Ya a un ritmo de producción más relajado, Carlos y Eduardo realizan en 1996 una serie de 11 historias autoconclusivas en las que abordan en son de joda la temática de los monstruos clásicos. A veces se llaman "Horror Revisitado", a veces "Lecturas Macabras" y cuando Historieteca y Puro Comic las reunieron en un álbum para el mercado argentino, las rebautizaron "Cuentos de Terror". Los guiones no son todos brillantes (hay alguno que otro un poco estirado, o con buenas ideas algo desaprovechadas) pero el dibujo de Risso es glorioso en las 11 historias. No hay una sola tirada a chanta, nada que sugiera que esto fue dibujado a las apuradas, o derivado a asistentes menos diestros que el León de Leones. Hay riesgo en la puesta en página, hay un claroscuro de alto impacto, fondos laburadísimos, personajes de enorme expresividad... Esto es un lujo, de verdad. Y como siempre, cuando un guionista juega al misterio, a esconder revelaciones para sorprender al final de la historia, necesita que el dibujante "mueva la cámara" con inteligencia y sutileza para no darle al lector información que le arruine la sorpresa. Risso hace eso en todas las historias que requieren ocultar datos hasta el final, con verdadera maestría. Un libro realmente muy recomendable, con el que la vas a pasar muy bien, aunque no te interese demasiado el tema de las momias, fantasmas, vampiros y monstruos varios.

En 1998, el mismo año en que Trillo culmina de modo conflictivo ese largo período de trabajo para Eura, aparece en Argentina la revista Genios, en la que el guionista colaborará hasta el último día de su vida. Junto a Risso, crean para este medio la saga Los Misterios de la Luna Roja, una historieta a todo color, que salía de a cuatro páginas por semana. Después de tanta oscuridad, acá la dupla puede distenderse un poco y jugar a la aventura infanto-juvenil, rica en elementos fantásticos. Los Misterios de la Luna Roja se extendió hasta ya entrado el 2000 y se recopiló en cuatro álbumes en varios países. La Eura la serializó en una de sus antologías algunos años después, cuando las aguas estaban más calmas. Acá, todavía estamos esperando que se recopile en álbumes. Cuatro, dos, uno, los que sean.

Una vez terminada Los Misterios de la Luna Roja, Risso se concentra en su trabajo para DC/ Vertigo y no vuelve a colaborar con Trillo hasta que no termina la publicación de 100 Bullets, su serie más conocida para el mercado de EEUU. La dupla se reúne para darse un gusto: "Cuando con Risso hicimos Chicanos -recuerda Carlos- en realidad queríamos hacer Bolita. Queríamos hacer una detective boliviana en Buenos Aires y contar cómo era discriminada. Pero el editor europeo dijo que allá no se entendía, que hiciéramos un paquistaní en Alemania, o algo así. Al final terminó siendo una chicana en Estados Unidos". Y ahora sí, en 2010 y en las páginas de Fierro, Carlos y Eduardo se lucieron con la historia de Rosmery Ajata, un relato 100% argento, que finalmente se publicó en varios países. El guion se mete a fondo con la vida cotidiana de esta chica boliviana, muy humilde, que vive en una villa y se gana la vida limpiándole la mansión a unos millonarios de Acassusso. En ese marco de marginalidad, Trillo mete ilusiones, afectos, recuerdos, vínculos solidarios y sobre todo inquietudes, porque Rosmery Ajata es un personaje inquieto, repleto de curiosidad y de ganas de hacer más, de saber más, de amar más, de vivir mejor. Los villanos son un poquito estereotipados y Trillo los plantea con pocas pinceladas y brocha bien gruesa. Se centra más en el conflicto, muy atractivo, y en la personalidad de la protagonista. Bolita es un arco de menos de 70 páginas, pensado como la primera aventura de la detective de la villa... y fue también la última. La publicación del final de la obra coincidió con la muerte de Trillo.

Quedó en el tintero una obra que tuvo varios títulos (entre ellos "Esa Mujer", "El Cuerpo" y "1950") en la que Carlos y Eduardo planeaban (en palabras de Trillo) "una historia de amor alrededor de lo que verdaderamente ocurrió con el cuerpo embalsamado de Evita, que fue escondido por la dictadura que derrocó a Perón en 1955, violado por un coronel enfermizamente enamorado, enterrado en secreto y con otro nombre en Italia, y finalmente mutilado antes de reaparecer cuando Perón estaba por regresar triunfalmente a la Argentina en 1972, después de casi 20 años de intensa inestabilidad política y levantamientos populares". Risso llegó a dibujar más de 20 páginas, todas a color directo con una técnica increíble, de un guion que Trillo nunca llegó a completar. Hay alguna posibilidad de que en algún momento Diego Agrimbau tome la posta, complete el guion, y Risso lo termine de dibujar.

Y nos falta hablar de la única obra de Trillo y Risso que nunca se publicó en Argentina, una historia corta titulada "Fiebre de Primavera", incluida en la antología Terra Nostra: Los Derechos de la Tierra. Son apenas ocho páginas, también ilustradas por Risso a color directo, en las que Trillo aborda la temática ecologista, a tono con la consigna de este increíble álbum en el que participan también monstruos como Carlos Nine, Will Eisner y Miguelanxo Prado. ¿Por qué esto nunca se publicó en nuestro país? No tengo la menor idea.

De todos esos años de trabajo compartido, dijo alguna vez el guionista: "Con Eduardo nos gustaba probarnos en distintos géneros para forzarlos un poco con algunas modificaciones a las historias clásicas. A Eduardo le contás una historia que te está viniendo y te dice siempre que sí. Y le pone esos negros mágicos, y esas expresiones llenas de calidez, casi inconcebibles en un estilo que a golpe de vista parece frío y al final de frío no tiene nada. Es un dibujante que a lo largo de los años nos ha sorprendido con saltos acrobáticos en su calidad, que lo han ido posicionando como un maestro del blanco y negro".
Por su parte, Risso declaró alguna vez "Con Carlos llegamos al punto en que él ya no necesitaba entregarme un guion muy extenso en explicaciones, él sabía que podía descansar en las imágenes que iba a aportar yo, y se podía concentrar más en los diálogos y en otros aspectos de la narración. Y así, al saber que cada uno iba a cumplir su rol y a enriquecer el trabajo, pudimos hacerlo con más libertad".


