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Las 4 firmas de Milei para la entrega integral de los recursos argentinos

Un recorrido por los acuerdos que atan la infraestructura, la energía y los minerales de Argentina a los intereses de Washington: la reedición del viejo esquema colonial en plena era de la IA.

26 de septiembre, 2026 | 14.32

“Las líneas fueron trazadas con un sentido ajeno a las conveniencias nacionales, porque su estudio, planeamiento y financiación fueron ofrecidos a los extranjeros por razones ajenas a la política ferroviaria y a la capacidad financiera de la República (…) Esa política es fácil de resumir: tráfico descendente de materia prima hacia los puertos; tráfico ascendente de manufactura desde los puertos hacia el interior. El mantenimiento de esa línea de conducta por parte de las empresas ferroviarias se tradujo no solamente en la imposibilidad de crear industrias y manufacturas en el interior de la República, sino en la aniquilación de industrias y manufacturas vernáculas que existían antes del tendido de las vías férreas”.

El texto es de Raúl Scalabrini Ortiz. Lo escribió en 1948, en el contexto de la nacionalización de los ferrocarriles encarada por Juan Perón en su primera presidencia. Y fue incorporado como prólogo a su libro “Historia de los ferrocarriles argentinos”, el minucioso estudio ramal por ramal que le llevó 10 años de trabajo y que, como reconstruyó el historiador Norberto Galasso, nadie le quería publicar y apenas logró que le imprimieran 1000 copias de los primeros capítulos, les cosió una tapa y los transformó él mismo en libros. 

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El trabajo de Scalabrini Ortiz daba fundamento a la decisión de Perón. Era inviable pensar en un país cuando todo el sistema ferroviario estaba diseñado y manejado por intereses extranjeros. Detallaba que:

  • “El ferrocarril extranjero extendió el área comercialmente cultivable con cereales y el perímetro de las praderas aprovechables para la cría del ganado, pero impidió sistemáticamente el comercio interior y las industrializaciones locales”
  • “El ferrocarril fue el arma primordial de que se valieron los extranjeros para sofocar todo progreso que de alguna manera pudiera hacer vacilar su hegemonía”
  • “En un país joven, como el nuestro, la existencia de estas empresas ferroviarias, dotadas de tantos medios de acción, presentan un dilema, del que no es posible escapar; o bien el país domina a sus ferrocarriles, o bien los ferrocarriles dominan al país. Esto último es lo que, desgraciadamente, ocurría entre nosotros”

¿Qué es el Corredor Andes-Atlántico y cómo afecta a la soberanía argentina?

Casi 80 años después, el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, anunció el lanzamiento del Corredor Andes-Atlántico, un plan para garantizar la salida de minerales, petróleo y gas de las inversiones estadounidenses a través de ferrocarriles y puertos financiados por ellos mismos. La historia se repite pero, a diferencia de lo que pregonaba Carlos Marx, las dos veces como tragedia: una alianza torpe que entrega la infraestructura económica a una potencia en declive. 

“El compromiso del presidente Trump y el liderazgo del presidente Milei se traducen hoy en algo concreto: Estados Unidos y Argentina lanzaron el Corredor Andes-Atlántico, la iniciativa que conectará la matriz productiva argentina con los mercados de Occidente a través de inversión de EE. UU”, escribió Lamelas en un tuit que se publicó ayer a las 20.13hs. El canciller Pablo Quirno recién informó del tema en sus redes a las 23.

Una alianza en la mira: el riesgo de darle la espalda al mayor mercado del mundo

Ya es un primer punto poco conveniente: ¿de qué le sirve a la Argentina limitar la conexión de su matrix productiva a medio planeta? El 2do socio comercial del país es China; el 5to India; Vietnam, Arabia Saudita y Malasia son destinos importantes de exportaciones. Asia ya representa más de la mitad de la población mundial y en ascenso, tanto en cantidad como en poder adquisitivo. 

La declaración conjunta de este plan dice: “El Corredor Andes-Atlántico tiene como objetivo facilitar la inversión pública y privada en infraestructura de transporte, energía y digital a largo plazo, convirtiendo a Estados Unidos en un socio fundamental para la infraestructura y la inversión en Argentina. Las exportaciones de minerales, petróleo y gas aumentarán a través de inversiones estadounidenses y respaldadas por dicho país en ferrocarriles, vías navegables, puertos, oleoductos e infraestructura de generación y transmisión de energía, construidas sobre una base de tecnología confiable que busca garantizar una eficiencia óptima y la máxima ciberseguridad”.

Todo es evidente. Estados Unidos será el “socio fundamental para la infraestructura y la inversión” al igual que lo fueron los ingleses en el siglo XIX. Todo saldrá por trenes, barcos y oleoductos diseñados por intereses extranjeros, igual que los ferrocarriles ingleses. La “base de tecnología confiable” es la cláusula anti-China que Estados Unidos impone en las licitaciones argentinas.

Los primeros detalles del acuerdo dan cuenta de la avanzada estadounidense con la alfombra violeta para recibirlos. Dice:

  • “Sector de Transporte: Identificar proyectos de infraestructura prioritarios para la rehabilitación y expansión de ferrocarriles, vías navegables y puertos, con oportunidades para que empresas estadounidenses compitan en licitaciones o en calidad de subcontratistas”. ¿Quién va a establecer las prioridades y las oportunidades para las firmas yanquis?
  • “Sector Energético: Desarrollar comercialmente los recursos energéticos de la región de Vaca Muerta a través de inversión, tecnología e instrumentos financieros de EE. UU., incluidos préstamos directos, garantías de préstamos y productos de seguros para movilizar capital, equipos y proveedores de servicios de ese origen”. Es decir, transformar Vaca Muerta en Dead Cow. 
  • “Sector de Minerales: Identificar oportunidades bajo el Acuerdo Marco de Minerales Críticos EE. UU.-Argentina para apoyar la minería y el procesamiento de minerales críticos, avanzando en los compromisos para asegurar las cadenas de suministro y promover la diversificación global de las mismas”. Ese Acuerdo Marco que mencionan establece que Argentina le avisará a Estados Unidos sobre los proyectos mineros con prioridad para que la empresas de ese país sean las que los exploten.
  • “Sector Digital: Apoyar el uso de tecnología confiable y colaborar en la seguridad de plataformas y equipos de inspección aduanera, de manera consistente con el Artículo 3.2 del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproca entre EE. UU. y Argentina”. Esta es la cláusula anti-China, ya anunciada con la intervención del embajador Lamelas para que una firma proveedora de telecomunicaciones en Vaca Muerta no compre insumos de Huawei.

¿Cuáles son las condiciones que impone EE. UU. para invertir en infraestructura?

El comunicado dice que Estados Unidos conseguirá los fondos y Argentina “continuará fortaleciendo su entorno legal y regulatorio, así como la protección a la inversión para atraer capital extranjero, lo cual incluye marcos legales y regulatorios transparentes, predecibles y efectivos que rijan las concesiones de infraestructura, acogiendo la participación de empresas y financistas estadounidenses en el mercado”. Ponen la plata y quieren leyes a medida. Otro capítulo como los tratados de protección de inversiones de los años 90 que aún ningún gobierno desarmó. 

¿Cuál es el objetivo? Garantizar la cadena de suministros de Estados Unidos, y la Argentina queda como un simple eslabón de esa cadena. Lo dice el propio comunicado: “se basa en el apoyo de Estados Unidos al desarrollo de corredores económicos estratégicos a nivel global que aseguran las cadenas de suministro estadounidenses y crean oportunidades para que las empresas de EE. UU. se incorporen a dichos proyectos”.

Para que no quedaran dudas, luego de cruzarse a Milei en un pasillo de Naciones Unidas, el secretario de Estado Marco Rubio afirmó: "Estados Unidos siempre actuará —al menos mientras el presidente Trump esté en el cargo— en defensa del interés nacional de nuestro país, y no en función del interés del orden internacional. Jamás antepondremos el orden internacional a los intereses de Estados Unidos". Milei se ata a un país que se mira el ombligo. 

El financiamiento prometido vendrá del Exim Bank, una agencia pública de crédito del gobierno estadounidense cuyo objetivo es, obviamente, garantizar importaciones y exportaciones estadounidenses. Anunciaron que financiarán proyectos por 7.000 millones de dólares. La mayoría parece que irá para un proyecto de Gas Natural Licuado (GNL) con YPF, algo que ya existiría de no ser porque Milei abortó la enorme inversión de la petrolera malaya Petronas porque se iba a concretar en la provincia de Buenos Aires que gobierna Axel Kicillof. 

4 al hilo: ¿Qué acuerdos firmó el gobierno de Javier Milei con Estados Unidos?

Este nuevo acuerdo no es un hecho aislado, sino la continuidad de la política de entrega que lleva adelante Milei. El canciller Quirno lo festejó y publicó: “Se abre así un nuevo canal clave gracias a la ambición de los instrumentos conjuntos: el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproca (ARTI) y en el Acuerdo Marco de Minerales Críticos, y Pax Silica, integrando a la Argentina a las cadenas de suministro de inteligencia artificial, semiconductores y minerales críticos”.

Quirno admite que no paran de firmar documentos que recortan la soberanía sobre los recursos naturales. Van 4 al hilo:

  1. El acuerdo Marco de Minerales Críticos. Firmado el 22 de agosto de 2024, establece que Argentina le avisará a Estados Unidos sobre los proyectos mineros con prioridad para que la empresas de ese país sean las que los exploten.
  2. La Pax Sílica, firmada a finales de junio de 2026, que deja a la Argentina con el mismo rol que en el siglo XIX: proveedor de materias primas y comprador de su resultado industrializado. Antes era el cuero y la ropa, ahora los minerales críticos y la inteligencia artificial.
  3. El acuerdo de Comercio e Inversión Recíproca, firmado el 5 de febrero de 2026 donde lo que menos abunda es la reciprocidad. La frase “Argentina deberá” figura 113 veces; Estados Unidos deberá apenas 10 veces. La palabra Argentina sola aparece 172 veces; Estados Unidos 59. Una reciprocidad curiosa.
  4. El Corredor Andes-Atlántico, para garantizar la salida de minerales, petróleo y gas de las inversiones estadounidenses a través de ferrocarriles y puertos del mismo modo que los ingleses sacaban las materias primas en el silo XIX.

Cada uno fue un paso más hacia lo mismo que Scalabrini Ortiz describía hace casi un siglo.

El primero, el acuerdo de Minerales Críticos entre la cancillería argentina y el Departamento de Estado de EEUU., dice que busca “cooperar en el fortalecimiento de la gobemanza y la inversión en el sector de los recursos minerales críticos en la República Argentina, a fin de ayudar a expandir su integración y el apoyo a cadenas de suministro seguras y confiables a nivel mundial”.

El objetivo es la “exploración, extracción, procesamiento y refinación, y reciclaje y recuperación de recursos minerales críticos”. La excusa es que se necesitan inversiones, pero la Argentina no puso ninguna condición acerca de qué obtener a cambio de sus recursos. Podría hacerlo, ya que los minerales están en suelo argentino. No lo hizo.

El punto 4 vale la pena citarlo completo: “El Gobierno Nacional de la República Argentina tiene la intención de proveer información a los Estados Unidos de América respecto de potenciales licitaciones y proyectos en la República Argentina tan pronto como dicha información se encuentre disponible. El Gobierno Nacional de la República Argentina hará todo lo que se encuentre a su alcance para alentar a los gobiernos subnacionales a proporcionar esta información lo antes posible, para garantizar que las empresas con sede en los Estados Unidos de América y los socios de la Asociación para la Seguridad de los Minerales tengan suficiente tiempo para participar”. En síntesis, Argentina le tiene que avisar a EEUU de forma prioritaria de todo lo vinculado a minerales e incluso obligar a las provincias a hacerlo.

¿Qué pidió Milei a cambio de esto? Nada. El acuerdo no exige ninguna contrapartida por parte de Estados Unidos, ni transferencia de tecnología, ni inversión en industrialización local.

La polémica por la transferencia tecnológica y el modelo industrial

Esta semana el ministro de Economía Luis Caputo quiso burlarse del periodista Diego Iglesias, que, desde China, informaba sobre el desarrollo de las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) que fueron claves para el despegue industrial del gigante asiático. Caputo dijo que si se reemplazaba la ciudad china de Shenzen por Argentina se entendía que el Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones (RIGI) era lo mismo que las ZEE chinas.

El presidente Milei se sumó al tema e insultó a Iglesias. El periodista, en cambio, hizo periodismo y publicó: "Camarada Luis Caputo: Comparar lo que están haciendo ustedes con lo que hicieron los chinos es como si los Danger Four dijeran que son los Beatles. El RIGI da beneficios siderales sin pedir nada a cambio. Las Zonas Económicas Especiales exigieron transferencia de tecnología y asociación con empresas chinas ¿Por qué? Porque el objetivo era el desarrollo industrial local para generar masivos puestos de trabajo. Por otro lado, los productos tenían que ser exportables, evitando así que se volcaran al mercado interno y destruyeran otras empresas chinas que no estaban en las ZEE. Además, el Estado chino acompañó con grandes obras de infraestructura (puertos, rutas, telecomunicaciones, etc) Ustedes ni siquiera quieren arreglar la ruta que va a Vaca Muerta. En definitiva, la política le abrió el juego a la economía de mercado, pero la reguló y dirigió férreamente desde el Estado. P.D.: encuentro un tanto risueño que ustedes se comparen con los comunistas en términos positivos. Los errores en la Matrix son un deleite".

De proveedores de cuero a proveedores de litio: la nueva división del trabajo

La Pax Sílica fue en el mismo sentido. Su objetivo es que los países firmantes se limiten a la parte de la cadena de la tecnología digital asignada. En el caso de la Argentina, a proveer minerales críticos. La piedra basal de la Pax Silica ideada por el subsecretario de Asuntos Económicos Jacob Helberg es que la soberanía digital no existe, que los países no tienen que desarrollar lo que ya tiene otro y simplemente tienen que sumarse a la iniciativa con lo que puedan aportar en este momento. En ese esquema, Estados Unidos es el centro de toda la maquinaria y la Argentina un simple proveedor de insumos que luego tiene que comprar lo que Estados Unidos haga con esos insumos.

Helberg es un joven funcionario de 36 años que fue el fundador de The Hill & Valley Forum, un centro de lobby de los tecnomillonarios de Silicon Valley para influir sobre los políticos de Washington. El primer sponsor de la entidad es Palantir, la empresa de Alex Karp y Peter Thiel. No es la única, figuran casi todas las firmas de tecnología como Open IA, Oracle, Nvidia y Google, entre tantas otras. Armaron una fundación para llevar sus intereses al gobierno de Estados Unidos y pusieron al subsecretario de Asuntos Económicos

Mientras el gobierno argentino anunciaba su adhesión a la Pax Silica, Helberg publicó un documento en la web del Departamento de Estado titulado “La trampa de la soberanía digital”. El texto apunta contra la iniciativa de la ONU de que cada país construya sus infraestructuras en Inteligencia Artificial. “Es una visión seductora. También es atrasada y contraproducente”, dice Helberg.

Helberg hace una analogía entre empresas y países. Plantea que las empresas exitosas son las que no hacen lo que otra empresa ya fabrica, porque ese mercado ya está cubierto. Y quiere aplicar ese principio a los países: que ninguno desarrolle nada que ya haya desarrollado otro. “Habrán logrado no la llamada ‘soberanía digital’ sino una especie de mediocridad sincronizada”, afirma Helberg de los países que creen en sus propias capacidades informáticas.

“Una nación no es digitalmente soberana porque puede reproducir los avances de ayer, la mitad del mundo puede hacerlo. Es digitalmente soberano porque puede contribuir al de mañana. Lo llaman soberanía de la innovación: el poder no de copiar lo que existe, sino de crear lo que no”, dice Helberg. Y pone como ejemplo que Estados Unidos no corrió detrás del 5G, tecnología en la que quedó rezagado frente a China, sino en lo que se monta encima de la transmisión de datos, la inteligencia artificial. 

“Esta es la lógica detrás de Pax Silica. No lo construimos como una fortaleza. Lo construimos como una coalición de capacidades, una forma para que las naciones que confían entre sí encuentren la mejor tecnología dondequiera que viva entre ellos y trencen esas fortalezas. La premisa es simple y antigua: los socios de confianza que intercambian sus ventajas logran lo que ninguna nación amurallada puede manejar sola. El cálculo de un socio se encuentra con los minerales de otro, el talento de un tercero, el capital de un cuarto, y el resultado no es una suma sino una multiplicación”, detalla Helberg.

Muchas referencias. La “nación amurallada” es evidentemente China, una de sus obsesiones. Tiene un libro llamado “Los cables de la guerra: la tecnología y la lucha global por el poder” donde, según su currículum, “aboga por una estrategia estadounidense más contundente frente a las ambiciones tecnológicas de China”.

Pero lo más interesante es la distribución de tareas que plantea: un país tiene minerales, otro va y los extrae, el tercero tiene científicos y otro el dinero para financiar la operación. La vieja división internacional del trabajo, donde Argentina volvería a su rol de proveedor de materia prima y consumidor de producto terminado. Ahora, en lugar de vaquitas son minerales raros, en lugar de cuero y ropa será inteligencia artificial. Lo que nunca Helberg, además, es quien se queda con los beneficios. Y, sobretodo, con el control de la tecnología y de los países que usen esa tecnología que no es propia. O sea, que terminan sin soberanía digital. Para esta era, sin soberanía a secas.

La verdadera trampa, o más bien falacia, de Helberg, es que pone dos opciones extremistas: o te sumás a su iniciativa o sos un cavernícola que arranca de cero en el desarrollo científico digital. Elude mencionar los caminos alternativos: la integración, la transferencia de tecnología, la diversificación de socios.

Había 16 países que firmaron la Pax Silica de Trump, de Helberg, o sea de Thiel. Argentina fue el 17, la desgracia para los cabuleros.

El acuerdo para el Corredor Andes-Atlántico completa la secuencia. No sólo por el nombre, que obviamente deja afuera el océano Pacífico, ruta para Oriente. Este nuevo documento junto a los anteriores integra la entrega: detección de los minerales, rol de proveedor sin desarrollo local, ruta de salida de la materia prima y de entrada de los productos terminados. Y, otra vez, en alianza con la potencia en caída. 

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