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NOTAS

A Drunken Dream

Te invitamos a recorrer la antología de historias cortas de la legendaria Moto Hagio que publicó Fantagraphics en 2010.
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Miércoles 22 de abril, 2026

A esta altura del Siglo XXI, no hace falta hablar de quién es Moto Hagio ni de por qué es tan importante para el mundo del manga. Lo que sí hace falta es que más gente la lea.



Por mi parte, aunque supe de su existencia durante tantísimos años, recién en 2025 leí por primera vez algo de ella: They Were Eleven (¿Quién es el Undécimo Pasajero?). Una historia autoconclusiva (aunque tiene una continuación) de ciencia ficción y suspenso, dibujada de manera salvaje y con una narración increíble. Me saqué el sombrero y le pedí perdón por no haberla leído antes. Me prometí que lo siguiente sería El Clan Poe sin falta. Como tantas promesas que hacemos, la rompí sin pensarlo demasiado.

Este año cayó en mis manos, un poco por azar y otro poco por curiosidad, la recopilación de historias cortas publicada por Fantagraphics llamada A Drunken Dream and Other Stories. Son diez
historias de entre 20 y 50 páginas, publicadas —según Fantagraphics— a lo largo de 30 años a partir de 1977. Extrañamente, esta información no parece ser del todo correcta. Es probable que esas fechas no correspondan a las publicaciones originales en antologías, sino a recopilaciones posteriores de Hagio en Japón.



La antología comienza con Bianca, publicada en 1970. Una historia sin demasiado peso y bastante cliché, que intenta realizar una crítica sobre cómo los conflictos de los adultos repercuten en los niños. Un divorcio, un abandono, un padre ausente: todo impacta directamente en la inocencia de sus hijos, con efectos devastadores. La segunda, Girl on Porch with Puppy, es de 1971 y se publicó originalmente en COM, lo cual explica mucho. Es una historia rara, experimental, cortita y al pie. Funciona. La tercera, Autumn Journey, también de 1971, es un shōjo hecho y derecho, con una idea similar a Bianca pero más desarrollada. Esta vez la historia aborda otro tipo de drama sobre las decisiones del mundo adulto y su impacto en los niños, pero lo hace de una manera más poética y menos directa. El final es delicado y perfecto.

Saltamos a 1977 con Marie, Ten Years Later. Lo que me llama la atención acá es que ya estamos dos años después de They Were Eleven, pero el dibujo parece el mismo de comienzos de los ´70. Todo parece hecho con un pilotín fino, con bosquejos casi caricaturescos de los personajes, aunque con una composición de página y unas ilustraciones de una delicadeza y precisión superlativas. Es hora de dejar de lado a los niños y enfocarse en los adultos y las frustraciones de crecer: los amores que se van, la vida que sigue y la carga de la soledad. La historia es agradable, pasatista, pero queda en un segundo plano dentro de la antología.



Pasamos a 1980 con A Drunken Dream, donde finalmente Hagio despliega todo su arsenal artístico y de ciencia ficción para construir una historia de amor a través del tiempo. La trama es innecesariamente compleja y nunca termina de quedar claro el concepto detrás, más allá de la idea de que el amor es eterno. Resulta extraño que se haya elegido esta obra como título de la antología, porque, más allá de un dibujo superlativo, no aporta demasiado.
Nos movemos a 1984 con Hanshin: Half-God, una de las perlas de la antología. Dos hermanas siamesas en un caso de gemelo parásito. Desde la primera página te rompe el alma, y terminás con el corazón destruido. Poesía y drama van de la mano para rendirte ante una mangaka dueña absoluta del medio.



También en 1984 llega una de las historias más largas, Angel Mimic. Esta vez, la trama no ofrece mucho más que un romance entre una alumna y un profesor, con una pequeña vuelta de tuerca al final. Es una propuesta adelantada para la época, con un mensaje ligeramente sutil y una crítica abierta a la estigmatización del rol de la mujer en la sociedad japonesa. Sencilla, sin demasiada complejidad, aunque le sobran algunas páginas.

Saltamos a los años ´90, y en 1992 aparece Iguana Girl, una de mis preferidas. Dentro de un contexto fantástico, Moto Hagio aborda el favoritismo de una madre por una de sus dos hijas. Vemos la infancia, la adolescencia y la adultez de la hija relegada, viviendo siempre en un segundo plano a los ojos de su madre, y su progresivo desapego familiar. Su autoestima se ve destruida por ese trato, aparece el miedo a generar vínculos por el rechazo ya conocido, y su alejamiento —físico y emocional— en busca de reconstruirse como persona. Más allá del componente fantástico, que funciona apenas como marco narrativo, me parece una historia absolutamente brillante y conmovedora.



Ahora llegamos a las dos últimas historias. En 1998, The Child Who Comes Home: corta, sentimental y potente, habla de la pérdida de un hijo, de un hermano, de la ausencia que queda y de las culpas que emergen. Sencilla y delicada, es una historia muy bella. Finalmente, en 2007, Willow Tree, mi otra gran favorita. Una veintena de páginas con apenas dos viñetas por página, donde se narra la vida entera de una familia a través de los ojos de un espíritu que habita en un árbol. Prácticamente muda hasta el final, donde aparece un breve monólogo, es una historia que conmueve profundamente y te deja devastado.



En líneas generales, esta selección de historias cortas es un excelente libro. Con altos y bajos, la antología pivotea entre grandes dibujos y grandes historias, por lo que hay algo para todos los gustos. Dense el lujo de buscarlo, comprarlo (o descargarlo) y leerlo.
Porque, si hay una conclusión clara al final de esta nota, es que todos deberían leer a Moto Hagio.