Francia atraviesa uno de los episodios de calor más severos de su historia reciente, con más de 63 millones de personas bajo alerta naranja o roja y una noche que, la del 22 al 23 de junio, fue la más calurosa jamás registrada desde 1947. El fenómeno, lejos de traducirse en un debate sobre políticas públicas de adaptación climática, se convirtió en la nueva trinchera de la derecha y la extrema derecha francesas, que encontraron en los ecologistas el chivo expiatorio perfecto a apenas ocho meses de que arranque, de hecho, la campaña presidencial de 2027.
Un guión que se repite
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El periodista Gaspard d'Allens lo describió con precisión en un artículo publicado por el medio Reporterre: cada catástrofe "natural" activa el mismo reflejo reaccionario. Los incendios forestales, las inundaciones, la sequía agrícola y ahora la canícula tienen, en el relato de la derecha francesa, un único responsable: el ecologismo "punitivo" y "decrecentista" que se habría negado durante años a instalar aire acondicionado en escuelas, hospitales y transporte público.
El caso más citado esta semana fue el del ex ministro de Economía Bruno Le Maire, quien en la radio pública sostuvo que el retraso francés frente al cambio climático es "el fruto de una ideología decrecentista" contra la que hay que luchar "con la mayor firmeza". En la misma línea, el editorialista Dominique Seux acusó a los ecologistas y a la alcaldía de París de haber impedido durante años cualquier mención pública de la palabra "adaptación". En medios más identificados con la derecha dura, como Europe 1, las descalificaciones fueron directamente hacia la izquierda: se habló de una "manipulación" que usaría el calor para avanzar una agenda "islamoizquierdista", en una operación retórica que busca emparentar el ambientalismo con otros enemigos culturales de la derecha francesa.
Retailleau, Le Pen y el "gran plan de climatización"
El artículo de Reporterre señala una paradoja central: quienes hoy reclaman aire acondicionado para todos son, en muchos casos, los mismos dirigentes que trabajaron sistemáticamente para desarmar la legislación ambiental. Es el caso de Bruno Retailleau, presidente de Los Republicanos, que como ministro y desde el Senado impulsó recortes a normas ecológicas y que el 22 de junio, en plena canícula, presentó ante sus militantes la idea de una "ecología de derecha, de sentido común", que "no castigará, no denunciará, no prohibirá", en contraste con lo que llamó el "discurso atrasado" de la izquierda "decrecentista".
La Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen fue, según el relevamiento de Reporterre, la que llevó la instrumentalización más lejos, con la promoción de un "gran plan de climatización del país" que además se apoya, de manera oportunista, en los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC/GIEC) que el propio partido cuestionó abiertamente apenas tres años atrás, durante la ola de calor de 2023.
El resultado de esta operación mediática, sostiene el artículo, no es negar el cambio climático – esa batalla, admite incluso la derecha, ya está perdida -,sino presentarlo como un fenómeno inevitable frente al cual solo cabe adaptarse técnicamente, sin discutir el modelo de crecimiento, el urbanismo de las metrópolis o la reducción real de emisiones. La climatización se volvió así el centro simbólico del debate, desplazando preguntas de fondo como la desimpermeabilización de suelos, la vegetalización urbana o la prohibición de alquilar viviendas que funcionan como "hervideras térmicas".
El gobierno de Macron, sin plan
Detrás de la batalla discursiva hay un dato incómodo para el Elíseo y para Matignon: la ola de calor de este fin de junio no fue una sorpresa. Ya en mayo se había registrado un primer episodio de calor extremo, y Météo-France advirtió que el fenómeno actual podría ser comparable al de agosto de 2003, cuando murieron cerca de 15.000 personas en Francia. Sin embargo, el Ejecutivo llegó sin una estrategia sanitaria, educativa ni habitacional a la altura de la emergencia.
El propio ministro de Educación, Édouard Geffray, se limitó a señalar que el "marco está fijado a nivel nacional" y que "las decisiones se toman a nivel local", en momentos en que 1.800 establecimientos escolares debieron cerrar y otros 8.000 aplicaron cambios de horario el martes 23 de junio. En reportajes televisivos se pudo observar maestros y profesores llevando ventiladores de sus casas a los colegios para que los alumnos puedan rendir los exámenes en mejores condiciones.
Los hospitales se dedicaron a buscar desesperadamente aparatos de aire acondicionado para hacer frente a la ola de calor. Mientras tanto, el gobierno redujo un 1.650 millones de euros el Fondo Verde destinado a la renovación de edificios públicos entre 2024 y 2026, y recortó también el programa MaPrimeRénov' de rehabilitación de viviendas.
Las propuestas de La Francia Insumisa
Frente a ese vacío, el bloque de La Francia Insumisa (LFI) en la Asamblea Nacional presentó en junio un "Plan de urgencia de adaptación a la canícula" que reclama la incorporación inmediata de varios proyectos de ley ya presentados por sus diputados. Entre las medidas más destacadas:
- Un derecho de retiro climático en el trabajo (proyecto de Hadrien Clouet), que fijaría en 33°C la temperatura máxima en locales cerrados, habilitaría el teletrabajo por encima de ese umbral, limitaría la jornada a seis horas y daría a los inspectores laborales la facultad de detener obras en condiciones climáticas extremas.
- Un permiso climático para madres y padres (proyecto de Rodrigo Arenas) ante el cierre de escuelas por calor extremo.
- El acceso gratuito a piscinas, museos y espacios climatizados durante las olas de calor (proyecto de Clémence Guetté).
- La requisición de viviendas vacías – hay 3,1 millones en Francia-, para alojar a personas sin techo durante episodios climáticos extremos (proyecto de Anaïs Belouassa-Cherifi), en un país donde murieron al menos 929 personas en situación de calle durante 2025.
- Un derecho oponible a la protección contra el calor para inquilinos de viviendas "hervidera", que obligaría a los propietarios a instalar persianas, toldos o ventiladores fijos bajo plazos breves y con posibilidad de recurso judicial.
- La restauración plena del Fondo Verde para financiar de urgencia la adaptación de escuelas, hospitales y geriátricos, y una garantía de suministro eléctrico que impida los cortes por falta de pago durante alertas naranjas o rojas.
El plan de LFI insiste en un diagnóstico que contrasta frontalmente con el de la derecha: la canícula, sostienen, "no es una fatalidad" sino "el balance de un fracaso político", que golpea de manera desigual según la clase social. Según los datos que cita el propio documento, el 37% de los hogares más pobres sufre calor excesivo en su vivienda, el doble que los hogares más acomodados, mientras que casi la mitad de los jóvenes de entre 18 y 24 años declara padecer el calor en su casa durante el verano.
A ocho meses de que la campaña presidencial entre en su fase decisiva, el episodio confirma una tendencia que ya se venía consolidando en Francia: el clima dejó de ser un tema sectorial para convertirse en un nuevo frente de la batalla cultural entre un macronismo sin rumbo, una derecha que busca reciclarse como "ecología de mercado" y una extrema derecha que instrumentaliza la ciencia que hasta hace poco negaba.
El horizonte de Mélenchon: "ecorregiones" organizadas por cuencas fluviales
El debate sobre la adaptación climática también empujó a Jean-Luc Mélenchon a poner sobre la mesa una propuesta de mayor alcance institucional, apenas esbozada hasta ahora pero con vocación de convertirse en uno de los ejes de su programa presidencial. El 7 de junio, en el lanzamiento de su campaña ante más de 26.000 personas frente a la basílica de Saint-Denis, el líder insumiso anunció que las regiones francesas serán "enteramente reestructuradas en torno a las grandes cuencas hidrográficas, los ríos", que pasarían a constituir "la primera línea de alerta, de propuestas y de implementación de la planificación ecológica".
Detrás del anuncio hay un trabajo aún en curso, encabezado por los diputados de LFI Claire Lejeune (Essonne) y Gabriel Amard, designados por Mélenchon para desarrollar la propuesta. El territorio metropolitano francés se organiza en seis grandes cuencas hidrográficas y 24 subcuencas, y el proyecto plantea que los límites de las futuras "ecorregiones" se calquen sobre esas subcuencas, y no sobre el mapa regional heredado de la reforma territorial de 2015. Según Lejeune, ese recorte de 2015 responde a una lógica de "competitividad" y "atractividad" de los territorios que resulta inadecuada para los objetivos de la llamada "bifurcación ecológica". Amard es más taxativo: las futuras ecorregiones "solo se ocuparán de ecología", con recursos financieros y fiscalidad propia destinados exclusivamente a ejecutar la planificación ambiental.
El argumento de fondo es que los ríos y las napas no respetan las fronteras administrativas: una industria contaminante situada aguas arriba de un curso de agua puede afectar a municipios de otra región, aguas abajo, sin que las estructuras actuales – repartidas entre regiones, departamentos y prefectos coordinadores-, logren actuar con la celeridad necesaria.
Por ahora se trata de un anuncio de campaña más que de un proyecto cerrado: Lejeune y Amard prevén un ciclo de audiencias con especialistas durante julio, nuevos avances hacia fines de agosto y la publicación del programa completo de Mélenchon recién en octubre. La propuesta se inscribe así en el mismo debate que dispara la ola de calor: mientras la derecha y la extrema derecha reducen la discusión a la climatización de edificios, LFI intenta correr el eje hacia una transformación estructural del ordenamiento territorial y político del país frente a la crisis climática.
