo con El Destape, en relación a las bancadas republicanas. Después de todo, esta posibilidad de redefinir las fronteras electorales le cayó como un salvavidas al partido de Trump, justo cuando el mandatario se derrumba en las encuestas y luego de meses de elecciones especiales en las que los demócratas cosecharon victorias gracias al creciente malestar económico de millones de estadounidenses. 

Según los pronósticos de distintos medios estadounidenses, el rediseño exprés de mapas electorales en el Sur podría ganarle entre 15 y 19 bancas nuevas en la Cámara de Representantes a los republicanos en noviembre

Un fallo y sus consecuencias

El miércoles pasado y por una mayoría de 6-3, la Corte Suprema falló que era inconstitucional que Luisiana, un estado del sur de Estados Unidos en donde la población negra representa alrededor de un tercio del total, haya establecido un segundo distrito de mayoría negra. En la ley del Derecho al Voto de 1965, el artículo 2 "prohíbe las prácticas o los procedimientos electorales que discriminan sobre la base de la raza, el color o la pertenencia a uno de los grupos de minorías lingüísticas". En Estados Unidos, rige un sistema electoral de distritos uninominales para las Legislaturas de cada estado y cada ciudad, y también para el Congreso federal en Washington. No hay listas sábana, sino que cada partido presenta un candidato para cada distrito. Eso hace que el dibujo de los mapas electorales sea clave para definir qué comunidades tienen más peso demográfico en cada distrito.

En los hechos y hasta la actualidad, el artículo 2 de la ley de 1965 había servido para evitar que las Legislaturas locales y municipales dibujen mapas electoral que diluyan a las comunidades de la minorías y vuelvan irrelevantes sus votos dentro de distritos dominados por población blanca. También había sido utilizado para conseguir que los legisladores o concejales tracen mapas que incluyan algunos distritos que garanticen que las minorías sean mayoritarias y puedan elegir representantes de sus comunidades.

En otras palabras, el artículo 2 buscaba corregir la injusticia histórica de una dirigencia política completa o casi completamente blanca y de minorías raciales -no sólo los afroestadounidenses- ignoradas por la política."Muy poco queda" de la ley que consiguió el movimiento de derechos civiles de los años 60, se lamentó la consejera general de la NAACP, la principal organización afroestadounidense, Kristen Clarke. La ex jefa la de División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia durante el gobierno de Joe Biden explicó al sitio de noticias Politico que sólo se mantienen "algunas pequeñas protecciones sobre acceso de otras lenguas, una importante prohibición a intimidar a los votantes, pero no mucho más". "Este es un día oscuro para nuestra democracia", concluyó.  

Esta opinión no se limita a las voces de las minorías afectadas. La interpretación generalizada -a excepción de los conservadores alineados con el oficialismo de Trump- es que la Corte no sólo apuntó anuló una conquista de la lucha antirracista, sino que también buscó golpear lo que considera es un sector clave de la base electoral de la oposición, es decir, el Partido Demócrata. Y eso, los jueces ni intentaron disimularlo en sus argumentos.

"Mi lectura del fallo es que la mayoría dijo que si una comunidad racial vota consistentemente con un partido, entonces está bien negarles la representación porque eso es simplemente gerrymandering partidario", analizó el politólogo de la Universidad de Florida Michael McDonald, según el medio estadounidense Mother Jones. Gerrymandering es el nombre que se le dio en Estados Unidos al rediseño de los mapas electorales en beneficio de uno u otro partido. Porque tanto los republicanos como los demócratas han utilizado esta estrategia para garantizarse más bancas en Washington, en cada estado y en cada ciudad. 

Pero en su voto de disidencia, la jueza de la Corte Elena Kagan dejó en claro que el fallo de esta semana no es sólo una luz verde para seguir con el gerrymandering como hasta ahora: "Bajo la nueva interpretación de la Corte del artículo 2, un estado puede, sin consecuencias legales, sistemáticamente diluir el poder de los ciudadanos de una minoría. Por supuesto, la mayoría (que votó a favor del fallo) no lo anunció de esta manera. Su opinión es sutil, hasta antiséptica. La mayoría argumenta que sólo está 'actualizando' el artículo 2 de la ley, como si sólo fueran cambios técnicos. Pero en realidad, estas 'actualizaciones' destruyen la ley."

Y concluyó: "Disiento porque la decisión de la Corte da marcha atrás con el derecho fundacional que dio el Congreso de igualdad racial ante las oportunidades electorales".

El profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Standford (California) Adam Bonica, coincidió en denunciar los argumentos de los jueces de la mayoría de la Corte. Bajo el argumento de equiparar el "gerrymandering racial" como una forma más de "polarización partidaria", sostuvo, los magistrados ultraconservadores buscaron reinterpretar la ley de 1965 "como una ley neutral en lo referido a lo racial" en la que no se hacen diferencias para nadie. 

Un sistema electoral cada vez menos democrático

Esta decisión de la Corte no es un hecho aislado. Cobb recordó que en 2013, el máximo tribunal del país ya había eliminado el artículo 5 de la ley del Derecho al Voto de 1965, que establecía que los estados debían contar con la autorización previa de la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia en Washington si querían cambiar una ley electoral. Esto buscaba evitar excesos de los poderes locales. Más tarde, en 2019, la misma Corte decidió que el gerrymandering partidario "podría contradecir los principios democráticos" del país, pero no era judicializable en los tribunales federales. Era una cuestión política, afirmó.

A esto se suma otra estrategia paralela: las políticas públicas orientadas a suprimir el voto. No todos los votos, sino los de los sectores más vulnerables. Esto incluye, claro, muchas de las minorías que solían ser protegidas por el artículo 2. 

En 2020 y como parte de la campaña que impulsaba a su ex vice, Biden, a la Presidencia, el propio Barack Obama alertó sobre este problema y cómo estaba dirigido a comunidades vulnerables como los afroestadounidenses. Hay muchos ejemplos: reducir el números de centros de votación en las comunidades más pobres donde no lo es lo mismo tener que viajar una o dos horas para votar en un día hábil, hacer cada vez más complejo el proceso para votar por correo de manera anticipada, imponer el uso de un tipo de identificación personal que no todos poseen como un registro de conducir o alguna credencial oficial con foto, prohibir el sufragio a las personas con antecedentes penales, habilitar las purgas de padrones con excusas superfluas o hasta prohibir la entrega de botellas de agua a las personas que deben esperar durante horas en la cola para votar bajo el rayo del sol en el día de la votación

A esto ahora se puede sumar: anular el incentivo de saber que el voto de cada persona negra, de origen latino o asiático pesan en su distrito y hacen una diferencia. ¿Para qué ir a votar si son apenas una minoría en un distrito controlado por votantes blancos que se inclinan mayoritariamente por los candidatos conservadores?

El razonamiento no es exagerado. En una columna publicada tras el último fallo de la Corte, Bonica puso como ejemplo al estado de Wisconsin. "Un gerrymandering agresivo, avalado por las cortes, permitió que los republicanos controlaran la Legislatura estadual durante más de una década, pese a que regularmente perdían el voto popular en el estado en su conjunto. En 2018, pese a ganar a nivel estado con apenas el 45%, los republicanos se quedaron con 63 de las 99 bancas de la Asamblea, una ventaja estructural tan consolidada que incluso grandes victorias demócratas posteriores no pudieron dar vuelta. Durante años, estos mapas fueron sostenidos por una Corte Suprema estadual de mayoría conservadora. Recién cuando los liberales ganaron la mayoría de ese tribunal en 2023, el estado comenzó a desmantelar el gerrymandering", repasó el politólogo. 

Este ejemplo no sólo demuestra el efecto real del gerrymandering extremo que habilitó la Corte esta semana, sino que desnuda otro fracaso democrático en Estados Unidos: bajo este esquema de construcción de poder, no son los legisladores electos los que pueden cambiar el rumbo político del estado (o del país), sino los miembros (no electos) de las cabezas de los poderes judiciales. 

Porque fue la Corte, la cabeza del único poder del Estado no electo, la que terminó de borrar lo que el Congreso, el poder que representa a cada ciudadano y cada estado del país, escribió después de tanta sangre y tanta lucha en las calles en 1965. "La Historia es importante para entender lo que se decidió esta semana. Durante el período de la Reconstrucción, después de la Guerra Civil, los negros ganaron un poco de poder en el Sur durante unos años. Eso hizo que, a partir de 1870, se instalara un sistema conocido como Jim Crow que buscó hacer casi imposible que los negros pudieran votar. Apenas el 10% podía hacerlo y si hacías campaña en nombre de ellos podías ser linchado. A eso puso fin la ley de 1965", explicó Cobb. 

Para la politóloga, este retroceso se suma al desgaste que provocó las falsas denuncias de fraude de Trump cuando perdió en 2020, a las constantes acusaciones del ahora presidente de que la oposición manipula las votaciones con el voto adelantado o cualquier herramienta que sirva para ampliar la base de electores, y al cambio de reglas a último momento, lo que genera aún más desconfianza e incertidumbre entre un electorado cada vez más apático y desinformado.

Pero aún si crece el temor a que el Presidente y los republicanos no acepten o manipulen las elecciones de noviembre próximo, el fallo de la Corte desnudó un problema más profundo y estructural para la democracia estadounidense: la gente puede votar masivamente a la oposición demócrata en estos comicios o hasta en las presidenciales de 2028, pero la Corte ultraconservadora, que Trump ayudó a construir con sus tres nominados, seguirá defendiendo durante muchos años más los mapas electorales que ahora se están apurando a aprobar los republicanos y que definirán la concentración del poder político en un país, sin embargo, cada vez más multicultural.