Pinta el mundo y pintarás tu aldea: la aceleración de los planes autoritarios del gobierno de Estados Unidos, que ya se discuten abiertamente y sin eufemismos, impacta directamente en la Argentina, reducida, por voluntad de su presidente, Javier Milei, a un rol semicolonial. Detrás de la escalada de violencia aparece, nuevamente, el interés de unos pocos empresarios, estrechamente vinculados a la administración Trump, que conforman la cima de la pirámide global de riqueza (no el 1 por ciento ni el 0,1 por ciento, ni siquiera el 0,0001 por ciento, sino apenas un puñado de individuos), promueven un proyecto de gobernanza hemisférica, financian campañas ganadoras y manejan la infraestructura virtual y real sobre las que se articulan, hoy en día, las sociedades y los estados. Son los verdaderos impulsores y ganadores del fascismo neoliberal.
1.
Y lo dijo. El tipo finalmente lo dijo: “Es una especie de cuestión psicológica profunda, que cuando ganás la presidencia perdés las elecciones de medio término. Si te ponés a pensarlo, no deberíamos tener elecciones”, le respondió Donald Trump a Reuters el miércoles por la noche, cuando fue consultado por sus manifestaciones públicas de preocupación por el resultado de los comicios que deben celebrarse en noviembre. Un rato más tarde su vocera intentó llevar tranquilidad aclarando que se trató de una broma. Sin embargo, nueve días antes, en una reunión con legisladores republicanos, el presidente fue más específico: “Si no ganamos las elecciones de medio término van a encontrar una razón para hacerme juicio político. Van a hacerme un juicio político”. Lo dijo el día que se cumplieron cinco años del asalto al Capitolio, por el que ya cursó un impeachment al final de su primer mandato.
MÁS INFO
A esta altura es difícil no darse cuenta de qué se trata el proyecto de poder que hoy encarna Trump pero que está sustanciado en la simbiosis entre la infraestructura tecnológica de Silicon Valley y el monopolio del uso legítimo de la fuerza que se conduce desde la Casa Blanca. Las únicas preguntas que quedan por contestar es cuánta resistencia va a encontrar ese proyecto y quién, de los dos, está sentado en el asiento del conductor. Aunque la respuesta a la segunda podemos encontrarla en la tecnología fetiche del empresario fetiche de esta era: los autos Tesla, de Elon Musk, avanzan hacia la automatización absoluta y quizás lo mismo suceda con la administración de las cosas. Una gobernanza automatizada en función de “buenas prácticas” que alcanzan a esconder, o apenas justificar, un aparato de disciplinamiento de corte autoritario y la neutralización de la voluntad popular.
El consenso democrático estalló en pedazos. Lo que vemos es un intento unilateral de imponer, por la fuerza y la ventaja tecnológica, un nuevo paradigma. Bajo esa premisa todo puede empeorar mucho y muy rápido. Lo único que no podemos hacer los que queremos algo distinto es quedarnos afuera de la discusión. No tener nada diferente para proponer. Si sus planes tienen éxito en poco tiempo ya no habrá una discusión para dar. Lo que vemos en Estados Unidos es una señal a todos los gobiernos alineados. Tienen carta blanca para ordenar a la sociedad. Si algún argentino cree que Milei tiene más pruritos para aplicar violencia contra la población, si aún abriga la esperanza de que el fan de Trump, admirador de Netanyahu y amigo de Bolsonaro va a comportarse de otra forma, si todavía piensa que acá no hay condiciones o no van a dejarlo, lo invito a revisar con urgencia esas ideas.
El mismo día que habló de suspender elecciones Trump amenazó nuevamente con aplicar el Acta de Insurrección, una ley de 1807 (no hay ningún error de tipeo) que autoriza al presidente a utilizar fuerzas federales e incluso a las fuerzas armadas dentro del territorio de Estados Unidos para hacer frente a casos de desorden civil o rebelión interna. Horas después de haber amenazado al pueblo de Minnesota con “EL DÍA DEL JUICIO Y LA RETRIBUCIÓN” (acá tampoco hay un error de tipeo, las mayúsculas son del original) publicó otro mensaje en redes sociales en el que “si los políticos corruptos de Minnesota no obedecen la ley y detienen a los agitadores profesionales e insurrectos que atacan a los patriotas de ICE, que sólo tratan de hacer su trabajo, voy a instituir el ACTA DE INSURRECCIÓN (idem) como hicieron muchos presidentes antes que yo y poner un rápido final a esta farsa”.
Quien se sumó rápidamente a la poco maquillada operación fue Musk, que desde su cuenta en X, impulsada por el algoritmo a cada remoto rincón de esa red, dijo “es hora de invocar el Acta de Insurrección”, citando otra cuenta con un millón de seguidores que suele denunciar conspiraciones judías y maoístas y en este caso argumentó que “el Acta de Insurrección fue invocada 30 veces por 17 presidentes distintos” para “lidiar con rebeliones y levantamientos” como en Minnesota. Esos datos sesgados ocultan la realidad. De las treinta veces que se invocó esa ley, en veinticinco ocasiones se hizo a pedido de las autoridades locales, que se encontraban desbordadas por protestas. Las cinco veces que la Casa Blanca actuó contra las fuerzas estaduales fue para garantizar la aplicación de la ley que ponía fin a la segregación, porque no dejaban a los niños negros entrar a la escuela.
Ahora, en cambio, será la excusa para intervenir estados opositores, aterrorizando a la población mientras se lleva a cabo una operación de inteligencia de amplio alcance utilizando herramientas de vigilancia digital masiva, tal como conté en una nota este viernes en El Destape. El ICE, la policía migratoria, es la herramienta de cabecera de este despliegue. En las Ciudades Gemelas de Minnesota, Minneapolis y St. Paul, ya hay más de 3000 agentes, un número que duplica largamente la cantidad de efectivos de las policías metropolitanas. Las descripciones de los vecinos y de cronistas que trabajan desde el lugar dan cuenta del clima: escuelas y comercios vacíos, calles silenciosas y desiertas patrulladas por pandillas de hombres con armas largas, los rostros cubiertos y sin identificación, detenciones arbitrarias, violencia excesiva y represión inmediata de cualquier protesta.
2.
El 20 de enero de 2025, hace menos de un año, en el primer día de su segundo mandato, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14159, título: “Protegiendo al Pueblo Estadounidense contra la Invasión”, que instruye al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a incrementar de manera inmediata el número de agentes de ICE, Aduanas y Protección de Fronteras (CBP). El Congreso aprobó un aumento presupuestario masivo que llevó el presupuesto de la “guerra contra la inmigrasión ilegal” a 75 mil millones de dólares, de los 10 mil millones originales. Hoy ICE es la fuerza federal con mayor presupuesto, incluso más que el FBI, y si se comparan sus recursos con los de ejércitos de otros países, hay menos de veinte en el mundo que alcancen ese número. La “Migra” empezó el año pasado con menos de 10 mil agentes y lo terminó con más de 22 mil.
La campaña de reclutamiento tuvo su propia partida de 100 millones de dólares y se montó sobre frases, símbolos e imágenes asociados con grupos supremacistas blancos (a veces silbatos de perro, muchas veces ladridos). Documentos filtrados por la prensa norteamericana dan cuenta de que estuvo dirigida quirúrgicamente, gracias a herramientas algorítmicas de perfilamiento y geolocalización, para apuntar a determinado grupo demográfico: los buscaban entre miembros de milicias civiles, fanáticos de NASCAR o del UFC, asistentes a rodeos, fetichistas de las armas o la historia militar, consumidores de equipos tácticos. Simultáneamente, y con la excusa de una “emergencia nacional” difícil de justificar, el gobierno de Estados Unidos llevó adelante un plan deliberado de erosión estructural en los estándares de contratación, creando vulnerabilidades críticas en el proceso.
Flexibilizaron los límites de edad, de 18 a 60 años y eliminaron el requisito de título universitario mientras ofrecen bonos de 50 mil dólares al momento de la contratación y salarios muy superiores a los que puede tener una persona sin estudios. Los nuevos reclutas ya no hacen un entrenamiento de seis meses sino de 47 días. De acuerdo a The Atlantic, tres funcionarios explicaron que se tomó esa decisión porque Trump es el presidente número 47. En la revista TIME, un agente actual de ICE con más de veinte años de experiencia se sinceró: "No puedes entrenar a alguien para hacer todas las cosas básicas de aplicación de la ley, y mucho menos la ley. La ley de inmigración solía ser un curso de cinco o seis meses en la academia. ¿Cómo sabes que las personas están aquí legalmente a menos que conozcas la ley? ¿Usas Google?”.
De acuerdo a la CNN, las entrevistas presenciales fueron eliminadas, las verificaciones de antecedentes ya no se exigen como requisito previo sino que ahora la agencia otorga autorizaciones provisionales contra la promesa de completarlas en un plazo y los agentes dan su juramento virtualmente. A posteriori, se descubrió que al menos 200 postulantes aceptados habían fallado pruebas de drogas o tenían antecedentes criminales. Si bien la confirmación visual directa no es posible por el uso generalizado máscaras y la supresión de identificaciones, existen elementos para considerar extremadamente probable la presencia de participantes del Asalto al Capitolio y otros miembros de milicias de ultraderecha entre las patotas que aterrorizan a la población de Minnesota y otras ciudades de Estados Unidos. El DHS no respondió los pedidos de informes del Congreso sobre esa materia.
El capítulo local de los Proud Boys en Toledo, Ohio, reaccionó al anuncio sobre bonos de 50 mil dólares para los reclutas con un mensaje que celebraba “Los Proud Boys de Toledo van a darse la gran vida”. En otros grupos online circularon versiones, nunca confirmadas ni desmentidas, sobre recompensas de 750 dólares por cada inmigrante indocumentado que reporten a las autoridades. El nazi siempre es profundamente buchón y en todo buchón hay un pichoncito de nazi. Hubo al menos cuatro reuniones documentadas entre Tom Homan, el “Zar de la Frontera” de Trump, y Terry Newsome, un destacado miembro de los Proud Boys. Los “Texas Three Percenters” le mandaron una carta al presidente ofreciendo formalmente su asistencia para los planes de deportación masiva. En la práctica, en Texas y Arizona, ya hay milicias armadas patrullando con acuerdo tácito de las autoridades.
3.
Las familias más ricas de Estados Unidos invirtieron en el año electoral de 2024 una cantidad récord de dinero: alrededor de 600 millones de dólares. Por cada dólar que engrosó las cuentas de Kamala Harris, hubo tres para Trump. De esos 600 millones prácticamente la mitad salieron de un sólo bolsillo, el de Elon Musk, que arrimó los 270 millones, casi todo para el candidato con el que hizo campaña. En los doce meses que siguieron al triunfo republicano, los super ricos, familias e individuos con patrimonios superiores a los mil millones de dólares, embolsaron más de un billón y medio de dólares, es decir más de un millón y medio de millones de dólares. Para entender la magnitud sirve cambiar dólares por segundos: un millón son menos de 12 días, mil millones son más de 31 años, la fortuna de Musk equivale a más de 24 mil años y lo que juntaron los supermillonarios sólo en 2025 son 48 mil años.
En la actualidad se calcula que existen unos 800 supermillonarios en Estados Unidos. La mitad de la montaña de plata que se llevaron el año pasado se repartió entre 785 de ellos. Los quince de arriba se quedaron con la otra mitad, más de 700 mil millones de dólares entre todos el último año. Y entre ellos uno solo embolsó 300 mil millones de dólares, casi una quinta parte del total. Es Elon Musk, el hombre más rico del mundo, el más rico de la historia, el principal aportante de la campaña de Donald Trump, el hombre que impulsa con su fortuna y su tecnología al fascismo neoliberal en todo occidente. Hoy tiene más plata que toda la lista de los 400 yanquis más ricos en 1997. Hoy, él y los otros catorce, entre los que hay socios, ex socios, amigos y compañeros de directorio en varias de sus empresas, suman más que toda la lista Forbes de supermillonarios de 2020. Y se está acelerando.
Frenar este proceso y revertirlo es una tarea titánica pero también es la misión más importante y más urgente que tiene la humanidad por delante para seguir siendo dueña de su futuro. Y la única fuerza que existe en el planeta capaz de hacerlo es el pueblo actuando en defensa propia y de sus propios intereses. El nombre de eso, del pueblo actuando en función de sí mismo, es democracia. Democracia no es ir a votar cada dos años, ni tener libertad de prensa, o derecho a huelga, o garantías ante la ley. Todo eso, en cualquier caso, es fruto de la democracia, del gobierno del pueblo para sí mismo. Cuando la gente tuvo voz y poder de decisión se dieron todas esas conquistas, antes no. Y no fueron las únicas: salarios dignos, jornada laboral, vacaciones, derecho a una vivienda, a la salud, la idea misma del ascenso social son fruto de las luchas del pueblo para tener voz y poder sobre su propia vida.
Es absurdo pensar que una cosa se puede separar de la otra. Que el sometimiento va a traernos bienestar o que el imperialismo puede darnos libertad o que el infinito bucle de acumulación que beneficia a los supermillonarios pueden brindar prosperidad y abundancia a la gente de a pie, el empleado, al pequeño comerciante, el dueño de una PyME o al cuentapropista. O que dejar que los nazis sigan adelante con su plan puede tener un resultado distinto a muerte, dolor y destrucción. El fascismo neoliberal contrabandea el puño de hierro del autoritarismo genocida (y un notable apetito por el enriquecimiento ilícito) en el lenguaje tecnocrático de la gobernanza global, que reemplaza a la democracia por otra vía para tomar las decisiones en la que el pueblo, las personas, ya no son sujeto ni objeto, apenas un insumo. Capital humano.
“La democracia no requiere una igualdad social y económica absoluta pero no puede soportar extremos grandes y fijos de riqueza y pobreza porque estos socavan la labor de legislar en común”, escribió la filósofa y politóloga Wendy Brown, reflejando una idea que está presente en el pensamiento occidental por lo menos desde Aristóteles. “Hay muchas teorías o modalidades de democracia -directa, representativa, liberal, socialista, libertaria, republicana, social, anarquista, plebiscitaria, etc.-” pero “como mínimo, una democracia requiere que el pueblo autorice sus propias leyes y decisiones políticas principales, ya sea directamente o a través de representantes electos, y también que participe modestamente en otros poderes no-legales que gobiernan sus vidas” como los sindicatos, el periodismo, o las organizaciones civiles, agrega Brown.
Es momento de organizarse para recuperar lo que nos arrebataron. Ni la vida, ni la libertad, ni el futuro, ni siquiera el derecho a la propiedad privada están en buenas manos cuando gobiernan los nazis. Esas deben ser nuestras banderas. Que cada persona pueda vivir dignamente de acuerdo a sus elecciones, que cuente con los recursos para poder ejercer la libertad a la hora de decidir, que cada persona trabaje sabiendo que el fruto de su esfuerzo le dará una retribución y un futuro mejor para sus hijos, que pueda tener un techo, comer a diario, darse algunos gustos y le sobre algo de tiempo y dinero para dedicarlo al ocio o invertirlo en lo que desee. No podemos ponernos la vara más baja porque nadie va a dar las batallas tan duras que tenemos delante por menos que eso. Un pueblo no lucha por menos que eso: recuperar la voz y el poder de decisión sobre su destino.
Nunca estuvo tan claro como ahora y nunca fue tan urgente la necesidad de una reacción a la altura de las circunstancias. Sólo queda cerrar con las palabras de Guillermo O’Donnell, que hace un cuarto de siglo ya nos advertía: “Cuando hay situaciones muy problemáticas, gravísimos conflictos sociales, económicos y políticos casi todo el mundo se encierra en una visión de corto plazo, focalizada en los detalles, y deja de mirar hacia afuera, al largo plazo, hacia adelante y hacia atrás y de ver experiencias similares en otros lados y épocas que pueden ayudar a entender algunos aspectos de esta crisis. Debemos recordar que esta democracia es nuestra, de una ciudadanía que se ha sacrificado y ha luchado por conseguirla y que los mandatarios son representantes que derivan su autoridad de nuestras luchas, para conducirla hacia su expansión y no hacia su muerte”.
