Lionel Messi, el amo de los tiempos que reescribe la historia de la Selección Argentina

Con casi 39 años, el crack rescribe la historia de los tiempos y del equipo argentino. También puede ser 10, 7, 5 y 9. No importa si mete goles, su historia pasa por lo que genera.

22 de junio, 2026 | 17.33

El cartel de la anciana parada en una tribuna del Dallas Stadium decía “100 year old Messi fan”. Imposible saber si realmente esa mujer canosa, de pie y sosteniendo firme el cartel tenía cien años. Es lo de menos. Increíble, pero tras el triunfo hoy 2-0 ante Austria, sus cinco goles en dos partidos, máximo goleador histórico de las Copas Mundiales, clasificación obtenida, la pregunta de muchos era si realmente estamos en condiciones de asegurar que este será el último Mundial de Leo Messi. Amo de los tiempos. Y de los tiempos no solo del partido. Ahora también de los tiempos de los Mundiales. Si a cuarenta años de la La Mano de Dios había que buscarle un nuevo significado al 22 de junio, el crack eterno, que cumplirá 39 el miércoles, sigue reescribiendo la historia. 

Seguramente habrá algún crack futuro que quebrará su marca goleadora en las Copas. De hecho, Kylian Mbappé lo sigue de cerca y tiene 27 años. Tampoco importa. Es como la comparación que se hizo durante décadas con ese otro monstruo goleador que es Cristiano Ronaldo. Leo es mucho más que un goleador. Puede ser 10, 7, 5, 9, doble 9. Lo que él desee. La sabiduría del tiempo potencia la astucia sobre dónde jugar. Cuándo acelerar. Cuándo iniciar una jugada última en tiempo extra, cruzar la pelota hacia la izquierda de modo magistral a Julián Alvarez y estar él mismo luego allí para definir sacando el latigazo desde el piso, como si fuera un pibe de veinte, ante jóvenes austríacos que a esa altura pensaban acaso cuál de ellos podría quedarse con la camiseta del crack. 

Seguí el partido desde un sector de prensa que tiene de frente una megapantalla que visualmente cubre casi tres cuartas partes del campo, como si llegara de un área a otra (mide en realidad 49 metros de largo, 22 de alto, pesa 544 toneladas y costó 40 millones de dólares). En el campo y también en la pantalla Messi pasó de la omnipresencia a la ausencia. Por momentos, toda la pantalla era suya. La cancha más todavía. Pero por largos minutos costaba divisarlo. La pantalla mostraba a los que solo esperaban verse en la escena para bailar, hacer muecas, lo que fuere. La tontera del cooling break. Y Messi escondido. Apenas la ejecución de un tiro de esquina a los 72’ (primero y único para Argentina en todo el partido) que casi anota Nico González anticipando a todos. Buscábamos a Messi en la cancha y lo veíamos parado, como tantas otras veces. El parado más peligroso del mundo. Pasó buena parte del segundo tiempo así. Y, seamos sinceros, todos intuíamos que, simplemente, estaba tramando cómo sería su aparición final. Austria se había adueñado de la pelota pero no lastimaba. Era cuestión de esperarlo a él. Y no defraudó: su quinto gol llenó de felicidad una jornada que no había comenzado bien. 

Porque a los 9 minutos falló un penal que el arquero austríaco Alexander Schlager le habría atajado de todos modos. Leo amagó tanto que no fue amague. Y a partir de allí lució algo más lento que en el debut contra Argelia. Más fastidiado porque la marca era más dura. Y también  más impreciso. La gente (sigue cantando mientras yo escribo, sigue en la tribuna, la seguridad ya no sabe qué hacer, cantan ahora “el que no salta es un inglés” y el desconcierto crece). La gente, decía, le cantó al segundo “que de la mano de Leo Messi”. Jamás abandonarlo. Le costó enganchar. Por suerte, llegó el gol a los 38 tras buena conducción inicial y mejor amague final de Thiago Almada. Y Messi recuperó el eje (si es que acaso lo había perdido), mientras la pantalla mostraba al gran Manu Ginóbili y el público estallaba en una ovación (después mostró a Shakira, podría haber mostrado a Jesucristo renacido y la gente hubiera seguido mirándolo a Leo). Todo dentro de una producción irregular del equipo. Es cierto que Dibu Martínez casi no pasó sobresaltos, pero la selección fue hoy más imprecisa, le faltó ritmo y los dos nueves siguen sin lucirse, ni Lautaro Martínez primero ni Julián Alvarez luego. Si antes el pilar defensivo era el Cuti Romero (salió lastimado), hoy es Lisandro Martínez, acaso el mejor después de Messi. 

Será difícil quebrar a este equipo. Porque muestra solidez pese a que da ventajas eternas en el lateral derecho. Porque tiene carácter (lo sufrió hoy Austria). Porque todavía tiene claros márgenes de mejora. Y porque está Messi. Termino mi crónica y la gente sigue en la tribuna coreando su nombre. Ahora gritan “se mueve para acá, se mueve para allá, esta es la banda más loca que hay”. La seguridad sigue sin saber qué hacer. Comienza a intuir que Messi guía sus movimientos. Y que toda resistencia será inútil.