Murió Raúl Antonio Guglielminetti a los 84 años, uno de los genocidas de la dictadura cívico militar condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad. Su nombre volvió a la escena pública en los últimos años por las visitas de diputados de La Libertad Avanza (LLA) al penal de Ezeiza, donde se encontraba detenido antes de obtener prisión domiciliaria.
Guglielminetti fue agente civil de inteligencia del Ejército y miembro del Batallón 601, operando en centros clandestinos como Automotores Orletti, El Olimpo y el Club Atlético. Allí ejecutó secuestros, torturas y desapariciones.
Además, se lo conocía por sus alias “El Ronco” y “Mayor Guastavino”, nombres que utilizaba para encubrir su identidad en operativos ilegales. Su figura se volvió aún más siniestra por testimonios de sobrevivientes que lo identificaron como responsable directo de tormentos y vejámenes.
Este proyecto lo hacemos colectivamente. Sostené a El Destape con un click acá. Sigamos haciendo historia.
MÁS INFO
En cuanto a sus condenas, en 2010 fue sentenciado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad. La justicia lo responsabilizó por secuestros, torturas y desapariciones, reafirmando su rol como uno de los represores más activos durante la dictadura. Sin embargo, pese a la gravedad de sus crímenes, Guglielminetti solicitó en reiteradas ocasiones la prisión domiciliaria. Argumentó problemas de salud y edad avanzada, pedidos que fueron evaluados por los tribunales en distintas instancias.
Finalmente, en septiembre de 2025 obtuvo el beneficio de cumplir arresto domiciliario en su casa de Mercedes, provincia de Buenos Aires. Allí permaneció hasta su muerte, bajo el cuidado de su familia y sin haber mostrado arrepentimiento alguno.
Visitas de LLA a represores al penal de Ezeiza
Por otro lado, su figura cobró notoriedad política en julio de 2024, cuando recibió en la cárcel de Ezeiza a diputados de La Libertad Avanza. Durante ese encuentro, entregó un sobre con propuestas para lograr la libertad de los represores condenados.
Ese episodio generó un fuerte repudio social y político, ya que evidenció la articulación de sectores libertarios con genocidas que nunca rompieron el pacto de silencio sobre el destino de los desaparecidos. Asimismo, la visita de LLA se inscribió en un contexto de reclamos por beneficios carcelarios para represores, lo que reavivó el debate sobre la memoria, la verdad y la justicia en Argentina.
En paralelo, durante el gobierno de Mauricio Macri se registraron gestos que beneficiaron a represores, como la flexibilización de criterios para otorgar prisiones domiciliarias. Ese escenario fue aprovechado por Guglielminetti y otros condenado. De hecho, organismos de derechos humanos denunciaron que las políticas de aquel período facilitaron la salida de genocidas de las cárceles, debilitando el consenso social sobre el “Nunca Más”.
