Lejos de provocar un vacío de poder en Irán, el asesinato del máximo líder desde 1989, el ayatolá Alí Jamenei, activó una serie de designaciones para garantizar una transición del poder sin salirse ni un milímetro de la estructura de pode vigente en el país desde la victoria de la Revolución Islámica en 1979. La teocracia chiita será dirigida de manera provisoria, hasta que se designe un sucesor formal del máximo ayatolá, por un Consejo de Liderazgo, un cuerpo colegiado.
Este triunvirato está compuesto por el presidente del país Masud Pezeshkian, el dirigente reformista que ganó en las últimas elecciones de 2024; el el jefe del poder Judicial, Gholamhosein Mohseni-Ejei, y el último designado para conducir esta transición y el representante del clero de la teocracia: el ayatolá Alireza Arafi.
Según la agencia de noticias Europa Press, Arafi parece, a primera vista, alejado de la cúpula política iraní y de su estamento de seguridad pero en realidad está profundamente implicado en los quehaceres diarios del estamento clerical
Arafi, un clérigo de 67 años, es actualmente el vicepresidente segundo de la Asamblea de Expertos, el cuerpo de líderes religiosos que tiene la tarea clave en esta teocracia de elegir al líder supremo que dirige -moral y políticamente- el Estado desde la Revolución Islámica, como lo hizo Jamenei durante casi 40 años.
Además, Arafi fue miembro del poderoso Consejo de Guardianes que tiene otro rol clave en la vida política de la teocracia: evaluar y autorizar a los candidatos electorales. Mientras cualquiera puede presentarse para participar de las elecciones a presidente, legisladores y otros cargos provinciales y municipales en Irán, primero deben ser aprobados por este cuerpo, que además tiene el poder de dar el visto bueno o rechazar las leyes aprobadas por el Parlamento nacional.
En tanto clérigo, Arafi venía teniendo un rol clave también en el país como presidente de los Seminarios Islámicos, un cargo que lo llevó en 2022 a conocer en una audiencia privada al papa Francisco, un ferviente defensor de generar vínculos y entendimiento entre las diferentes religiones.
Mientras la República Islámica muestra una capacidad para garantizar la continuidad del poder tras los masivos ataques de Estados Unidos e Israel, resta saber si realmente fallecieron otros dirigentes políticos y militares de primera línea como informó el sábado Washington y Tel Aviv. Por ahora, las autoridades en Teherán no lo han confirmado.
